
Ana Císcar Cebriá
Pero ya es demasiado tarde para volver atrás, 2025
320 x 190 cm, 165 x 155 cm (díptico)
Óleo, esmalte y spray sobre lino
Facultat de Geografia i Història, vestíbulo. Campus de Blasco Ibáñez. Colección de la Universitat de València
Este trabajo forma parte del programa Los valores de la Universitat de València: arte y patrimonio en los campus
Pero ya es demasiado tarde para volver atrás busca establecer un diálogo entre la imagen pictórica y los procesos de construcción del relato histórico. A través de dos lienzos de gran formato, esta propuesta explora cómo las imágenes han participado en la configuración de la memoria colectiva y cómo, a través de gestos de apropiación y montaje, es posible repensar los discursos dominantes y dar espacio a nuevas lecturas críticas.
Uno de los ejes conceptuales es la relación entre la iconoclasia y la resignificación de los símbolos históricos. En este sentido, la obra integra referencias a la retirada de la escultura ecuestre del general Francisco Franco en la actual plaza del Ayuntamiento de Valencia, un evento que no solo alude al pasado dictatorial del país, sino que también plantea preguntas sobre cómo los espacios públicos y los objetos simbólicos son utilizados para construir narrativas oficiales. Este gesto iconoclasta se conecta con un fenómeno global, presente en otros episodios históricos, como la caída de estatuas coloniales o el cuestionamiento de monumentos vinculados a regímenes opresores.
Otro tema central es la relación entre las revueltas estudiantiles de los años sesenta y la memoria de los movimientos sociales. Estas imágenes evocan un momento clave de lucha por los derechos y la transformación social, recordándonos cómo las imágenes documentales de estas protestas han cristalizado en el imaginario colectivo como símbolos de resistencia.
Desde el punto de vista plástico, se destaca el uso del collage como herramienta estructural, subrayando la fragmentación inherente a los procesos de construcción de la memoria histórica, yuxtaponiendo imágenes de archivo, documentos y referencias visuales aparentemente dispares en una composición que invita a la reflexión crítica. En este proceso, la pintura actúa no solo como un vehículo estético, sino también como una herramienta de pensamiento, un espacio donde los relatos oficiales pueden ser desmontados y reconfigurados.
Las piezas no buscan ofrecer una narrativa cerrada, sino abrir interrogantes sobre cómo se construyen y deconstruyen las memorias colectivas, cómo la historia se escribe y reescribe en función de las imágenes que decidimos preservar, resignificar o borrar.
Ana Císcar









