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EL MUNDO EN 1970
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La situación política del mundo en 1970 estaba dominada por la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Con más de 240 millones de habitantes, la Unión Soviética era el tercer país más poblado del mundo (detrás de China y de la India). Había pasado de ser un país arrasado en la Segunda Guerra Mundial a convertirse en una gran potencia comparable a los Estados Unidos. Su desarrollo se había centrado en la industria pesada, y la URSS estaba a la cabeza de la producción de acero, carbón, petróleo y cemento. Los bienes de consumo seguían siendo escasos y de menor calidad que los occidentales, pero los ciudadanos soviéticos disfrutaban de empleo garantizado, sanidad y educación gratuita y un sistema de construcción masiva de viviendas. Sin embargo, la economía soviética estaba empezando a dar muestras de estancamiento. Buena parte de sus recursos se había empleado en la carrera armamentística para no quedarse atrás de los Estados Unidos en armamento nuclear, al que le había sacado una ligera ventaja en cuando a misiles balísticos intercontinentales, y sobre todo en su sistema de defensa antimisiles, mientras que la tecnología estadounidense tenía ventaja en cuanto a que disponía de misiles más precisos y de menor tamaño para una misma potencia. Durante un tiempo, la Unión Soviética también había llevado la delantera en la carrera espacial, si bien finalmente los Estados Unidos se habían impuesto con el envío de dos misiones tripuladas a la Luna, algo que los soviéticos estaban muy lejos de alcanzar. No obstante, en cuanto a la puesta en órbita y aplicaciones de los satélites artificiales la situación era paritaria.

Una parte considerable de la reconstrucción soviética había corrido a cargo de la mano de obra esclava formada por los presos políticos. Durante la época de Stalin había llegado a haber más de dos millones de presos simultáneamente, y durante su mandato unos 18 millones de ciudadanos soviéticos habían pasado por el Gulag. El sistema Gulag se había cerrado hacía ya diez años, pero seguía habiendo prisiones y colonias de trabajo especiales para disidentes. Su número era de unos 10.000, y la KGB estaba consolidando el uso de la "psiquiatría punitiva" para tratar de enfermos mentales a los disidentes más lúcidos y así neutralizarlos con drogas y tratamientos psiquiátricos. Al frente de la unión soviética se encontraba Leonid Brézhnev, el Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, junto con el primer ministro Anekséi Kosyguin y Nikolái Podgórny como jefe de Estado. También tenía mucho poder Andréi Gromyko, el Ministro de Asuntos Exteriores y Yuri Andrópov, al frente de la KGB.

Recientemente la Unión Soviética había consolidado la Doctrina Bréhznev, según la cual la soberanía de cada país socialista tenía límites frente a los intereses de toda la comunidad comunista, lo cual en la práctica significaba que ningún país del bloque soviético podía abandonar el comunismo, y si lo intentaba, los "países hermanos" lo invadirían "fraternalmente" para devolverlo al redil, como ya había sucedido con Hungría y Checoslovaquia. Este bloque soviético constaba de los países siguientes:

Dos países europeos habían conseguido escapar de la esfera soviética:

