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MAHOMA
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A principios del siglo VII, el mundo parecía el mismo de siempre, pues nadie sabía que unos treinta años antes había nacido en La Meca, en Arabia, un hombre llamado Muhammad, aunque occidente no tardaría en conocerlo como Mahoma, el cual iba a revolucionar la Historia. En efecto, Mahoma iba a descubrir otra única religión verdadera. Se sabe poco de la Arabia anterior a Mahoma. En el norte se habían formado algunos reinos que mantenían buenas relaciones, ya con Persia, ya con el Imperio Romano, pero las constantes guerras entre éstos les habían afectado y últimamente estaban en decadencia. Esto favoreció a otras regiones más pobres, como el Hiyaz, que se extendía a lo largo de la costa del mar Rojo hasta el Yemen, el cual estaba bajo el dominio Persa. La Meca era la capital del Hiyaz. Era una tierra árida, pero estaba en la ruta de las caravanas, por la que numerosas tribus de mercaderes nómadas traficaban con especias, perfumes, oro, joyas y otros productos que llevaban a occidente procedentes de la India y China. El padre de familia poseía una gran autoridad, tenía muchas esposas y, por consiguiente, muchos hijos. Cada tribu estaba formada por varias familias gobernadas por un emir, (el que manda) cuyas funciones eran casi nulas excepto en tiempo de guerra, ya que entonces el emir guiaba a la tribu contra el enemigo.

Los árabes creían en una amplia gama de divinidades: dioses astrales, diosas de la fertilidad, demonios, unos espíritus llamados jinns, tenían arroyos, pozos y piedras sagradas, etc. En La Meca había un santuario conocido como la Kaaba, donde trescientos sesenta ídolos rodeaban una gran piedra negra. Se decía que era un rubí ennegrecido por los pecados de los hombres, aunque los más prosaicos dicen que son dos trozos de basalto unidos por un aro de plata. La piedra se cubría con una funda de brocado negro que se renovaba cada año. Se cuenta que todos los años se celebraba un concurso de poesía en la ciudad, y que la rima ganadora se escribía en letras de oro sobre la funda.

También había en Arabia una próspera comunidad judía, que durante cuatro siglos había ido influyendo en las creencias de los árabes. Así, los judíos terminaron revelando a los árabes que en realidad el templo de la Kaaba había sido construido por Abraham. Por supuesto, los árabes eran descendientes de Abraham, a través de su hijo Ismael. El dios de los judíos, ingresó en el panteón árabe con el nombre de Alá, (en árabe allah), deformación del arameo alaha (el Dios). No debían de ser muchos los que aceptaran a Alá como dios único, quizá algunos lo consideraran como una especie de dios-padre o dios-supremo, para otros sería un dios más y, naturalmente, muchos no habrían oído hablar de él.

Desde que fueron exiliados, los rabinos judíos continuaron estudiando la biblia y escribieron numerosos textos conocidos como midras. Algunos son interpretaciones de textos bíblicos, mientras que otros recogen tradiciones orales que nunca llegaron a formar parte de la Biblia. Algunas de estas tradiciones fueron incorporadas al cristianismo, como la historia del ángel caído que se negó a adorar a Dios y se convirtió en Satanás, mientras que otras eran más surrealistas. Por ejemplo, en un midras se afirma que Adán era un gigante cuyo cuerpo recostado cubría toda la tierra, pero fue reducido tras comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal.

En los midras se encuentran también minuciosas descripciones del Paraíso. Resulta que está dividido en siete casas o siete cielos:

El Paraíso contiene siete puertas, cada una de las cuales conduce a la siguiente. La primera casa, frente a la entrada, alberga a los conversos que llegaron a Dios por propia voluntad. Sus paredes son de cristal, sus vigas son de cedro y Abdías, el profeta justo, gobierna en ellas.

La segunda casa está construida de forma semejante, y acoge a los penitentes de Israel. La gobierna Manasés ben Hizkiyahu.

La tercera casa es de plata y oro. Allí crece el árbol de la vida, a cuya sombra se sientan Abraham, Isaac y Jacob, los patriarcas de las doce tribus, todos los israelitas que salieron de Egipto y toda la generación del destierro, también el rey David, su hijo Salomón y todos los reyes de Judá -excepto Manasés, que se halla en el infierno-. Moisés y Aarón guardan esta casa, [...]

La cuarta casa está hecha de oro, sus vigas son de madera de olivo, y alberga a los justos cuya vida fue amarga como la oliva que aún no ha madurado.

