La cicatriz del incendio del Saler y por qué no debemos preocuparnos por la quema de la paja del arroz

4 de septiembre de 2026

El incendio de la Devesa del Saler de agosto de 2026. RTVE

Juan Víctor Molner Polit, Universitat de València; Juan Miguel Soria Garcia, Universitat de València; Manuel Eduardo Muñoz Colmenares, Universitat de València y Noelia Campillo Tamarit, Universitat de València

El pasado 27 de agosto de 2026, un incendio forestal afectó a 31,38 hectáreasen la gola de Pujol, en el corazón de la Devesa del Saler, antes de ser controlado gracias a un rápido despliegue de extinción. El suceso, de origen intencionado según las líneas de investigación de la Guardia Civil, ha despertado el interés sobre cómo evaluamos estas heridas desde el espació y cuál es la relación real del suceso con la gestión del Parque Natural.

Los ojos del espacio

Para evaluar el impacto real del fuego, la teledetección espacial se ha convertido en una herramienta indispensable. Mediante el Índice de Vegetación y las composiciones infrarrojas, satélites comoSentinel-2 o Landsat permiten perfilar con precisión la “cicatriz” del fuego sobre la vegetación.

Composició en fals color infraroig satel·litària del 29 d'agost de 2026. La zona atenuada correspon amb la part cremada. Browser.dataspace.copernicus.eu

Esta perspectiva nos permite hacer comparaciones históricas de peso. El incendio más grande registrado en la Devesa tuvo lugar julio de 1986, el mismo mes en que lala Generalitat Valenciana aprobó formalmente —el 23 de julio de 1986— la declaración de la Albufera y su entorno como Parque Natural, cifrado oficialmente en 35 hectáreas. Sin embargo, al procesar las imágenes del histórico satélite Landsat 5 con la plataforma SNAP de la Agencia Espacial Europea, nuestro equipo ha estimado que el área quemada real rozó las 40 hectáreas. Este desajuste refleja los límites de la tecnología dels siglo pasado: Landsat 5 operaba con píxeles de 30 metros, lo que genera elconocido efecto “de borde” (Border Noise) o píxeles sin valor.

Además de registrar el pasado, la teledetección nos revela una Devesa bajo presión constante, con incendios en 1995, 2000, 2005 y 2008. El registro satelitario de la última década ha detectado una acumulación silenciosa de cicatrices: 6 hectáreas calcinadas el 17 de agosto de 2015, pasando por la hectárea dispersa del verano de 2023, las 16 hectáreas quemadas en el grave incendio del 29 de octubre de 2023 y hasta las 14 hectáreas destruidas el 12 de febrero de 2024.

Las cicatrices acumuladas son un indicador ecológico clave porque revelan zonas de vulnerabilidad recurrente, patrones espaciales de propagación del fuego y ritmos de recuperación, especialmente críticos en ecosistemas dunares, donde la regeneración es lenta.

La ley frente al fuego: emergencia versus preemergencia

A raíz del incendio de Pujol, ha surgido en la opinión pública la preocupación de si ese incidente podría interferir o forzar modificaciones en el calendario de las quemas agrícolas. La normativa autonómica del Plan Especial frente al Riesgo de Incendios Forestales (PEIF) establece que sólo bajo la Preemergencia de Nivel 3 (riesgo extremo, decretado por oleadas de calor o fuertes vientos de poniente, como ocurrió del 6 al 9 de julio de este verano) se prohíbe automáticamente cualquier uso del fuego, incluida la quema agrícola de la paja de arroz, en un rádio de 500 metros de zona forestal.

El incendio de agosto obligó a activar la Situación de Emergencia de Nivel 2 del PEIF para incorporar la Unidad Militar de Emergencias (UME). Sin embargo, es necesario distinguir esta situación de Emergencia (vinculada a la extinción de un fuego cuando estaba activo) de la Preemergencia preventiva, que es de carácter meteorológico.

La realidad en estos momentos es que el incendio de agosto, ya controlado, no tiene por qué interferir en la planificación agrícola. El único factor legal que podría suspender las quemas en otoño sería la activación de la Preemergencia de Nivel 3, una situación extrema que de momento no se prevé: si las condiciones meteorológicas se mantienen normales, la planificación ordinaria de las quemas seguirá estrictamente su calendario habitual.

El calendario de la paja del arroz

Algunos medios de comunicación han avanzado que la siega empezará a mediados de septiembre, pero la realidad es que la fecha de siega es variable y depende de la fenología o fases fisiológicas del cultivo.

La teledetección permite estimar cuando comienza la siega observando cambios espectrales asociados a la maduración del grano y a la entrada de maquinaria. En años recientes, la siega comenzó entre el 15 y el 25 de septiembre (2023), en torno al 20 de septiembre (2024) y en la tercera semana de septiembre (2025).

Una variable fundamental para estimar la siega es la fecha de inundación, ya que el ciclo del cultivo dura aproximadamente 150 días desde la inundación hasta la siega. Las fechas de inundación de los últimos años han sido: 25 de mayo (2021), 14 de junio (2022), 20 de mayo (2023), 19 de mayo (2024), 30 de mayo (2025) y 24 de mayo (2026). Teniendo en cuenta este patrón y la fenología, la teledetección permite estimar que este año la siega será apreciable en torno al 25 de septiembre. De hecho, a primeros de septiembre de 2026 el arroz de la Albufera todavía está sembrado y verde. Aún así, también hay que considerar las variedades cultivadas: Bahia o Sénia tienen ritmos de maduración diferentes respecto a variedades como Bomba, afectando a la fecha final de siega.

Respecto a la gestión de la paja, el sector y la administración tienen como objetivo coordinar las quemas para evitar la descomposición masiva de la paja bajo el agua, un fenómeno que en 2025 provocó anoxia (aguas negras) y mortandad de peces en el lago.

Por lo que respecta a este fenómeno, la imagen de abajo muestra dos huellas visuales de la anoxia: el negro y el blanco. Las aguas negras de los canales se deben al sulfuro de hierro: cuando la paja del arroz se pudre sin oxígeno, bacterias sulfatoreductoras generan sulfuro de hidrógeno —el gas del olor a huevos podridos— que reacciona con el hierro del barro y forma un mineral negro. Las manchas blancas en los arrozales, en cambio, son azufre elemental: cuando este gas sube a la superficie y toca el aire, otras bacterias la oxidan parcialmente y se deposita en forma de microgránulos que crean una película de color blanco de yeso.

Composició del fals color millorat satel·litària del 2 novembre de 2025 a la part sud-oriental del llac (prop del Palmar). From browser.dataspace.copernicus.eu

Para concluir, la teledetección continuará evaluando la recuperación del bosque de la Devesa, así como el ciclo del arroz en el Parque Natural, pero su futuro depende de desvincular los hechos accidentales o las percepciones sociales de la planificación ordinaria, asegurando una coordinación administrativa tranquila y siempre guiada por el rigor científico.

Este artículo se publicó originalmente enThe Conversation. Lea el original.

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