Juan Víctor Molner Polit, Universitat de València; Juan Miguel Soria Garcia, Universitat de València; Manuel Eduardo Muñoz Colmenares, Universitat de València y Noelia Campillo Tamarit, Universitat de València
A primera vista, la Albufera de Valencia parece una postal inmutable de aguas dulces, cañaverales y campos de arroz infinitos. Sin embargo, bajo la superficie se esconde una paradoja geológica e histórica: su "estado natural" actual es, en realidad, un artificio humano, un embalse dulce controlado construido sobre un pasado originariamente salobre.
Las compuertas que fluían al revés
A finales de agosto de 2026, empezó a circular por las redes sociales un vídeo grabado por barqueros locales dentro de los canales de la Albufera. En las imágenes se observaba un flujo de origen marino entrando hacia el interior del lago. "Esto es el control que hay", exclamaban con indignación, aludiendo a un descontrol de las compuertas (las gargantas) por parte de la administración.
Dos barqueros de la Albufera, sorprendidos por el posible meteotsunami en Valencia.
Pero la física de ese fenómeno responde a dinámicas atmosféricas que van mucho más allá de la gestión diaria. Lo que los barqueros presenciaron fue un meteotsunami (conocido popularmente como “rissaga”), un fenómeno real de origen atmosférico que afectó al litoral valenciano entre el 24 y el 28 de agosto de 2026.
Intercambio de agua dulce y salada
Este fenómeno, lejos de ser una anomalía, es una lección de geología que nos recuerda al funcionamiento estuariano original de la Albufera. Como ocurre con el resto de lagunas costeras del Mediterráneo –desde el Mar Menor hasta Venecia, lagunas del Adriático o de Grecia–, estos ecosistemas son, por definición, zonas de transición. Son espacios de frontera en los que el intercambio de agua dulce y salada es un proceso natural, dinámico y ecológicamente vital para mantener su salud ambiental original.
Además, durante el verano de 2026, las gargantas estuvieron abiertas durante más de un mes. El objetivo: propiciar la renovación de las aguas estancadas. Sumado a la falta de lluvias y de aportes fluviales de ríos como el Júcar, la evaporación estival hizo que la conductividad y salinidad del lago se duplicaran respecto a la primavera.
Gráfico de dispersión de las 339 medidas de conductividad (una medida indirecta de la salinidad) realizadas en la Albufera desde 2021 hasta la actualidad. Se ve cómo el patrón es estacional, donde la conductividad alcanza sus máximos en los momentos de mayor conectividad con el mar, pero los valores actuales son los más altos de la serie. Elaboración de los autores a partir del registro de datos del grupo de investigación de Limnología de la Universitat de València
Esta apertura de compuertas volvió a encender el clásico doble conflicto social. Por un lado, al abrir las gargantas, los vecinos de playas como El Perelló protestan por la aparición de grandes manchas de agua verde en el borde de baño, como se aprecia en la imagen de abajo. Por otro lado, saltan las alarmas de los agricultores, que temen que la salinización arruine la viabilidad de la cosecha del arroz.
Captura del satélite Sentinel-2 del 30 de agosto de 2026, donde se ve la salida de agua de la Albufera hacia el mar, formando una mancha frente a las playas. Browser.dataspace.copernicus.eu
El secreto medieval del Saler es rosa
Para comprender este pasado salobre no es necesario recurrir únicamente a la ciencia; basta con mirar el mapa y la etimología de sus pueblos. Justo donde se ubica la gola de Pujol y donde se declaró el reciente incendio forestal, se encuentra el pueblo del Saler. Su nombre no es casualidad: en valenciano significa literalmente “la salina”.
Tras la conquista de Valencia, el rey Jaime I de Aragón se reservó, mediante un privilegio real otorgado a Morella en 1250, los ingresos y el control de la producción de sal en la Albufera. Las investigaciones del geógrafo Vicenç M. Rosselló sitúan estas salinas medievales en la restinga dunar, concretamente en la actual zona del Racó de l'Olla, donde hoy se encuentra el centro de información del Parque Natural de la Albufera.
Como testimonio de este pasado salino, en la actualidad existe en el mismo Racó de l'Olla una pequeña laguna artificial polihalina que, a veces, se tiñe de un llamativo color rosa. Este curioso fenómeno se debe a los pigmentos de las bacterias púrpura del azufre, unos microorganismos que proliferan extraordinariamente en verano cuando la intensa evaporación del sol vuelve el agua hipersalina.
Captura del satélite Sentinel-2 del día 7 de septiembre de 2023 donde se ve la laguna hipersalina del Racó de l'Olla. From browser.dataspace.copernicus.eu
El cambio de salinidad
¿Cuándo se transformó esa laguna salada en un lago dulce? El cambio drástico se inició a mediados del siglo XVIII con la prolongación de la Sèquia Reial del Xúquerhasta Albal, que introdujo grandes aportaciones de agua fluvial para inundar el marjal. Ese fue el paso histórico que marcó la transición de la conocida transición de la conocida como “Albufera dels pescadors” a la “Albufera dels agricultors”.
Esta transformación agrícola se consolidó definitivamente en 1865, cuando la reina Isabel II transfirió la propiedad de la Albufera al Estado en plena crisis económica. Esto desató una colonización del marjal donde los agricultores redujeron en más de 5 000 hectáreas la superficie de lago abierto para plantar arroz.
Para proteger el arroz de la dañina sal, se instalaron compuertas mecánicas en las golas y se cortó la entrada de mar. La Albufera dejó de ser un estuario dinámico para convertirse en un embalse dulce controlado por el calendario agrícola del arrozal. Los agricultores repiten a menudo un aspecto clave: sin esa gestión artificial de las golas, el cultivo del arroz hoy en día sería del todo inviable, al menos en las tierras bajo el nivel del mar.
Formación Histórica de la Albufera de Valencia. Confederación Hidrográfica del Xúquer (CHX)
Superar la trampa del agua dulce
El estudio paleolimnológico del registro de sedimentos –revelado por el análisis geoquímico de las conchas de pequeños crustáceos atrapadas en el fondo del lago– demuestra científicamente que la Albufera ha sido un sistema salobre durante milenios.
La guerra del agua entre los sectores conservacionista y agrario no puede resolverse con debates sobre las compuertas. Sin embargo, teniendo en cuenta los futuros escenarios de cambio climático, caracterizados por una severa reducción de caudales dulces y el aumento de las temperaturas, seguir forzando este modelo de embalse es un camino sin salida.
Seguramente, devolverle parte de la antigua superficie al lago y aumentar la conexión con el mar sea la única solución real a largo plazo para evitar que el estado de “sopa verde” de la Albufera sea crónico. Entender que la Albufera es geológica e históricamente una laguna costera conectada al Mediterráneo es vital para diseñar una gestión del agua científica y adaptada al siglo XXI.
Juan Víctor Molner Polit, Predoctoral Researcher, Universitat de València; Juan Miguel Soria Garcia, Profesor de Ecología, Universitat de València; Manuel Eduardo Muñoz Colmenares, Posdoctoral Researcher, Universitat de València y Noelia Campillo Tamarit, Investigadora No Doctora PIF, Universitat de València
Aquest article va ser publicat originalment a The Conversation. Llegiu l’ original.