Curtmetratge
Cinco de noviembre de 1939, el barco de vapor Massilia desembarca en Buenos Airesdespués de 18 días de travesía desde la ciudad francesa de La Rochelle. A bordo van 384 personas que huyen de la guerra en Europa. La II Guerra Mundial acababa de comenzar y la Guerra Civil Española había terminado en abril de ese mismo año, causando miles de represaliados.Entre otros intelectuales republicanos españoles, el protagonista de este documental es uno de los pasajeros de este barco: Salvador Valverde, escritor, dramaturgo y coplista. Con 45 años dejaba atrás canciones eternas como María de la O y Ojos verdes y un afamado trío de compositores: Valverde, León y Quiroga del cual su nombre sería eliminado y sustituido por Quintero, León y Quiroga.Después de su exilio, cuando se transmite por la radio alguna de sus famosas canciones se dice que es de León y Quiroga.Valverde regresaba en el vapor Massilia al país que, por azar, le había visto nacer. Sus padres vivieron en Argentina 4 años, los mismos que él tenía cuando, por la salud de su padre, decidieron regresar de vuelta a Andalucía, de donde eran originarios.Tras ese exilio Salvador Valverde siempre quiso regresar a España, pero se prometió a sí mismo que no lo haría hasta que muriera Franco. Ya no hubo viaje de vuelta. Murió el 5 de septiembre de 1975, dos meses antes que el dictador.Sus coplas quedaron para siempre en el cancionero popular español, pero pocos saben quien fue su autor ni la historia de su exilio. Artistas conocidísimos como Concha Piquer y Miguel de Molina las hicieron famosas. Eran también sus amigos.Pese al intento de la dictadura por provocar su ‘muerte civil’, Piquer, y otros intelectuales y artistas fueron a visitarlo a Buenos Aires. A Miguel de Molina no le hizo falta, pues compartía exilio con él.También le visitan y trabajan con él en Argentina sin importarles lo que se pueda decir en España, Imperio Argentina, Carmen Amaya, Lola Flores, Carmen Sevilla o Sara Montiel.Este vacío en la memoria de la copla en España fue rellenado tímidamente cuando Sevilla puso su nombre a una plaza en 2003 y en 2007, una placa en la casa donde vivió entre 1929 y 1930. Pero ni los niños que juegan en sus columpios ni sus padres saben quién es él. Y el olvido dura ya más de 45 años porque, incluso tras la llegada de la democracia, por desconocimiento o costumbre, su recuerdo sigue extinguido. (Fuente: ICAA)


