‘Els parlars valencians’, el ‘best-seller’ sobre diversidad lingüística

  • 30 de noviembre de 2017
 

Anna Boluda

Entre las personas valencianoparlantes no es difícil encontrar aficionadas a comparar palabras y expresiones de varias procedencias. Son aquellos que a menudo preguntan: “¿Eso en tu pueblo cómo se dice? Pero pocos llegan al nivel de Vicent Beltran Calvo y Carles Segura-Llopes, coautores del libro Els parlars valencians, editado por el Servicio de Publicaciones de la Universitat de València y que describe de manera muy exhaustiva la riqueza lingüística del catalán a lo largo del País Valenciano

Vicent Garcia Perales, Carles Segura-Llopes, Maite Simón, Vicent Beltran y Emili Casanova.

 

El volumen, publicado hace solo unas semanas, ha sido todo un éxito de ventas (para lo que suelen registrar este tipo de publicaciones): la primera tirada se agotó en unos días, fue el libro más vendido en la pasada Plaça del Llibre de València y ya está en marcha la segunda reimpresión para dar respuesta a la demanda. Las redes sociales también se han hecho eco de ello, sobre todo de los mapas que se incluyen en el libro y que ilustran de manera muy gráfica las diversas variaciones de algunas palabras. 

Décadas de recogida de datos
Los autores empezaron, en paralelo y sin conocerse, a anotar palabras en libretas ya desde niños, uno en Callosa d’en Sarrià y el otro en Alicante. “Los dos estimamos mucho nuestra lengua y nuestro país, y a los dos nos gusta muchísimo la diversidad lingüística. Ya de pequeños preguntábamos a los padres, a los abuelos o a los compañeros de clase para ver cómo decían las cosas. Años más tarde los dos estudiamos Filología Catalana, con un curso de diferencia, y nos conocimos al acabar la carrera, ahora hace veinticinco años. Des de entonces hemos compartido el interés por el tema”, explica Carles Segura-Llopes. Actualmente los dos coautores son profesores titulares del Departamento de Filología Catalana de la Universidad de Alicante. 

Durante todos estos años han realizado entrevistas a miles de personas, algunas de hasta 2.500 preguntas y otras de poco más de 200 (las que ya habían identificado como más significativas). Los informantes son personas de más de 70 años, “hijos y nietos de cada pueblo, y a poder ser que no hayan salido demasiado para evitar contaminaciones lingüísticas”, indica Vicent Beltran Calvo. Es el procedimiento habitual en dialectología, porque el objetivo es identificar el habla tradicional, las formas heredadas.

La metodología de estudio se ha basado, sobre todo, en pedir a los informantes que identificaran y pusieran nombre a imágenes “para no influir en la respuesta, porque si nos basamos en definiciones o proponemos posibles alternativas condicionamos el resultado”. 

Del sur al norte
Todos estos datos, que usaron para sus tesinas, tesis doctorales y varios estudios posteriores, han sido la base fundamental para publicar ahora Els parlars valencians. “Teníamos muy estudiada la parte del sur, y al plantearnos abarcar todo el País Valenciano hemos tenido que completar los datos del centro y del norte. Al final hemos llegado a cerca de trescientos pueblos en total, y donde no hemos podido llegar hemos aprovechado también estudios locales ya publicados”, dice Vicent Beltran Calvo. 

Un libro para todos los públicos
El libro, tal y como refleja su acogida, tiene interés mucho más allá del ámbito puramente académico. “De entrada pensamos en hacer un libro divulgativo, pero finalmente lo hemos dirigido a varios tipos de público. Los primeros capítulos se han pensado para un público menos experto, un segundo bloque profundiza un poco más en las variedades lingüísticas y un tercer capítulo es más estrictamente filológico para quien tenga un interés más académico”, detalla Carles Segura-Llopes. 

Es decir, cualquier persona interesada puede encontrar en el libro información muy explicada sin necesidad de tener conocimientos teóricos de dialectología. La obra solo describe las variantes, no entra a explicar la motivación de cada una, “porque esto daría para unos cuantos libros más”. 

La buena acogida ha sorprendido a los autores y, según Vicent Beltran Calvo, se explica porque “hay mucha gente que ha recobrado la autoestima, que ha pasado de avergonzarse de su manera de hablar a sentirse orgullosa de cómo lo hace. Esto, sumado a las redes sociales, ha conseguido un alcance que no nos esperábamos”. 

Los mapas de las palabras
Precisamente en las redes sociales se han compartido y comentado los mapas que conforman la parte más visual del libro. Los dos autores son unos grandes amantes de la geografía y de las representaciones en mapas, y siempre que pueden los utilizan para mostrar las variedades lingüísticas de manera muy gráfica. En Els parlars valencians se han incluido más de cincuenta, que ilustran la extensión territorial de varias expresiones y palabras concretas. 

Algunos de los mapas permiten apreciar de un solo vistazo la gran diversidad de algunas palabras, como por ejemplo en el caso de las rosas de panizo o de maíz, con una docena larga de sinónimos diferentes (bufes, monges, flors, borles, xufes) en poblaciones incluso de una misma comarca. “No es un caso único”, dice Vicent Beltran Calvo. “Los nombres de pájaros, de plantas y de insectos, por ejemplo, dan mucho juego, son campos semánticos muy creativos. Son palabras que crea cada pueblo y no suelen intercambiarse, porque no acostumbran a ser tema de conversación en otros lugares”. 

Un hecho muy interesante es que hay muchos mapas que parecen simétricos, con similitudes claras entre el norte y el sur: “El valenciano de más al centro dice una cosa, y el de más al norte y el de más al sur dicen lo mismo, coinciden a pesar de estar tan lejos. Esto, en un país tan alargado, es muy bonito y une mucho. Se explica, por cierto, porque Valencia fue un centro de irradiación de innovaciones lingüísticas. Estas nuevas palabras llegaban hasta cierto punto, pero los hablantes de más al norte y de más al sur quedaron al margen de esta influencia y han mantenido las formas más arcaicas, que todavía coinciden”, dice Carles Segura-Llopes.  
 

 

 

 

 

 

Estimar la lengua: el objetivo final del libro
Algunas personas, al explicarles que lo que queríamos era estudiar la forma de hablar del pueblo, no entendían nuestro interés y nos remarcaban que allí se hablaba mal. Es una respuesta muy triste que indica un gran prejuicio sobre la propia forma de hablar, pero precisamente nuestras entrevistas servían también para reforzar la autoestima de la gente, apreciando las palabras bonitas o peculiares que nos decían, por ejemplo. Y acababan las entrevistas satisfechos y más orgullosos de su propia habla que antes. De hecho, este es el objetivo fundamental del libro: que la gente se dé cuenta de que su forma de hablar es igual de buena que cualquier otra, y que a pesar de que en situaciones formales hay que renunciar a algunas cosas, tenemos que valorar lo que hablamos. Hay que adecuarse a cada contexto, pero no tachar como incorrectas las variantes dialectales. Así, además, estimaremos más nuestra lengua y la utilizaremos más”, concluye Carles Segura-Llopes.

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