La potencia comunista emergente era China. Era un país muy pobre, pero su población era de más de 800 millones de habitantes, de los cuales unos 3 millones eran militares en activo, y además tenía bombas atómicas y misiles de corto y medio alcance capaces de alcanzar a Vladivostok, Japón o Taiwán. Sus tanques, aviones y medios de comunicación estaban muy anticuados, pero China podía perfectamente ganar una guerra en su territorio o en sus aledaños por mero desgaste, pues tenía soldados suficientes para agotar a cualquier ejército extranjero. Estaba bajo el yugo de Mao Zedong, cuyas nefastas políticas lo habían apartado temporalmente de la primera línea de la política, pero con la Revolución Cultural había destruido a todos los que podían hacerle sombra al precio de sumir al país en un completo caos. La Guardia Roja había destruido templos y obras de arte, había perseguido a intelectuales y artistas y, sobre todo, a cualquier comunista que pudiera cuestionarle una coma a cualquier frase de Mao. El caos había sido tal que el ejército había tenido que tomar el control de fábricas, escuelas y gobiernos locales para evitar la desintegración de la estructura política de la nación. La producción agrícola e industrial estaba paralizada en buena parte y la comida, la ropa y otros bienes básicos estaban racionados. La mayoría de la población vestía el "traje Mao", azul o verde militar, y no disponía más que de bicicletas como medio de transporte. Jiang Qing, la mujer de Mao Zedong, lideraba "la banda de los cuatro", formada por Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen (además de ella misma) que controlaban la cultura, el cine y la propaganda, prohibiendo cualquier libro, canción, etc. que no se ajustara a sus estándares comunistas. Además, China estaba aislada internacionalmente: no tenía ni el apoyo de la Unión Soviética ni mucho menos el de los Estados Unidos, si bien Nixon estaba tratando de restablecer relaciones diplomáticas con China para debilitar a la Unión Soviética.

Los otros países comunistas en Asia eran:

La guerra de Vietnam se encontraba en una fase de estancamiento y desgaste. La masiva ofensiva del Tết de hacía dos años había sido un fracaso desde un punto de vista militar, pero había provocado muchas bajas estadounidenses en poco tiempo que habían avivado el pacifismo en los Estados Unidos. El número de víctimas de la guerra era muy desigual: se calcula que para entonces había muerto más de 500.000 combatientes comunistas (tanto soldados norvietnamitas como guerrilleros del Viet Cong, aunque por esas fechas la mayoría de las filas del Viet Cong las formaban norvietnamitas). En el bando contrario habían muerto unos 40.000 estadounidenses y más de 100.000 sudvietnamitas (sin contar víctimas civiles, más otros 3.500 soldados aliados muertos, de Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y Tailandia). Sin embargo, 40.000 muertos era una cifra inasumible para una parte de la sociedad estadounidense, mientras que la población norvietnamita no tenía problemas en asumir medio millón de víctimas mortales, entre otras cosas porque desconocían el dato, y la propaganda norvietnamita se preocupaba de agitar a los movimientos pacifistas occidentales. No obstante, el presidente Nixon todavía contaba con el respaldo mayoritario de los estadounidenses para su política en Vietnam. Recientemente había anunciado que se iba a llevar a cabo un proceso de "vietnamización" de la guerra, por el que el ejército sudvietnamita asumiría mayoritariamente la defensa de su país, con el apoyo económico estadounidense.

Los comunistas llevaban a cabo una guerra de guerrillas, sin grandes batallas. Estaban diseminados por todo Vietnam del Sur y realizaban pequeños ataques, para ir causando bajas a los estadounidenses, aunque sufrieran muchas más bajas propias. Así, los estadounidenses trataban de llevar a cabo campañas de barrido de distintas áreas, pero los comunistas se retiraban para recuperar más tarde el terreno perdido, y además amedrantaban a la población local si colaboraba con los estadounidenses o no les pagaba impuestos.

Por su parte, los Estados Unidos hacían bastante más que combatir abiertamente sobre el terreno. Desde hacía dos años la CIA estaba desarrollando la Operación Fénix, por la que se creaban listas con nombres de sospechosos comunistas (civiles) y luego unas Unidades de Reconocimiento Provinciales entraban por las noches en las aldeas para capturar o asesinar a los objetivos de las listas. Cuando los podían capturar vivos los "interrogaban" con todos los medios que fueran efectivos para que delataran más objetivos relevantes (recaudadores de impuestos, espías, propagandistas, etc.) Se calcula que el proyecto había "eliminado" a más de 20.000 sospechosos de colaborar con el Viet Cong.

