El genoma récord de un helecho más largo que el Micalet, hormigas miocenas orbitando por el espacio y la cura definitiva de enfermedades genéticas: algunas reflexiones sobre la evolución
La Universitat de València (UV) ha conmemorado el vigésimo aniversario de la Matinal de la Evolución, un proyecto que nació como punto de encuentro entre el profesorado de Secundaria y la Academia para la actualización y la transferencia de conocimientos científicos a la sociedad. La efeméride, que este año ha celebrado la 27.ª edición del evento, tuvo lugar en el emblemático Jardí Botànico de la UV el pasado fin de semana, donde se dieron cita científicos punteros, como Francisco J.M. Mojica, Alba Sánchez y Jaume Pellicer, los tres formatos en la Facultat de Ciències Biològiques de la UV.
Dirigida por los profesores de la Universitat de València Juli Peretó y Raquel Ortells, con el apoyo de la Delegación para la Incorporación a la Universitat y la Unitat de Cultura Científica i de la Innovació de la UV, la jornada arrancó con la bienvenida a más de 200 docentes, presidida por el vicerrector de Estudios y Calidad de la Universitat de València, Javier Roca, a quien acompañaron la profesora María José Lorente, delegada del Rector para la Incorporación a la UV, y el profesor Juli Peretó.
Durante su parlamento, el vicerrector Javier Roca reconoció la Matinal de la Evolución como un “espacio de conexión y transferencia de conocimientos, de encuentro y de aprendizaje para todas y para todos”. Peretó, por su parte, destacó la dilatada trayectoria de este acontecimiento, así como la calidad científica y personal de los y las ponentes, la amplia acogida que alcanza año tras año y la variedad disciplinaria que presentaba especialmente en este vigésimo aniversario.
No obstante, y más allá de una presentación al uso, el acto institucional de recepción estuvo marcado por la intervención de la bióloga María José Lorente, quien, visiblemente conmovida, se despidió de las matinales como parte ejecutora de ellas, en tanto que este mismo 2026 se jubilará en la Universitat. “He visto cómo la Matinal de la Evolución ha despertado un interés y un éxito crecientes a lo largo de los años, y cada uno de ellos, sin duda, ha sido mejor que el anterior. Lo celebro y, emocionada, os tengo que decir adiós”, expresó entre el aplauso del público, el cual se repitió todavía más intenso si cabe, al recibir un ramo de flores de manos de su compañero Juli.
Evolución y supervivencia de las plantas
Con el título ‘Genomas grandes y pequeños: claves para entender la diversidad de las plantas’, inició la sesión de conferencias el investigador Jaume Pellicer. Especializado en el estudio de la evolución del genoma vegetal y la biodiversidad, vino desde el Institut Botànic de Barcelona (CSIC) para mostrar los últimos resultados de su investigación.
De acuerdo con Pellicer, hay descritas más de 400.000 plantas terrestres, una biodiversidad que no se genera “de manera aleatoria”, sino a través de influencias obvias, como los factores ambientales o aquellos que forman parte del mismo organismo: el genoma. “No podemos entender las plantas sin entender el genoma”, afirmó.
Pellicer explicó la importancia de la medida del genoma para la supervivencia y, por lo tanto, para la evolución de las plantas –las primeras habitantes del planeta–. Cuanto mayor es el genoma, más compleja es su adaptación al entorno, ya que exigirá cantidades ingentes de nutrientes y condiciones ambientales muy rigurosas. Este es el caso del lirio japonés (supergenomas) y del helecho. Una variedad de este último, denominada Tmesipteris oblanceolata, presenta el “genoma récord”, encontrado hace tan solo dos años por personal investigador del Jardí Botànic de Barcelona y del Real Jardín Botánico de Kew. “Es un genoma 50 veces superior al genoma humano y tiene una medida de más de 70 metros, es decir, 10 metros más que la altura total del Micalet, por ejemplo”, señaló.
A diferencia de este tipo de plantas, aquellas que disponen de un genoma más pequeño resultan más adaptativas a los factores externos y, por lo tanto, son más robustas y más fuertes. En su proceso evolutivo, destacan dos episodios ancestrales: el primero, el de la planta con semillas; el segundo, el de la planta con flores, convirtiéndose así todas ellas poliploides. “El incremento de la medida del genoma es la poliploidía y, por lo tanto, este fenómeno supone el motor de la evolución de las plantas –aseguró el investigador catalán–; un motor que encontramos en nuestro menú diario, presente en las cebollas, el maíz, los plátanos, etcétera”.
El ámbar: un archivo excepcional de la evolución
La paleoentomóloga Alba Sánchez, profesora del Departamento de Botánica y Geología de la UV, ofreció una clase magistral sobre la evolución de los insectos a partir de un “archivo” natural y valiosísimo como es el ámbar.
