Rubén Salvador Clavell, Universitat de València
El cambio climático ya no es un aviso del futuro, es una realidad innegable. Y el aumento de las temperaturas no solo se nota en tierra firme: bajo las olas, se está produciendo un efecto dominó con cambios microscópicos invisibles.
Un claro ejemplo es lo que está ocurriendo con las comunidades de bacterias del mar Mediterráneo. Esta microbiota marina natural es fundamental para mantener la calidad del agua, pero a medida que las temperaturas se disparan, nuestro mar se está calentando hasta alcanzar niveles más propios de zonas subtropicales.
Esto es un problema creciente, no solo porque las especies autóctonas podrían desaparecer, sino porque abre la puerta a la llegada de microorganismos marinos hasta ahora desconocidos en nuestras costas.
El mito de la bacteria “come-carne”
“¡Alarma en la costa mediterránea por la bacteria come-carne!”.En las últimas semanas se han publicado muchas noticias con titulares como el anterior. Aunque son puro sensacionalismo, esconden una parte de verdad. Esta famosa “bacteria come-carne” es en realidad Vibrio vulnificus, una bacteria marina que habitualmente infecta a peces, pero que tiene la capacidad de dar el salto a los seres humanos, lo que en microbiología se denomina como zoonosis, y causarles enfermedad. Pero, ¿de dónde viene todo este revuelo mediático?
Por un lado, a esta bacteria le encantan los entornos salobres (donde el agua dulce se mezcla con el mar). Por eso, suele vivir en lagunas costeras y estuarios donde la salinidad se mantiene por debajo de los 25 gramos de sal por litro. Por otro, a Vibrio vulnificus también le fascina el calor, por lo que históricamente su hogar han sido los mares tropicales y subtropicales.
El problema es que, impulsados por el calentamiento del agua, los científicos han detectado y aislado esta bacteria en el Parque Natural de l'Albufera de València y, lo que es más preocupante, en la costa mediterránea cercana, cuyos valores de salinidad son muy superiores a los óptimos para su crecimiento y desarrollo. Llegados a este punto, ¿está justificada la alarma social?
La sal como escudo natural
La respuesta rápida es no. Aunque el aumento de las temperaturas juega a favor de la bacteria, el Mediterráneo juega con una gran ventaja: es un mar excepcionalmente salado, con unos 35 gramos por litro. Por lo tanto, aunque es cierto que Vibrio vulnificus está presente, este patógeno sobrevive en proporciones muchísimo menores en comparación con otras bacterias que sí están perfectamente adaptadas a la alta salinidad de estas aguas y forman parte de su microbiota natural.
Sí es verdad que la velocidad de actuación y agresividad de esta bacteria son extremas. Cuando entra por una herida abierta o al ingerir marisco crudo o mal cocinado, Vibrio vulnificus destruye los tejidos celulares velozmente, provocando necrosis (de ahí el nombre de “come-carne”). Pero el peligro real se da si llega al torrente sanguíneo: puede causar una infección sistémica grave, fallo multiorgánico y la necesidad de amputaciones de las extremidades —donde suele acumularse—. En personas de grupos de riesgo, la mortalidad ronda el 30% y puede llegar a ser letal en tan sólo 24-48 horas.
Precauciones básicas para un baño seguro
Aunque el mar Mediterráneo es demasiado salado para la bacteria, el incremento de la temperatura del agua es un hecho innegable. Esto hace que no debamos ignorar el sentido común antes de darnos un chapuzón. Es recomendable evitar el contacto con el agua del mar si se tienen heridas abiertas o tatuajes recién hechos, o si se pertenece a un grupo de alto riesgo, como personas con problemas de hígado (cirrosis o hepatitis), diabetes, sistemas inmunitarios debilitados o hemocromatosis (exceso de hierro en la sangre).
Este consejo no es exclusivo para protegerse de Vibrio vulnificus, sino de cualquier otro microorganismo que viva de forma natural en el mar. Porque esa frase que escuchamos habitualmente de “el agua de mar cura”, es un mito muy peligroso.
Para el o la bañista promedio, disfrutar de la playa sigue siendo totalmente seguro. Mientras que la alta salinidad del Mediterráneo actúa como un escudo natural contra brotes masivos, la presencia de esta bacteria es un claro recordatorio de cómo el cambio climático está reescribiendo, en silencio, las reglas de nuestros ecosistemas marinos. En un mundo cada vez más cálido, tener un poco de precaución extra con los grupos vulnerables es, simplemente, una forma inteligente de adaptarnos a nuestro nuevo entorno.
Rubén Salvador Clavell, Investigador postdoctoral en Microbiologia, Universitat de València
Este artículo se publicó originalmente enThe Conversation. Lea eloriginal.