¿El cambio climático comporta más migración? Y por qué los investigadores no pueden ponerse de acuerdo en los datos

22 de junio de 2026

Stanley Dullea/Shutterstock

Alexis Cloquell Lozano, Universidad Católica de Valencia; Beatriz Felipe Pérez, Universitat Rovira i Virgili; Joan Lacomba Vazquez, Universitat de València y María Isolda Perelló Carrascosa, Universitat de València

Las imágenes de familias desplazadas por inundaciones, sequías prolongadas o tormentas extremas se han convertido en una característica inquietantemente habitual en las noticias diarias. A medida que se intensifica el impacto del cambio climático, también sube la preocupación por sus efectos en la movilidad humana. Los continuos cambios en el clima mundial suscitan ahora una pregunta destacada y aparentemente sencilla: ¿hasta qué punto el cambio climático provoca migración?

La respuesta no es, ni mucho menos, sencilla.

En las últimas décadas, la relación entre el cambio climático y la migración se ha convertido en un campo de investigación activo y dinámico. Pero, lejos de producir una visión unificada, el tema sigue plagado de grandes discrepancias conceptuales, metodológicas y políticas.

Nuestro nuevo proyecto de investigación, publicado en la revista Papers, pretende comprender mejor la discordancia. Para llevar a cabo nuestro estudio, hemos entrevistado por primera vez a expertos internacionales en el campo de las migraciones, el cambio climático, la cooperación al desarrollo, el derecho y las políticas públicas. A continuación, se han analizado los resultados utilizando la técnica Delphi, un método diseñado para identificar niveles de consenso entre especialistas.

Los resultados dibujan una imagen tan reveladora como inquietante. A pesar del creciente interés académico y político por la movilidad inducida por el clima, existe todavía un consenso limitado sobre algunas de las cuestiones fundamentales que le rodean.

¿El clima desplaza a la gente?

Durante años, la discusión se ha polarizado entre dos posiciones: que el cambio climático era causa directa de grandes desplazamientos de población o que sólo actuaba conjuntamente con otros elementos económicos, sociales o políticos.

Hoy en día, la mayoría de los especialistas parecen mantener una posición ubicada en algún punto entre estos dos extremos. Aunque los acontecimientos climáticos extremos (como huracanes, inundaciones e incendios) pueden causar desplazamientos inmediatos claramente identificables, existen procesos más lentos (como la desertificación, la degradación del suelo y la paulatina pérdida de los recursos hídricos) que tienden a entrecruzarse con otras vulnerabilidades preexistentes. El resultado es que resulta difícil trazar una relación singular de causa y efecto.

Nuestra investigación con método Delphi confirma esta tendencia. Todos los expertos consultados en el estudio consideran el cambio climático un factor adicional que integra otras causas de la migración, en lugar de ser un elemento aislado que pueda explicar por sí mismo los movimientos de la población.

Does climate move people?

For years, discussion was polarised between two positions: that climate change was a direct cause of major population displacements, or that it only acted alongside other economic, social, or political elements.

Today, most specialists seem to hold a position somewhere between these two extremes. Although extreme climate events (such as hurricanes, floods and fires) can cause immediate, clearly identifiable displacements, slower processes (like desertification, soil degradation, and gradual loss of water resources) tend to intersect with other pre-existing vulnerabilities. As a result, it is difficult to map out a singular cause-and-effect relationship.

Our Delphi investigation confirms this trend. All the experts consulted in the study regard climate change as an additional factor that compounds other causes of migration, as opposed to an isolated element that can explain population movements by itself.

La migración interna es el primer recurso

Una de las conclusiones más sólidas de la bibliografía científica es que la mayoría de desplazamientos relacionados con el clima se producen dentro de las fronteras nacionales. Las personas que se desplazan por motivos climáticos suelen ir de las zonas rurales a las ciudades oa otras regiones del mismo país en lugar de emprender migraciones internacionales de larga distancia.

Esto, en términos de investigación, suscita un reto. La falta de definiciones compartidas y de buenos sistemas estadísticos implica que no hay forma de medir con precisión cuántas personas migran internamente por razones relacionadas con el clima o exactamente qué caminos siguen.

