Dos orientaciones para un mismo TFM: el máster incorpora la modalidad profesional y aplicada

  • Jaime Escribano Pizarro
  • 9 julio de 2026
Image de la noticia

Desde el curso 2026-2027, el alumnado podrá realizar un TFM con orientación investigadora o con orientación profesional y aplicada, dos opciones equivalentes en exigencia académica y adaptadas a diferentes objetivos

 

El Máster Universitario en Técnicas para la Gestión del Medio Ambiente y del Territorio de la Universitat de València incorpora en el curso 2026-2027 un nuevo planteamiento para el Trabajo Final de Máster: el reconocimiento explícito de dos orientaciones posibles, una investigadora y otra profesional o aplicada.

Hasta el curso anterior, la guía docente proponía una estructura común construida principalmente alrededor de las preguntas de investigación, las hipótesis, las bases teórico-conceptuales, los resultados y su discusión académica. Aunque ya podían realizarse trabajos con una dimensión aplicada, no existía una diferenciación formal entre orientaciones ni criterios de evaluación específicamente adaptados a la naturaleza de cada producto.

La nueva guía docente reconoce ahora dos maneras igualmente válidas de demostrar las competencias adquiridas durante el máster:

  1. TFM con orientación investigadora, dirigido principalmente a analizar, explicar o interpretar un problema ambiental o territorial.
  2. TFM con orientación profesional o aplicada, dirigido a diagnosticar, resolver, estructurar o mejorar un problema propio del ejercicio profesional.

Lo que cambia, por tanto, no es la exigencia académica del TFM, sino la lógica con la que se plantea el trabajo y el tipo de resultado final que se espera obtener.

 

¿Por qué se introduce esta nueva orientación?

El cambio responde a la diversidad de perfiles, intereses y objetivos profesionales del alumnado, así como al carácter técnico, interdisciplinar y aplicado del máster.

Los contenidos del título no se limitan al conocimiento académico de los procesos ambientales y territoriales. También preparan para elaborar diagnósticos, manejar información geográfica, producir cartografía, evaluar riesgos, diseñar estrategias, analizar políticas públicas, planificar intervenciones y formular propuestas útiles para empresas, administraciones y entidades sociales.

Sin embargo, cuando el TFM se identifica únicamente con una estructura investigadora, algunos trabajos de gran valor técnico pueden verse obligados a adoptar apartados o preguntas que no se corresponden plenamente con su finalidad. Un plan de gestión, un protocolo de evaluación o una propuesta cartográfica no tiene por qué partir necesariamente de una hipótesis científica convencional. Sí debe, en cambio, definir con precisión el problema, justificar las decisiones adoptadas, utilizar fuentes adecuadas, aplicar una metodología transparente y producir resultados técnicamente sólidos.

La incorporación de la orientación profesional o aplicada reconoce formalmente esta realidad y proporciona mayor seguridad al alumnado, al profesorado tutor y a los tribunales. El objetivo es que cada trabajo pueda ser diseñado y evaluado según la naturaleza de su aportación, manteniendo siempre un nivel académico propio de una titulación oficial de máster.

 

La orientación investigadora: comprender, explicar e interpretar

El TFM con orientación investigadora mantiene la opción desarrollada tradicionalmente en el máster. Consiste en un trabajo académico de investigación, análisis o revisión aplicada que profundiza en un problema, proceso, territorio, política o técnica relacionada con la gestión del medio ambiente y del territorio.

Resultará especialmente adecuado cuando el trabajo pretenda:

  • responder una pregunta de investigación;
  • contrastar una hipótesis;
  • explicar un proceso ambiental o territorial;
  • analizar las relaciones entre diferentes variables;
  • interpretar la evolución de un territorio;
  • estudiar críticamente una política, técnica o intervención;
  • o profundizar en una línea susceptible de continuidad académica o doctoral.

Su estructura podrá incluir la introducción y justificación del problema, los objetivos y preguntas de investigación, la metodología y las fuentes, las bases teórico-conceptuales, los resultados, la discusión, las conclusiones y las limitaciones del estudio.

En esta orientación, tendrá especial importancia la capacidad de relacionar los resultados con la literatura académica, construir una interpretación propia y responder de forma argumentada a las preguntas o hipótesis planteadas.

 

La orientación profesional o aplicada: diagnosticar, planificar y proponer

El TFM con orientación profesional o aplicada consiste en elaborar un producto técnico que permita abordar un problema ambiental o territorial mediante conocimientos, técnicas y criterios propios del ejercicio profesional.

Entre los posibles productos se encuentran:

  • un diagnóstico ambiental o territorial;
  • un informe técnico-profesional;
  • un análisis socioambiental aplicado;
  • un análisis territorial mediante SIG;
  • una estrategia de planificación;
  • un plan de gestión;
  • un protocolo de evaluación;
  • una propuesta metodológica;
  • una herramienta de análisis;
  • un proyecto de intervención;
  • una evaluación de un programa o política;
  • un estudio de caso con recomendaciones;
  • o un producto cartográfico orientado a la toma de decisiones.

En lugar de partir necesariamente de una hipótesis, esta orientación puede comenzar con un problema profesional, un encargo técnico o una necesidad de planificación o gestión. La fundamentación puede apoyarse en bibliografía académica, normativa, documentos técnicos, experiencias comparables y metodologías profesionales.