La quinta casa, por la que fluye el Guijón, está hecha de plata, cristal de roca, oro pulido y vidrio. Sus vigas son de oro y plata y la fragancia del Líbano impregna todas sus salas. [...] Aquí moran el Mesías, hijo de David, y Elías. [...]

La sexta casa alberga a quienes han muerto mientras cumplían su deber con Dios.

La séptima casa acoge a quienes han muerto de pena por los pecados de Israel.

La leyenda de Abraham y los ídolos también aparece en un misdras. A lo largo del siglo precedente el judaísmo estaba suficientemente arraigado en Arabia como para que numerosos profetas recorrieran el país exhortando a la población a abjurar de los ídolos y adorar a Alá.

Mahoma pertenecía a la familia de los Hasim, de la tribu de los Qurays. Fue hijo póstumo del comerciante Abdalá, y su madre murió poco después del parto, así que fue adoptado por sus tíos Abd-al-Motalib y Abú-Talib, comerciantes de caravanas con Siria. En sus viajes se familiarizó con el judaísmo y el cristianismo, pero no en sus versiones "ortodoxas", sino más bien las versiones bastante deformadas de la gente humilde con la que trataba. Parece ser que conoció a un monoteísta llamado Zayd ben Amr, quien le explicó que había tenido experiencias místicas que atribuía a intervenciones sobrenaturales.

En La Meca se colocó al servicio de una viuda rica, llamada Jadiya, con la que se casó al poco tiempo (él con veinticinco años, ella con cuarenta, más o menos). Tuvieron tres hijos y cuatro hijas, pero los varones murieron con pocos años. Se dice que era atractivo, inteligente, y que tenía modales corteses y graves, por lo que caía bien a la gente.

El Imperio Romano había perdido algunos territorios desde la época de Justiniano, especialmente en Italia, donde una buena parte de la península estaba dominada por los lombardos, recientemente convertidos al catolicismo y a los que el Papa Gregorio I se las arreglaba para manejar a duras penas.

La Iglesia Católica, a través del Papa y sus obispos, tenía cada vez más poder político en occidente. Agustín, el monje enviado por el Papa a Kent, había construido un monasterio en la capital, Canterbury, y en 601 Gregorio I lo convirtió en el primer arzobispo de Canterbury. Hasta el día de hoy, el arzobispo de Canterbury ha sido considerado el obispo más importante de Inglaterra.

En Hispania murió san Leandro, el arzobispo de Sevilla que había representado un papel decisivo en la conversión de los visigodos. Fue sustituido en el cargo por su hermano Isidoro, que tenía entonces treinta y un años. Ese mismo año murió el rey visigodo Recaredo I, y fue sucedido por su hijo Liuva II.

El general Prisco derrotó a los ávaros en una gran batalla junto al Danubio, cerca de la actual Belgrado. En 602 los ávaros ofrecieron al emperador Mauricio la liberación de doce mil prisioneros a cambio de seis mil monedas de oro. Mauricio no aceptó, y a los soldados no les gustó nada que el emperador valorara las vidas de sus compañeros cautivos en menos de media moneda de oro, así que se rebelaron bajo la dirección de un centurión llamado Focas y marcharon sobre Constantinopla. La ciudad podría haber resistido perfectamente a los amotinados, pero allí Mauricio tampoco era muy popular debido a su tacañería. Otra insurrección surgió dentro de las murallas, así que Mauricio se vio obligado a huir por mar a Persia con sus cinco hijos. Unos años antes había ayudado a Cosroes II a recuperar su trono y ahora pensaba pedirle que le devolviera el favor. Los rebeldes abrieron las puertas de las murallas y Focas entró en Constantinopla aclamado por el populacho. Inmediatamente envió a sus soldados en busca de Mauricio, al que encontraron y mataron junto con sus hijos. Focas se convirtió en el nuevo emperador.

El rey persa Cosroes II recibió las noticias de estos hechos y decidió iniciar un furioso ataque contra el Imperio Romano, jurando que no cesaría mientras Focas no fuera ajusticiado por su crimen. A modo de preparación arrasó el reino árabe de Hira, luego se apoderó del norte de Mesopotamia y penetró en Asia Menor.

Es frecuente que los enemigos de un rey fuerte esperen a su muerte para actuar. Así tras apenas un año de reinado, el rey visigodo Liuva II tuvo que enfrentarse a una sublevación arriana encabezada por el conde Viterico, que ya se había rebelado contra
Recaredo quince años antes, y ahora se proclamó rey. Liuva II perdió la mano derecha, y murió en 603. Viterico combatió sin mucho éxito a los romanos y trató de restaurar el arrianismo.