En el extremo opuesto a la Operación Fénix estaba el programa Chieu Hoi (Brazos Abiertos). Aviones estadounidenses distribuían folletos por las selvas que prometían inmunidad, dinero, comida, ropa y atención médica para cualquier comunista que se rindiera entregando el folleto. En efecto, los que hacían uso de un "Pase de Brazos Abiertos" eran llevados a unos centros especiales donde se les enseñaba un oficio (como carpintería o mecánica) y se les ayudaba a reconstruir su vida con un salario del gobierno. Para entonces unos 100.000 combatientes se habían acogido al programa. Una parte de los desertores se enrolaban a su vez en las Fuerzas Kit Carson, de modo que a cambio de un sustancioso salario pasaban a combatir junto a los estadounidenses, que aprovechaban su experiencia y su conocimiento de las técnicas de combate comunistas, de la ubicación de sus bases y búnkeres, etc.

Veamos ahora la situación del resto del Lejano Oriente:

En el subcontinente indio tenemos:

Mencionamos en este punto los dos grandes Estados de Oceanía:

Recorremos ahora la Europa Libre:

Tres países de Europa estaban sometidos a dictaduras no comunistas:

Otro punto candente en el mundo era Oriente Medio, al que el Estado de Israel había convertido en un avispero. Como la historia es compleja, conviene recordarla brevemente: A finales del siglo pasado se había empezado a formar una comunidad judía en Palestina, forma da por unos 35.000 judíos que huían de ataques en Rusia y Rumanía. Entonces Palestina formaba parte del Imperio Otomano, y los judíos fueron aceptados más reticencias que las previsibles fricciones entre comunidades culturales muy distintas. Al inicio de la Primera Guerra mundial, tras una segunda oleada de inmigración, la comunidad judía había pasado a ser de unas 85.000 personas, y la comunidad árabe empezaba a inquietarse. El Imperio Otomano expulsó a los judíos que pertenecían a países enemigos, como Rusia, y otros muchos murieron por el hambre y las enfermedades. Al terminar la guerra quedaban unos 56.000 judíos en Palestina, frente a más de 600.000 árabes. El Imperio Otomano se desmembró y Palestina pasó a estar bajo mandato británico. Poco después el gobierno británico anunció en la declaración de Balfour su intención de crear un "Hogar Nacional Judío" en Palestina, lo cual, lógicamente, sembró la alarma entre la población árabe: una potencia extranjera asume la soberanía de nuestra tierra y dice que se la va a regalar a otros sin pedirnos opinión. En los años previos a la Segunda Guerra Mundial llegaron otros 200.000 judíos que huían de la Alemania Nazi, y eso ya desencadenó una gran revuelta árabe que fue sofocada por los británicos. Sin embargo, el gobierno británico admitió limitar la inmigración judía en Palestina a 75.000 personas en los cinco años siguientes. Para entonces la inmigración judía en Palestina ya no era algo espontáneo, pues existía un movimiento sionista organizado que se había marcado el objetivo de llevar dos millones de judíos a Palestina, que superarían así la población árabe y podrían asumir el control del territorio "democráticamente". (Por esas fechas había más de 1 millón de árabes en Palestina y unos 450.000 judíos.)

