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| «Rayos
-
les dice - ya que no de
Leda trémulos hijos, sed de mi fortuna término luminoso.» Y recelando de invidïosa, bárbara arboleda |
65 |
| interposición,
cuando de vientos no conjuración alguna, cual haciendo el villano la fragosa montaña fácil llano, atento sigue aquella, |
70 |
| aun a pesar
de las tinieblas, bella, aun a pesar de las estrellas, clara piedra, indigna tïara, si tradición apócrifa no miente, de animal tenebroso, cuya frente |
75 |
| carro es brillante de nocturno día. |
El peregrino recela de los árboles y del viento.
En el caso de los árboles el peligro es que se interpongan y le
oculten la luz que le guía. En el caso de los vientos debemos
pensar
que el peregrino sigue confuso y piensa en los vientos que pueden sacar
de su rumbo a un barco. Su temor le lleva a personalizar a los
árboles
y al viento y a calificar de envidiosa a la arboleda (y de
bárbara,
en el sentido de agreste, en la que no hay caminos que seguir
confiadamente).