Agustín de Canterbury convirtió finalmente al rey Ethelberto de Kent, el cual tenía gran influencia en los reinos vecinos de Essex y Anglia oriental, lo que facilitó la difusión del catolicismo por Inglaterra.

Focas no supo como hacer frente ni a los persas ni a los ávaros. Trató de quitarse de encima a los segundos mediante el pago de un enorme tributo, lo que le valió el desprecio de sus propios soldados. Ante el imparable avance persa, llegó a la conclusión de que su única esperanza estaba en recibir ayuda de occidente, por lo que inició una política de acercamiento. Adoptó medidas severas contra el monofisismo (que lo enemistaron con sus súbditos de Egipto y Asia Menor, y reconoció la supremacía del Papa frente al Patriarca de Constantinopla (lo que escandalizó a la capital). Naturalmente, el Papa Gregorio I quedó muy satisfecho y se deshizo en elogios hacia Focas, pero en 604 se convirtió en san Gregorio I Magno (es decir, se murió). Fue sucedido por Sabiniano.

Japón estaba gobernado por la Emperatriz Suiko, de once años, y el príncipe Shotoku Taisi, que actuaba como regente, promulgó la "constitución de los diecisiete artículos", inspirada en la moral confucianista. También mandó construir en Japón numerosos templos budistas y favoreció la llegada de numerosos libros e ideas de China.

Los francos continuaban con sus enconadas guerras civiles. Cuando el rey Teodeberto II de Austrasia tuvo edad suficiente para gobernar, la nobleza se las arregló para expulsar a su abuela Brunilda, que marchó a Borgoña junto a su otro nieto, Thierry II, al que dominó sin dificultades. Thierry II obligó a huir a Landy, el Mayordomo de Palacio de Clotario II, en una batalla cerca de Etampes. Luego liberó Orleans, que estaba sitiada, y tomó París. En 605 estuvo a punto de capturar a Clotario II, pero fracasó.

Tras la muerte del emperador Chino Sui Wendi, le sucedió su hijo Sui Yangdi.

En 606 murió el Papa Sabiniano y fue sucedido por Bonifacio III, que a su vez murió pocos meses después (en 607) y fue sucedido por el benedictino Bonifacio IV. También murió san Agustín de Canterbury. En ese momento ya había obispos en Rochester (Kent) y en Londres (Essex), además de en Canterbury.

En 608 Cosroes II puso sitio a Antioquía. En Constantinopla la población estaba aterrada. Estaba claro que Focas era un inepto, pero era el emperador y disponía de la guardia de palacio, con la que sometió a la ciudad a un régimen de terror que mantuvo a raya a los ciudadanos.

El emperador Sui Yangdi continuó con la campaña de obras públicas emprendida por su padre, y mandó abrir un gran canal que unía Luoyang con Pekin. Aunque al comienzo de su reinado había disminuido el número de trabajadores forzados, las necesidades de las obras emprendidas le obligaron a rectificar. Fueron reclutados grandes contingentes de trabajadores, la mitad de los cuales moría en el trabajo. Una expedición china destruyó la capital del reino de Shampa.

No es fácil precisar qué clase de inquietudes llevaron a Mahoma, cuando tenía alrededor de cuarenta años, a retirarse a meditar a una cueva en el monte Hira, cerca de La Meca, pero el caso es que en 610 tuvo allí un sueño que al principio no supo interpretar. Pensó que había sido poseído por un jinn, pero, al comentarlo con su esposa y sus amigos de confianza, no tardó en llegar a la conclusión de que había sido llamado para convertirse en el Profeta de Alá, y que su misión era librar a su pueblo de la idolatría. Quedó claro que había sido el Arcángel san Gabriel el que le había hablado en sueños para transmitirle este mensaje.

Pasaron varios meses y los mensajes no se repitieron, por lo que Mahoma se sumió en una profunda depresión. Pero es evidente que si la mujer, los parientes y los amigos confían en que te comuniques con el Arcángel san Gabriel, tarde o temprano tienes que darles algún mensaje suyo, o si no quedarías muy mal con ellos. Así que Mahoma se lanzó a la aventura de ser profeta y san Gabriel volvió a hablarle. Ahora el mensaje estaba bien claro: No hay más dios que Alá, el todopoderoso, que juzgará a todos los mortales el último día. Para ganarse el favor de Alá y alcanzar el Paraíso, los hombres tienen que mostrarse humildes y justos, y dar parte de su fortuna a los pobres y a los huérfanos. Mahoma denunciaba especialmente a los ricos mercaderes de La Meca, y los conminaba a someterse a los dictados de Alá. Desde entonces, el Profeta se retiraba un mes de cada año a la caverna del monte Hira, donde se dedicaba a la contemplación y a recibir los mensajes del arcángel.