Al término de la Segunda Guerra Mundial había unos 550.000 judíos y 1.200.000 árabes en Palestina. Cuando se conoció la dimensión del holocausto judío, los sionistas tuvieron que rebajar su objetivo a enviar 1.000.000 de judíos a Palestina, y ya no se pensaba sólo en judíos europeos, sino que sería necesario atraer a judíos que vivían en países árabes. Pero este plan chocaba con la política británica que seguía limitando la inmigración judía a Palestina según lo acordado. Para entonces los judíos habían formado varias organizaciones terroristas, como el Irgún (cuyo líder más famoso fue Menájem Beguin) o el Lehi (en el que destacó Yitzhak Shamir) que consideraban el terrorismo como un medio legítimo para formar un Estado judío independiente. Al principio atentaban contra los palestinos (que, naturalmente, también crearon organizaciones equivalentes para hacerles frente), pero ahora se concentraron en hostigar a los británicos para que abandonaran Palestina. No tardarían en hacerlo, pero previamente la ONU propuso un plan de partición de Palestina en un Estado judío y un Estado palestino, pero fue rechazado por ambas partes. Para entonces había en Palestina unos 650.000 judíos y más de 1.3 millones de árabes. Los árabes rechazaron la partición porque concedía a los judíos una proporción de tierras mucho mayor que la proporción de población judía en el territorio, y además les asignaba las tierras más fértiles, cosa que era claramente injusta. Los judíos la rechazaron porque consideraron que no era lo suficientemente injusta. Para entonces el sionismo judío en Palestina ya se había convertido en un nazionalsionismo antisemita (porque los árabes son semitas) que sostenía que Israel necesitaba un Lebensraum (un espacio vital) y que los árabes palestinos eran Untermenschen (subhumanos) de los que había que deshacerse, matándolos o expulsándolos, para la prosperidad del Cuarto Reich.

Y así fue: el mismo día que los británicos se retiraron de Palestina, las milicias terroristas judías, ahora convertidas en las Fuerzas de Defensa de Israel, llevaron a cabo un plan premeditado por el que mataron o expulsaron por la fuerza a una cantidad enorme de palestinos de un territorio mucho mayor que el que la ONU había asignado a los judíos. Un total de 531 localidades quedaron totalmente despobladas y otras 662 parcialmente despobladas. Muchas naciones árabes declararon la guerra a Israel y trataron de recuperar el control sobre un territorio en el que los árabes eran la población mayoritaria, pero perdieron. Si la ONU había asignado a Israel unos 14.000 km2, tras la guerra dominaba un territorio de 20.700 km2 en el que habían habitado unos 900.000 árabes, que habían sido reducidos a unos 156.000. Los demás estaban muertos o habían huido para salvar sus vidas, y el gobierno israelí nunca les dejó volver a sus casas ni los compensó de ninguna manera. La ONU había enviado a un mediador, el conde Folke Bernadotte, que propuso un acuerdo menos injusto para los árabes, pero los nazionalsionistas no lo consideraron suficientemente injusto y lo mataron en un atentado terrorista. Los israelíes se apresuraron a organizar la inmigración masiva de otros 500.000 judíos, con lo que la población judía pasó a ser en poco tiempo el 89% de la población del Estado de Israel, lo que ya permitía sentar las bases de un Estado "democrático".

Naturalmente, el surgimiento del Cuarto Reich y, sobre todo, el beneplácito que le había dado la comunidad internacional, exacerbó el nacionalismo árabe, y las guerrillas que hasta entonces habían hecho frente a las organizaciones terroristas judías se reorganizaron para dar lugar a diversas organizaciones cuyo propósito era liberar la Palestina ocupada, la mayor parte de las cuales acabaron agrupadas en la Organización para la Liberación de Palestina, que ahora dirigía Yasser Arafat. Mientras tanto, los terroristas judíos ocupaban ahora cargos importantes en el nuevo Estado israelí, incluso el de primer ministro. Pero la cosa no había acabado ahí. Hacía tres años que se había librado la Guerra de los Seis Días, en la que Israel había pasado a ocupar un territorio de 88.000 km2, incluyendo la península del Sinaí. Con esto llegamos ya a la situación de Israel en el momento que nos ocupa:

La primera ministra era Golda Meir, que consideraba que Israel tenía derecho a ocupar y colonizar Palestina igual que Hitler consideraba que Alemania tenía derecho a ocupar y colonizar Polonia, y que los palestinos sobraban igual que los polacos. Israel contaba con tecnología avanzada, sobre todo en materia militar, gracias al apoyo incondicional que siempre había tenido de los Estados Unidos, debida en gran parte a la gran influencia económica (luego política) que tenía la comunidad judía estadounidense. El nivel de vida de sus ciudadanos era modesto, porque el gasto en defensa era prioritario, pero contaba, por ejemplo, con un sistema sanitario robusto, con un sistema de enseñanza pública obligatoria y gratuita hasta los 15 años y con varias universidades de prestigio, sobre todo la Universidad Hebrea de Jerusalén.

