La tortuga mediterránea (Chersine hemanni) habitó la Sierra de Guadarrama durante el Pleistoceno

Los restos fósiles de tortuga mediterránea recuperados en los yacimientos de Pinilla del Valle (Madrid) revelan datos inéditos sobre la distribución en altitud de esta especie (Chersine hemanni), actualmente amenazada, en el pasado y sus implicaciones para la conservación.

12 de agosto de 2026

Consolidación y adhesión de los fragmentos de los restos de tortuga mediterránea estudiados. FOTO: Raquel Asiaín Román.
Consolidación y adhesión de los fragmentos de los restos de tortuga mediterránea estudiados. FOTO: Raquel Asiaín Román.

El estudio de estos restos ha sido liderado por el paleontólogo Rafael Marquina-Blasco (Universitat de València) y publicado en la revista Historical Biology. Dicho trabajo es fruto de la colaboración con una amplia representación de personal investigador y técnico del Museo Arqueológico y Paleontológico de Madrid, (Madrid), IPHES-CERCA (Tarragona), Universidad de Alcalá de Henares, Universidad Complutense (Madrid), ICArEHB (Faro, Portugal) y la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona).

Los restos de tortuga mediterránea analizados en este estudio fueron recuperados en los niveles 23 y 2/3, datados entre el Pleistoceno Medio y Superior, respectivamente, del yacimiento de la Cueva de la Buena Pinta (Pinilla del Valle, Madrid). Este yacimiento forma parte del conjunto arqueopaleontológico del Calvero de la Higuera y cuyos trabajos de excavación son dirigidos por Enrique Baquedano, Juan Luis Arsuaga y Alfredo Pérez-González.

Los materiales estudiados incluyen un caparazón casi completo, junto a más de 90 placas y huesos aislados. La morfología de todos los restos confirma su pertenencia a la tortuga mediterránea, una especie amenazada distribuida por el sur de Europa, desde el este de España hasta los Balcanes, pero que hoy sobrevive en poblaciones muy fragmentadas, lo que hace que esté considerada como amenazada. Actualmente se reconocen dos subespecies: una oriental, distribuida por los Balcanes y algunas islas del Egeo, y la occidental, localizadas en Baleares, Córcega, noreste de España, sureste de Francia e Italia.

Los análisis tafonómicos indican que la acumulación analizada fue producida principalmente por carnívoros y por el transporte hídrico, sin que se hayan detectado marcas de origen humano. El caparazón semicompleto de la Unidad 23, en particular, podría corresponder a un animal que murió de forma natural durante su período de brumación (hibernación), quedando enterrada in situ.

El hallazgo más relevante, desde el punto de vista paleoecológico, es que la tortuga mediterránea habitó en la sierra de Guadarrama a unos 1.100 metros sobre el nivel del mar, una altitud que supera ampliamente los 850 metros máximos conocidos para la subespecie occidental en la actualidad, y que se asemeja más a los 1.450 metros que alcanza la subespecie oriental en los Balcanes.

Además, los autores revisan el registro fósil ibérico del Pleistoceno y documentan otras localidades —como la sierra de Atapuerca (Burgos), Cueva de los Torrejones (Guadalajara) o Cueva Horá (Granada)— donde la tortuga mediterránea ocupó cotas de entre 900 y más de 1.100 metros. Esto demuestra que la especie tuvo en el pasado una tolerancia ecológica mucho más amplia, habitando condiciones climáticas que hoy no se encuentran dentro de su rango en España.

Según los autores, esta evidencia contradice la idea de que la tortuga mediterránea esté restringida a bajas altitudes en la Península. “Nuestros resultados muestran que el nicho ecológico de la especie se ha contraído drásticamente en tiempos recientes. Por eso, para diseñar estrategias de conservación efectivas, no podemos basarnos solo en su distribución actual; debemos incorporar la información del registro fósil para conocer toda la gama de condiciones que la especie puede tolerar”, explica Rafael Marquina-Blasco, primer autor del trabajo.

El proceso de extirpación de la especie de gran parte de la península durante el Pleistoceno Superior, relacionado con cambios climáticos, transformaciones del hábitat y posible presión humana, ha llevado a que las poblaciones actuales ocupen solo refugios ambientales donde las amenazas son menores, pero que no representan todo su nicho potencial.

En el contexto de crisis de biodiversidad actual, en el que más de la mitad de las especies de tortugas están amenazadas, los autores subrayan que las políticas de conservación deberían considerar la posibilidad de reintroducciones o translocaciones a zonas de altitud media del interior peninsular que fueron ocupadas en el pasado y que podrían volver a ser adecuadas con el cambio climático. El trabajo destaca, además, el valor del complejo de Pinilla del Valle como un archivo excepcional para comprender la evolución de los ecosistemas de montaña durante el Cuaternario.

La investigación de los yacimientos de Pinilla del Valle se enmarca en el proyecto PHS-2024/PH-HUM-469 financiado por la Dirección General de Investigación e Innovación Tecnológica de la Comunidad de Madrid según la orden de concesión 5694/2024. El proyecto cuenta además con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Generalitat de Catalunya. El primer autor, Rafael Marquina-Blasco, disfruta de una beca APOSTD/2024 (referencia CIAPOS/2023/160) de la Conselleria de Educación, Universidades y Empleo de la Generalitat Valenciana. Este trabajo forma parte del proyecto de I+D+i CIGE/2024/136, financiado por la misma Conselleria. Las excavaciones en Pinilla del Valle reciben financiación del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid y de Canal de Isabel II.


Referencia del artículo: Marquina-Blasco, R.; Mielgo, C.; Martín-Perea, D.M. et al. (2026). “Fossil tortoises from the middle to late Pleistocene of Buena Pinta Cave (Pinilla del Valle, Central Spain): implications for the altitudinal record of Chersine hermanni and conservation strategies”. Historical Biology, 38(5), 1412–1438. https://doi.org/10.1080/08912963.2025.2576859

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