Mientras tanto los católicos se las arreglaron para conjurar contra el rey visigodo Viterico y lo envenenaron en un banquete. Eligieron rey a Gundemaro, que reunió en Toledo el que se conoció como Concilio de Gundemaro, en el que proclamó al catolicismo como la religión del Estado. Ya no hubo más revueltas arrianas. Gundemaro combatió a los vascos y a los romanos.

El monje irlandés Columbano seguía fundando monasterios en el territorio franco. Su regla era más estricta que la benedictina, e insistía en las prácticas ascéticas y en las penitencias. Brunilda lo expulsó de Borgoña y pasó a lo que ahora es Suiza, donde fundó un monasterio junto al lago Constanza.

La provincia romana de África (ahora llamada Exarcado de Cartago) estaba a cargo de un general capaz llamado Heraclio, que había sido nombrado exarca por Mauricio y que había estado esperando la ocasión propicia para vengar su muerte. Heraclio se alió con Prisco y entre ambos iniciaron una sublevación. Prisco llevó el ejército a Egipto mientras el hijo de Heraclio, que se llamaba también Heraclio, dirigió una flota hacia Constantinopla. Cuando el pueblo vio las naves en el horizonte, no esperó más y se lanzó contra el palacio. La guardia imperial no hizo gran cosa para impedir que Focas fuera torturado hasta la muerte. El joven Heraclio fue aclamado emperador.

Teóricamente, Cosroes II debería haberse dado por satisfecho ante estos hechos, pues Mauricio había sido vengado, pero parece ser que tantas victorias habían conseguido que el rey persa se olvidara de por qué había iniciado la guerra. Ahora le llamaban Cosroes el Victorioso y el nombre le gustaba, así que la guerra continuó. Ese mismo año fue elegido Patriarca de Constantinopla Sergio, que se convirtió en consejero de Heraclio y puso a su disposición los bienes de la Iglesia. En 611 Antioquía cedió ante el asedio persa.

El emperador Chino y sus trabajos forzados no eran muy populares, por lo que se produjo un levantamiento popular encabezado por Wang Pu. Yangdi logró contenerlos temporalmente.

En 612 murió el rey visigodo Gundemaro y fue sucedido por Sisebuto, que fue el primer rey visigodo que destacó por su cultura. Escribió una Vida de san Desiderio y el Astronomicon, un poema de sesenta hexámetros dedicado a la influencia de los astros sobre el hombre (llamemos a esto cultura, que componer hexámetros latinos tiene su mérito).

Varios de los reinos en que estaba dividido el norte de la India fueron unificados por Harsa, el rey de Thaneshwar, que formó así un reino poderoso en el que floreció la cultura y la tolerancia religiosa. Al mismo Harsa se le atribuyen tres obras de teatro en sánscrito.

El rey de Borgoña Thierry II había conquistado algunos territorios a Clotario II, pero luego su hermano Teodeberto II de Austrasia se los arrebató. Brunilda incitó a Thierry II a apoderarse de Austrasia (de donde había sido expulsada unos años antes), y así Thierry II derrotó a Teodeberto II en Toul. Teodeberto II fue encarcelado y poco después asesinado junto con su hijo. Así Thierry II se convirtió en rey de Austrasia, pero murió en 613, dejando cuatro hijos menores de edad. Brunilda iba a convertirse en regente de uno de sus bisnietos, pero los nobles de Austrasia que la habían expulsado unos años antes no estabas dispuestos a tenerla como regente por tercera vez, así que se la entregaron a Clotario II, que, según se cuenta, ató a la anciana a la cola de un caballo y dejó que muriera arrastrada por el animal. Clotario II asesinó a los hijos de Thierry II y, a costa de hacer grandes concesiones a los nobles, fue reconocido en 614 como rey de todo el territorio franco, que volvía a estar unido por tercera vez desde los tiempos de Clodoveo I.

El emperador Chino Yangdi envió una expedición contra Corea, al tiempo que se producían nuevos levantamientos. Ya el año anterior había tenido que sofocar la revuelta de Yang Xuangan, hijo del influyente general Yang Su.