La población palestina (no ya la de los territorios anexionados recientemente, sino la que vivía en el territorio palestino usurpado por Israel desde su fundación) había recuperado hacía poco más de tres años su derecho a moverse libremente por el territorio nacional. No estaban obligados a llevar una media luna cosida en la ropa porque sus características raciales permitían distinguirlos a simple vista, pero estaban muy vigilados por los servicios de seguridad, la mayoría vivían segregados en aldeas-gheto sin suministro eléctrico o agua corriente ni alcantarillado (servicios habituales en las poblaciones judías) e incluso había pueblos no reconocidos oficialmente que no recibían ninguna clase de servicio público, y en cualquier momento podían ser desalojados. Se les había privado de la mayor parte de las tierras de cultivo, por lo que tenían que dedicarse a trabajos mal pagados: en la construcción, en trabajos manuales, etc. Tenían prohibido trabajar en industrias gubernamentales, de tecnología o de defensa, por cuestiones de seguridad nacional. La educación también estaba segregada, y las escuelas árabes disponían de bajos presupuestos y los libros de texto estaban sometidos a una fuerte censura.

Los palestinos podían votar en las elecciones, pero no podían formar partidos políticos propios. Una vez intentaron crear un partido político propio, Al-Ard (La Tierra), pero el Tribunal Supremo lo disolvió porque ponía en peligro la seguridad del Estado. Sólo había un partido político que era esencialmente árabe, por el sencillo motivo de que los judíos no lo votaban, y era el Partido Comunista de Israel, el Rakah, pero sus miembros estaban estrechamente vigilados y sufrían arrestos frecuentes o prohibiciones de moverse por el país. En el control de la población palestina, los nazionalsionistas no tenían nada que aprender de la Gestapo.  La población palestina estaba entonces repartida aproximadamente así:

El nacionalismo árabe había tratado de unir a los países árabes en contra de Israel, pero en general predominaban los intereses particulares de cada país. La oposición a Israel había sido abanderada principalmente por el presidente egipcio, Gamal Abel Nasser, hasta el punto de que en ese momento Egipto e Israel mantenían la bautizada por el propio Nasser como Guerra de Desgaste, por la que ambos países se hostigaban mediante ataques aéreos y otras escaramuzas, normalmente alrededor del canal de Suez. El problema principal del nacionalismo árabe era que también se declaraba republicano, por lo que era mal visto en los Estados Monárquicos, que en Oriente Medio eran los siguientes:

En la península arábiga había además nueve pequeños emiratos bajo una protección británica que estaba a punto de finalizar, y estaban tratando de negociar la formación de un Estado federal. Siete de ellos eran conocidos como los Estados de la Tregua (por la sucesión de tratados de paz o treguas que habían firmado con el Imperio Británico en el siglo XIX) a los que había que sumar Catar y Baréin. Las monarquías de Oriente Medio tenían relaciones tensas con los regímenes republicanos:

Para terminar con Asia pasamos ahora a la República de Turquía, que era lo que quedó del Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial, y que Mustafa Kemal Atatürk había convertido en una república democrática laica, algo insólito en el mundo musulmán, y el ejército se encargaba de garantizar que eso no cambiara. El islamismo político estaba prohibido. El presidente era el militar Cevdet Sunay y el primer ministro era Süleyman Demirel. En esos momentos la situación política era muy inestable, con frecuentes conflictos callejeros entre estudiantes de extrema izquierda y grupos de extrema derecha. Geográficamente, Turquía era la Finlandia del sur, pues tenía frontera con la Unión Soviética y quería el comunismo tanto como un dolor de muelas. Pero su actitud ante el vecino problemático era la opuesta a la finlandesa: Turquía era un miembro fundador de la OTAN y albergaba bases militares y radares estadounidenses críticos para la Guerra Fría. Turquía e Irán eran los únicos países de población mayoritariamente musulmana que habían reconocido la existencia de Israel, aunque se mostraba distante con el Estado nazionalsionista para mejorar sus relaciones con los países árabes.