“El ámbar es una resina fósil y el estudio de esta es fundamental para entender la evolución de los insectos”. Así empezaba la intervención de la investigadora, quien puso en valor la importancia que tiene para la ciencia este material con una anécdota: en 1988, el exministro Pedro Duque se llevó al espacio una pieza de ámbar del mioceno –de hace unos 25 millones de años–, que preservaba una hormiga; es decir, “tuvimos hormigas miocenas orbitando nuestro planeta”, recordó, además de desmontar el mito cinematográfico de Jurassic Park, puesto que “la molécula de ADN no se preserva en el tiempo y el mosquito del que se extrae en la película ni siquiera es hematófago...”.
El ámbar era descrito por la mitología griega como lágrimas y lo denominaron elektron por su capacidad de generar electricidad estática; pero no es más que resina producida por árboles heridos que pudo atrapar insectos al caer por el tronco y las ramas, e incluso organismos de la tierra cuando llegaba al suelo del bosque. Después, esta resina quedaba enterrada y, en ausencia de oxígeno, se producía el proceso de ambarización, convirtiéndose así, en una auténtica cápsula del tiempo.
Cómo relató Sánchez, los insectos conforman el grupo más grande y diverso de animales que hay en la Tierra: se encuentran en todas partes, en todos los ambientes, son los únicos invertebrados que pueden volar y no tienen rival en cuanto a la longevidad de su linaje, el cual se remonta a más de 400 millones de años.
De acuerdo con la investigadora, el ámbar más antiguo que se ha encontrado hasta ahora pertenece al carbonífero, aunque no presenta inclusiones –insectos o vegetales– en su interior. Para la comunidad científica, es muy interesante el ámbar que data del cretáceo inferior y en la península Ibérica se encuentran al menos cuatro yacimientos importantes: en Teruel, Burgos, Álava y Cantabria, que marcan la línea de costa de aquel momento.
La profesora Alba Sánchez mostró cómo el ámbar con inclusiones permite a la comunidad científica estudiar insectos cretáceos mediante alta tecnología. En primer lugar, los ejemplares se observan con microscopia y cámaras adaptadas a los microscopios para obtener imágenes detalladas; después, también se pueden aplicar técnicas, como la microtomografía por contraste de fase con luz de sincrotrón, es decir, un tac para organismos pequeños.
Esta técnica es especialmente útil cuando el ámbar es opaco –no transparente. El escaneo permite trabajar las distintas partes del cuerpo del insecto a través de su densidad. De aquí se obtienen modelos en 3D imprimibles. “Se trata de una técnica no invasiva que nos permite realizar disecciones virtuales de las estructuras para estudiar la forma de los insectos prehistóricos”, subrayó Alba Sánchez.
Para finalizar, la investigadora valenciana presentó paleoilustraciones elaboradas con supervisión científica y destacó que la investigación del ámbar requiere el trabajo de un equipo multidisciplinario formado por especialistas en geología, biología, química, matemáticas, etcétera. “Integrando toda la información que nos aporta el ámbar, podemos tener una representación de cómo era el bosque del cretáceo inferior”, concluyó.
La masterclass más esperada por el público
El circuito de conferencias se cerró con la ponencia de Francisco J.M. Mojica, catedrático de Microbiología de la Universidad de Alicante y doctor honoris causa de la Universitat de València. Para comprender la expectación ante su intervención, hay que recordar que Mojica descubrió el funcionamiento del sistema CRISPR, que acuñó y definió como un arsenal de defensa y contradefensa molecular forjado por la coevolución entre bacterias y virus.
Pionero en el estudio de estos sistemas, Mojica es miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España, la Academia Europaea, la European Academy of Microbiology y la European Molecular Biology Organization.
Durante su discurso, el catedrático alicantino recalcó la importancia de los CRISPR como sistemas de defensa de la vida ante los fagos (o virus de bacterias), puesto que hay diez veces más fagos que bacterias. En la actualidad, los científicos cifran en más de 145 los sistemas CRISPR identificados, de los cuales muy pocos han sido caracterizados y confirmados. La aplicación de la edición genómica basada en CRISPR ha permitido un avance biotecnológico sin precedentes.
El mecanismo CRISPR es una revolución que requiere de más inversión científica para ser conocido en toda su profundidad. Es un sistema de inmunidad adquirida –que posee memoria, capacidad de recordar el origen del ataque– y por eso es tan particular. Aplicado a la edición genómica, permite la manipulación del sistema y podría llegar a tratar enfermedades, como la diabetes, la hemofilia, algunos tipos de cáncer e, incluso, ciertas enfermedades raras de las que se sabe la base genética.
Mojica descubrió cómo funcionaban estos mecanismos, que han facilitado el diseño de herramientas moleculares aplicables a numerosos campos (“todos los bio”, dijo), pero especialmente a la medicina. Algunas de estas herramientas son: el corte/edición de ADN, “probablemente, el futuro de la CRISPR en terapia”, señaló; la expresión génica; la detección de ADN/ARN; el corte/edición de ARN; o, incluso, funcionar como grabadora de lo que está pasando dentro o fuera de la célula, o lo que es lo mismo, que las células nos cuentan historias.
Nada más y nada menos.
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