Pero el reino franco ya no era una gran potencia. La guerra civil lo había arruinado. Se cerraron las escuelas (excepto las de los monasterios), por lo que prácticamente toda la población laica era analfabeta. Los viejos caminos romanos eran intransitables, los acueductos estaban demolidos, la falta de agua y alimentos favoreció las enfermedades y el comercio desapareció. En contraste, las crónicas chinas datan en este año los primeros fuegos artificiales.

Las guerras entre los francos dejaron un eco en la tradición popular. Se trata de una leyenda cuya primera versión escrita data de unos seiscientos años más tarde, y que se conoce como la Canción de los Nibelungos. En ella se relata la historia de Sigfrido, (alias Sigeberto I) que se enamora de Crimilda, (alias Fredegunda) hermana de Gunther (alias Gontrán), rey de los burgundios. Gunther le informa de que sólo le concederá la mano de su hermana si le ayuda a conquistar a Brunilda (alias Brunilda), que es una valquiria y reina virgen de Islandia. Sigfrido ayuda a Gunther y derrota por tres veces a Brunilda, se casa con Crimilda, pero debe todavía someter a Brunilda, pues, aunque se ha casado con Gunther, se niega a "cumplir con el deber conyugal". Finalmente lo logra con un artificio mágico. Poco después estalla una contienda entre Crimilda y Brunilda. Hagen, vasallo de Brunilda, logra matar a Sigfrido, y Crimilda, para vengar su muerte, acepta casarse con el rey de los hunos Etzel (alias Atila). Luego logra atraer a Gunther y sus guerreros al país de Etzel, donde son atacados por los hunos con el apoyo de Dietrich (alias Teodorico, el ostrogodo).

La doctrina celta de Columbano difería de la romana en algunos aspectos. Una asamblea de obispos condenó a Columbano en estos puntos y el monje pasó al reino lombardo, donde el rey Agilulfo le permitió fundar un nuevo monasterio.

Los persas tomaron Jerusalén (tras haber tomado Damasco el año anterior). Allí se custodiaba la Vera Cruz, que fue llevada a Ctesifonte sin ningún respeto. Antes de que acabara el año, toda Asia Menor era persa, y los ejércitos de Cosroes II podían ver Constantinopla desde la otra parte del Bósforo. Entre las causas de esta rápida conquista hay que contar con el hecho de que los habitantes de Asia Menor eran mayoritariamente monofisitas, y los últimos emperadores habían sido empedernidamente católicos, mientras que los persas (al menos últimamente) eran tolerantes con los monofisitas y los nestorianos. Así pues, la población se sentía más identificada con los persas que con el dominio imperial.

Con sus predicaciones en la Meca, Mahoma consiguió unos cincuenta discípulos (el primero de los cuales fue su primo Alí) y muchos más enemigos. Al principio, sus conciudadanos se limitaron a reírse de él, pero a medida que arreciaban las críticas a la moral de los ciudadanos más ricos y respetables, las risas se fueron transformando en amenazas. Mahoma tuvo que refugiarse en el territorio de su tío Abú-Talib, junto con su mujer, su hijo adoptivo Zayd, su primo Alí y su pariente Abú Bakr. La vida de Mahoma estos años fue precaria, pero finalmente convirtió a al-Arqam, perteneciente a una de las familias más ricas e influyentes de La Meca, y que hasta entonces había sido uno de sus más enconados perseguidores. Al-Arqam puso su residencia a disposición de Mahoma, para facilitar las reuniones de los primeros creyentes. Los creyentes se llamaban musulmanes, (aquellos que entregan su alma a Dios). La situación cambió y en 615 numerosos clanes de La Meca se adhirieron a Mahoma.

Ese mismo año murió el Papa san Bonifacio IV y en su lugar fue elegido Deodato. También murió san Columbano (sus discrepancias con la Iglesia Romana no impidieron que al final fuera canonizado).

Una muestra más del poder que la nobleza estaba ejerciendo sobre el rey franco Clotario II es que ese mismo año ocupó el cargo de Mayordomo de Palacio un noble llamado Pipino de Landen, que consiguió un decreto del monarca por el que el cargo de Mayordomo de Palacio se convertía en hereditario. Así, la familia de Pipino se convirtió en una especie de "familia real" paralela a la de los merovingios.

Los ejércitos chinos fueron derrotados en Corea. Los turcos volvieron a atacar desde el norte, y esta vez capturaron al emperador (cuyo rescate fue negociado).

El fin del arrianismo
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