Además, la falta de consenso sobre la definición de conceptos como “migrante climático” y “refugiado climático” sigue dificultando tanto la investigación como el diseño de políticas públicas.

¿Adaptación o supervivencia?

Otro tema muy debatido es si la migración puede entenderse como una estrategia para adaptarse al cambio climático.

Algunas organizaciones internacionales han argumentado que el desplazamiento puede ser una forma eficaz de gestionar los riesgos ambientales. La migración permite a la gente diversificar sus ingresos familiares y acceder a nuevas oportunidades económicas, al tiempo que reduce la presión sobre territorios cada vez más vulnerables.

Pero ese punto de vista también tiene a sus críticos. Muchas personas no desean dejar la tierra con la que tienen lazos culturales, familiares y comunitarios. No todas las migraciones son voluntarias, ni todas están planificadas.

Los hallazgos del estudio apuntan precisamente en esa dirección. Para los expertos entrevistados, la migración puede ser una estrategia adaptativa cuando el migrante tiene capacidad de decisión, recursos y plan.

Ahora bien, en muchos casos se trata simplemente de una estrategia de supervivencia, la única alternativa disponible cuando las condiciones de vida se vuelven insostenibles. La distinción es importante. Nos confronta con que, para millones de personas, la movilidad no es una oportunidad, sino una respuesta forzada a la pérdida de medios de subsistencia.

Políticas públicas: todo palabras, nada de coordinación

Las políticas públicas son el ámbito en el que el consenso es especialmente flojo.

Aunque la movilidad climática ocupa un lugar destacado en las agendas internacionales, todavía no existe un marco global que ofrezca una respuesta coherente y coordinada. Existen instrumentos como el Pacto Mundial sobre las Migraciones y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que han incluido parcialmente estos problemas en las hojas de ruta, pero su impacto en el mundo real es limitado.

Nuestra investigación con método Delphi muestra que los especialistas priorizan la integración de la justicia climática en las políticas de cooperación al desarrollo. También están de acuerdo en que las políticas de cooperación al desarrollo deberían orientarse a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más vulnerables ya fortalecer su capacidad de adaptación.

Sin embargo, los expertos señalan una clara contradicción. Las políticas en materia de migración, comercio, agricultura y pesca tienden a desvincularse e incluso pueden entrar en conflicto con los objetivos de desarrollo sostenible que la cooperación internacional se esfuerza por promover. Esta falta de coherencia política limita su capacidad de responder al fenómeno cada vez más acuciante de la migración impulsada por el clima.

Un reto tanto para la ciencia como para la política

Nuestra principal conclusión es que, tanto desde el punto de vista científico como político, la investigación sobre la movilidad climática sigue siendo un trabajo en curso. La falta de definiciones compartidas, la escasez de datos comparables y la dificultad de integrar perspectivas de distintas disciplinas explican gran parte de la divergencia.

Pero en medio de esa falta de claridad, los efectos del cambio climático se intensifican. El resultado: las transformaciones ambientales van superando las decisiones políticas que podrían salvaguardar el bienestar y los medios de vida.

Es esencial que tengamos una mejor visión de quién está desplazado, por qué y qué respuestas institucionales pueden garantizarle sus derechos. Esto no es sólo para anticiparse a los futuros movimientos de población, sino también para asegurar que las personas obligadas a emigrar no quedan atrapadas en vacíos legales y políticos que todavía están muy lejos de resolverse

Alexis Cloquell Lozano, Profesor Sociología. Cátedra Caixa Popular para el estudio de los desafíos sociales y la vulnerabilidad., Universidad Católica de Valencia; Beatriz Felipe Pérez, Investigadora asociada al Centro de Estudios de Derecho Ambiental de Tarragona, Universitat Rovira i Virgili; Joan Lacomba Vazquez, Profesor Departamento de Trabajo Social, Universitat de València y María Isolda Perelló Carrascosa, Investigadora Doctora Sénior, Universitat de València

Este artículo se publicó originalment enThe Conversation. Lea eloriginal.

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