El resultado tampoco tiene que adoptar exclusivamente la forma de conclusiones científicas. Puede concretarse en recomendaciones, medidas, alternativas, criterios de actuación, un protocolo, un plan de acción o una herramienta aplicable a un contexto determinado.

Por ejemplo, podrán desarrollarse trabajos como:

  • la cartografía de la vulnerabilidad ante inundaciones y la formulación de recomendaciones para la planificación local;
  • un diagnóstico ambiental municipal mediante sistemas de información geográfica;
  • una propuesta de infraestructura verde basada en la conectividad ecológica;
  • un plan de movilidad sostenible;
  • un protocolo para evaluar impactos paisajísticos;
  • una metodología para identificar áreas prioritarias de restauración;
  • un análisis de conflictos de uso en un espacio litoral;
  • o un sistema de indicadores para apoyar la gestión ambiental y territorial.

 

No es una modalidad más fácil, sino un producto diferente

La orientación profesional o aplicada no reduce la exigencia del TFM. Tampoco permite sustituirlo por una colección de mapas, una descripción territorial, una memoria de prácticas o un documento elaborado por una empresa o administración.

Todo TFM aplicado deberá demostrar:

  • comprensión y delimitación precisa del problema;
  • fundamentación académica, técnica, territorial, normativa o metodológica;
  • uso crítico de fuentes y datos;
  • metodología explícita y coherente;
  • justificación de las decisiones técnicas;
  • análisis propio;
  • relación clara entre diagnóstico, resultados y propuestas;
  • identificación de limitaciones e incertidumbres;
  • valoración de la viabilidad y de las condiciones de aplicación;
  • y capacidad para explicar y defender el trabajo realizado.

La diferencia es que la calidad no se medirá por la extensión del marco teórico ni por la presencia obligatoria de una hipótesis, sino por la relevancia del problema, la solidez del análisis, la trazabilidad del proceso y la utilidad razonada del producto final.

Un conjunto de mapas, por ejemplo, solo constituirá un TFM si responde a un problema bien formulado, explica las fuentes y los procesos empleados, justifica escalas, variables y ponderaciones, interpreta los resultados y extrae de ellos conclusiones o recomendaciones.

 

¿Cómo se elegirá la orientación?

La orientación deberá acordarse entre el estudiante y el tutor o tutora, atendiendo a la naturaleza del problema, los objetivos perseguidos, las fuentes disponibles, las técnicas necesarias y el producto final que se pretenda elaborar. Cuando corresponda, la decisión podrá someterse a la Comisión de Coordinación Académica.

La elección no estará determinada automáticamente por el itinerario cursado. Tanto en la especialidad ambiental como en la territorial podrán realizarse trabajos investigadores y trabajos profesionales o aplicados.

Tampoco será necesario forzar una clasificación prematura. La delimitación inicial del proyecto permitirá valorar qué orientación se ajusta mejor al trabajo. Si durante su desarrollo se comprobara que otra opción resulta más adecuada, estudiante y tutor podrán revisar el planteamiento antes de la presentación definitiva.

Lo importante será que exista coherencia entre:

  • el problema planteado;
  • los objetivos;
  • la fundamentación;
  • la metodología;
  • los resultados;
  • el producto final;
  • y la rúbrica utilizada para evaluarlo.

 

Dos rúbricas adaptadas y una misma estructura de calificación

La incorporación de las dos orientaciones viene acompañada de dos rúbricas específicas de evaluación. La rúbrica investigadora valora especialmente el problema de investigación, los objetivos o hipótesis, el diseño metodológico, el uso crítico de la literatura, los resultados, la discusión, la interpretación y las conclusiones. La rúbrica profesional o aplicada presta una atención específica a la identificación del problema o necesidad profesional, la fundamentación técnica o normativa, la trazabilidad de las decisiones, la calidad del diagnóstico o producto, la coherencia de las recomendaciones y su viabilidad y transferibilidad.

Las dos mantienen exactamente la misma estructura general de calificación:

  • 60 %: trabajo presentado;
  • 20 %: exposición y defensa pública;
  • 20 %: informe del tutor o tutora.

Por tanto, ningún estudiante obtendrá ventaja por escoger una orientación determinada. Cada trabajo será evaluado con criterios adecuados al tipo de producto presentado, pero con el mismo nivel global de exigencia.

 

Una innovación construida desde la experiencia del máster

La nueva organización es el resultado del proyecto de innovación docente INNOVA-TGMAT, desarrollado durante tres cursos para analizar las dificultades asociadas a la elaboración y finalización de los TFM.

El proceso incluyó el diagnóstico del problema, una consulta al profesorado tutor, el análisis de alternativas y la deliberación de la Comisión de Coordinación Académica. Los resultados aconsejaron no identificar la mejora únicamente con un aumento de créditos, sino actuar sobre la claridad del formato, la delimitación del trabajo y la adaptación de la evaluación a la diversidad real de productos.

La Comisión de Coordinación Académica aprobó por unanimidad el 8 de julio de 2026 la nueva guía docente y sus tres documentos complementarios: una guía para la tutorización de TFM profesionales o aplicados y las dos rúbricas de evaluación.

Con este cambio, el máster reconoce formalmente dos formas complementarias de demostrar las competencias adquiridas: investigar para comprender y explicar el territorio, o aplicar el conocimiento para diagnosticarlo, planificarlo y contribuir a su transformación.