Turquía tenía un peso clave en la política de la República de Chipre. La mayoría de su población era de etnia griega, pero un 18% era de etnia turca. Desde que se independizó de Gran Bretaña, su gobierno había estado presidido por el carismático arzobispo Makarios III, que siempre había sido partidario de la enosis, es decir, de la anexión de la isla a Grecia, pero la minoría turca se oponía de lleno y contaba con el apoyo de Turquía. El gobierno había dejado claro que cualquier intento de anexión supondría una guerra entre Grecia y Turquía. La isla había vivido enfrentamientos muy violentos y el resultado final había sido que la población de etnia turca se había tenido que recluir en enclaves fortificados y aislados que constituían el 5% del territorio, y tenían su propia administración que no reconocía para nada al gobierno de Makarios y gozaba de la protección económica de Turquía. La capital, Nicosia, estaba dividida en una zona griega y otra turca por la llamada Línea Verde, que habían establecido los británicos. Fuerzas de la ONU garantizaban que no hubiera más altercados. En Chipre había dos bases militares bajo soberanía británica. Oficialmente Chipre estaba entre los Países No Alineados. Pese al conflicto interno, la economía chipriota estaba en expansión, gracias al turismo y a la exportación agrícola y minera, aunque esto favorecía casi exclusivamente a la comunidad grecochipriota.

Casi todos los países de África habían sido colonias europeas hasta al menos 1950 (o seguían siéndolo) excepto cuatro:

Los países árabes del norte de África, además de Egipto, del que ya hemos hablado, eran:

Recorremos ahora las excolonias Francesas del África negra. Todas ellas se habían independizado más o menos al mismo tiempo, hacía casi diez años:

Pasamos ahora a las excolonias británicas:

Había además tres excolonias belgas:

El último país independiente en África era la República de Guinea Ecuatorial, que se había independizado de España hacía menos de dos años. Nació como una república democrática presidencialista, pero Francisco Macías Nguema, elegido presidente en unas elecciones, no había necesitado más que unos meses para provocar una crisis diplomática con España e ilegalizar todos los partidos políticos. Además ejecutó a todos los abogados y políticos que habían redactado la constitución. Su poder se basaba en las Juventudes en Marcha con Macías, una milicia popular que sembraba el terror en el país y asesinaba a cualquier sospechoso de disidencia. Macías había expulsado a más de 7.000 residentes, maestros y técnicos españoles que gestionaban el país, así que estaba buscando sustitutos en la Unión Soviética, China y Cuba. En el momento de su independencia, Guinea Ecuatorial tenía una de las rentas per cápita más altas de toda el África negra y una economía agraria floreciente, pero la expulsión de los españoles y la huida de miles de trabajadores nigerianos atemorizados por las milicias habían sumido al país en la pobreza. El país estaba dividido en una región continental (Río Muni) en la que vivía el 80% de la población, de etnia fang, y la isla Fernando Poo, de etnia Bubi, donde estaba la capital, Santa Isabel. Tradicionalmente, los bubis habían sido los más ricos y educados, pero la dictadura de Macías había traído la hegemonía de los fang.

