Vaporear produce tres veces menos emisiones de partículas que el humo del tabaco

  • 8 abril de 2016
 
Humo de tabaco

Un estudio del Departamento de Química Analítica de la Universitat de València ha evidenciado que fumar cigarrillos y vapear contribuye a enrarecer el ambiente en atmósferas cerradas, si bien el vapeo produce tres veces menos emisiones de partículas que el humo. El trabajo se ha publicado en la revista ‘Microchemical Journal’. Aporta más datos acerca de los cigarros electrónicos, un producto que se anuncia como alternativa inocua al tabaco y una manera de dejar de fumar, pero cuya seguridad y eficacia son controvertidas, se especifica.

La investigación trata sobre los efectos de fumar cigarrillos electrónicos y cigarrillos clásicos, y para ello se ha analizado la calidad del aire en espacios cerrados y el aliento de los fumadores pasivos en los dos casos. Con dispositivos para monitorizar el aire, se ha evaluado el monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO2), materiales en partículas (PM), formaldehído y compuestos orgánicos volátiles (COV) presentes en el aire interior y en el aliento de los fumadores y vapeadores pasivos.  

Así, la emisión de monóxido de carbono (CO) y compuestos orgánicos volátiles como benceno, tolueno, xileno alcoholes o aldehídos ligeros contenidos en el vapor fue de 0,5 partes por millón (ppm), frente a las 8 ppm de monóxido de carbono y 1 ppm de compuestos orgánicos volátiles emitidos en el humo del tabaco, según explica Miguel de la Guardia, miembro del equipo que ha desarrollado la investigación. Partes por millón es una unidad de medida para conocer la concentración, calculando las unidades de una sustancia determinada respecto a cada millón de unidades del conjunto, lo cual en este caso supone miligramos por litro. 

Además, se ha detectado formaldehído –un compuesto químico que disuelto en agua da lugar al formol– en niveles de 35 ppb (partes por millardo, en este caso microgramos por litro) en el exhalado del vapeo frente a 134 ppb en el humo del tabaco. 

Entre las conclusiones del trabajo –en el que se ha utilizado sondas portátiles de control del aire– también se ha podido constatar que el aliento de los fumadores y vapeadores pasivos, antes y después de ser expuestos al vapor o al humo, registraron niveles de formol que se mantenían en todos los casos por debajo del límite de detección de la técnica, es decir, la cantidad mínima que se puede distinguir de cero.

Igualmente, la cantidad de partículas, CO2, CO y compuestos volátiles no se modificaba en el caso de vapeadores pasivos con respecto a los de su aliento en atmósfera limpia. Las mediciones fueron realizadas en una habitación limpia y cerrada, de 40 metros cúbicos, donde se realizaron las prácticas activas y pasivas de fumar y vapear durante dos meses. 

A pesar de las regulaciones antitabaco integrales introducidas en muchos países, el tabaquismo pasivo continúa siendo un problema social, según se apunta en el estudio. Hay evidencias científicas preliminares sobre la presencia de productos químicos de tóxicos en el vapor generado por los cigarrillos electrónicos (también denominados vaporizadores electrónicos, o e-cigars). “El consumo de cigarrillos y las consecuencias a la exposición al humo continúa siendo un problema de salud global; por lo que está justificado el control de esta actividad en áreas cerradas. En los últimos años, el uso de cigarrillos electrónicos en Europa está creciendo. Este producto se anuncia como una alternativa inocua al tabaco y una manera de dejar de fumar, pero su seguridad y su eficacia son controvertidas”, se advierte en la investigación. 

Entre las conclusiones aportadas por los científicos también se ha observado que mientras los niveles de partículas emitidas en el aliento de fumadores pasivos aumentaba en un 10.000%, los compuestos orgánicos volátiles lo hacían en un 20%, y se detectaba monóxido de carbono a nivel de 1 ppm (cuando este compuesto no debería estar presente en el aliento). No se han encontrado diferencias estadísticamente significativas en los niveles de CO2 en el aliento de fumadores pasivos antes y después de haber estado expuestos al humo de cigarrillos convencionales.

El trabajo, «Preliminary results about the breath of passive smokers and vapers based on the use of portable air monitoring devices» se ha publicado en la revista Microchemical Journal. La investigación la han llevado a cabo los profesores Miguel de la Guardia y Sergio Armenta, junto con los investigadores Juan Casanova y Daniel Gallart, del Departamento de Química Analítica de la Universitat de València. 

La investigación ha utilizado sondas portátiles de control del aire que también se están utilizando para medir las emisiones de motores y vehículos y evaluar la calidad del aire en atmósferas laborales. El trabajo ha contado con la financiación de la Generalitat Valenciana y del Ministerio de Economía y Competitividad con Fondos FEDER. 

Cantidad de nicotina en saliva en fumadores pasivos 

En otro trabajo, también coordinado por Miguel de la Guardia, se analiza la cantidad de nicotina en saliva en fumadores pasivos, con cigarros electrónicos y convencionales, y se confirma la exposición del vapeador pasivo a la nicotina. No obstante, en la saliva de los fumadores pasivos se encontró un nivel de entre 40 y 80 miligramos de nicotina por litro de saliva, mientras que para los vapeadores pasivos se hallaron niveles de entre 4 y 8 mg por litro; lo que supone del orden de siete veces menos exposición a la nicotina. 

También se ha evaluado la composición de los líquidos para vapear y la exposición pasiva a diferentes tipos de tabaco. “Este estudio confirma en cuanto a la nicotina en saliva que sí que hay una exposición del vapeador pasivo, pero que es mucho menor que para los fumadores pasivos”, según el investigador.  

«Passive exposure to nicotine from e-cigarettes», evalúa los datos recibidos por los vapeadores pasivos comparando su situación con los fumadores pasivos. “De los vapeadores pasivos hay estudios, mientras que de los fumadores pasivos todavía se ha hecho poco”, indica Miguel de la Guardia. “Nos interesaba comparar la rarificación que se produce en el ambiente en los dos casos, y con los estudios de nicotina en saliva, comparar la incidencia de este alcaloide en las personas que no tienen el hábito de fumar”, explica el investigador.

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