
El proyecto Rosa, niño y abeto toma como punto de partida un extenso ensayo visual que el artista Jesús Martínez Oliva (Murcia, 1969) viene elaborando desde 2018, en el que se recogen algunos apuntes visuales sobre la experiencia y la representación de la homosexualidad en la España de los años veinte y treinta del siglo XX. La exposición concebida para la sala Estudi General espiga a través de cuatro instalaciones algunas de las problemáticas abordadas en dicho ensayo. La muestra nos sumerge en un tiempo pasado, en unos años oscuros en los que la libertad de amar a quien se quisiera era una quimera, a menudo acompañada de actitudes violentas y de comportamientos despreciativos hacia aquellos que contravenían el orden matrimonialista y la imposición de una sociedad dividida en dos únicos géneros (hombre/mujer).
Mediante un conjunto de imágenes y de textos de archivo procedentes de periódicos y libros del primer tercio del siglo XX, de objetos y materiales de época, junto con la presencia de esculturas de reciente creación, el artista nos pone frente al espejo de la historia de España que se aparta de los relatos hegemónicos centrados en las normas heterosexuales. Este encuentro en el archivo con la violencia histórica de nuestro pasado no tan lejano, que alienta el proyecto, cobra especial significación en el momento presente, amenazado por una vuelta a repetir los errores pretéritos.
La exposición traza un recorrido a través de las cuatro secciones que la articulan. En la primera, titulada "La infelicidad", se pretende abordar cómo la desgracia y el sufrimiento fueron ideas asentadas a nivel médico, legal y cultural como algo inherente al sujeto homosexual, ideas que tienen un especial calado en la niñez y la adolescencia.
La segunda lleva por título "Olor a clínica" y en ella se adentra en el proceso de patologización de la homosexualidad mediante la implantación de las teorías médicas y psiquiátricas obsesionadas por clasificar a cada individuo en unas categorías rígidas a la par que se criticaba la indefinición de los sexos frente a la masculinidad y la feminidad pétreas e inamovibles.
En la tercera, "Maricas de las ciudades", se parte de un verso del poema "Oda a Walt Whitman", de Federico García Lorca. El poeta granadino, que tuvo que ocultar sus amores y pasiones, salvo a su círculo de amistades, reprodujo también los estereotipos existentes sobre la homosexualidad cayendo de ese modo en una homofobia internalizada.
Finalmente, la última sección, "El cielo tiene playas donde evitar la vida", incluye una serie de piezas inspiradas en versos de escritores tales como Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Emilio Prados o el mismo Lorca, todos ellos homosexuales. Mediante la fisicidad material y la turgencia de las esculturas se plasma la vitalidad y la permanencia del deseo heterodoxo que emerge pujante a pesar de la opresiva moral que imperaba entonces.
Juan Vicente Aliaga