España había ido devolviendo a Marruecos sus posesiones en la costa africana, salvo las Islas Canarias, las ciudades de Ceuta y Melilla y el Sahara. Las Islas Canarias estaban pobladas por españoles desde el siglo XV y no se consideraban colonias, ni había ningún país que reclamara su soberanía. La situación con Ceuta y Melilla era similar, si bien en este caso Marruecos sí que las reclamaba como parte de su territorio ocupado. También reclamaba el Sahara, aunque el régimen de Francisco Franco lo presentaba como una provincia española más, pero la realidad no era exactamente esa: los nativos saharauis sufrían una discriminación salarial frente a los trabajadores europeos y no podían acceder a los rangos de oficiales en el ejército. En el territorio convivían unos 50.000 saharauis nativos con unos 20.000 españoles (principalmente militares, funcionarios y mineros). Hacía alrededor de un año que Mohamed Sidi Brahim Basir había fundado la Organización Avanzada para la Liberación de Saguia el Hamre y Río de Oro (los nombres de las dos regiones que constituían la provincia del Sahara), una organización clandestina más conocida como el Movimiento Nacional de Liberación Saharaui. Su objetivo era que se convocara un referéndum de autodeterminación del Sahara, negando a la vez la legitimidad de cualquier reclamación marroquí sobre el territorio.

Otro territorio africano que reclamaba su independencia era Namibia. Había sido colonia alemana, pero al fin de la Segunda Guerra Mundial la Sociedad de Naciones lo dejó bajo la administración de Sudáfrica. Ahora la ONU (como heredera de la Sociedad de Naciones) había decretado que el mandato de Sudáfrica había terminado, pero Sudáfrica hacía el mismo caso que Israel de las resoluciones de la ONU que no le convenían y mantenía el control militar absoluto sobre Namibia, donde aplicaba la misma política de Apartheid que en su propio territorio: la población blanca representaba el 14% de la población, pero poseía casi todas las tierras fértiles, mientras que a la población negra la estaba encerrando en Bantustanes, que eran diez zonas aisladas y áridas. Contra esto se alzaba la SWAPO (Organización del Pueblo de África del Suroeste) y su brazo armado, el PLAN (Ejército Popular de Liberación de Namibia), que actuaba principalmente desde bases en Zambia. Muchos de sus guerrilleros se encontraban recibiendo entrenamiento en Moscú y en La Habana.

Pero el país que más se obstinaba en mantener su imperio colonial era Portugal. Como hacía España con el Sahara, no se refería a sus colonias como colonias, sino que oficialmente eran "Provincias Ultramarinas", que eran tres y constituían tres frentes de una sangrienta guerra. Portugal disponía entonces de un ejército colonial de 150.000 soldados:

Aparte de estas colonias (y de las islas Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe) Portugal conservaba otras dos colonias fuera de África: Macao, en la costa de China y el Timor Portugués, la parte oriental de la isla de Timor, cuya parte occidental pertenecía a Indonesia.

Hemos pasado por alto algunas islas pequeñas, como Mauricio (que se había independizado de Gran Bretaña hacía algo más de un año), Salomón Chagos, Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña (bajo soberanía británica) y las Comoras y Reunión (bajo soberanía francesa).

Empezamos ahora el recorrido por el continente americano. Los Estados Unidos eran la mayor potencia económica del mundo, que aportaba la tercera parte del Producto Interior Bruto mundial, seguida de la Unión Soviética, pero a considerable distancia, pues su Producto Interior Bruto no llegaba al 55% del estadounidense. Como ilustración de su liderazgo científico destacaba el reciente logro de las misiones Apolo 11 y Apolo 12, que habían llevado con éxito hombres a la Luna, pero más indicativo era que hasta entonces los Estados Unidos habían conseguido 77 galardones en los premios Nobel científicos, seguido de los 45 de Gran Bretaña y los 42 de Alemania. En cambio, la URSS sólo contaba con 8 premios Nobel, en quinto lugar, por debajo también de Francia, aunque aquí hay que tener en cuenta que estas cifras ocultan que el desarrollo científico soviético se había producido en las últimas décadas y, por otra parte, la Unión Soviética tendría a mantener en secreto sus progresos científicos, por lo que era más difícil que éstos fueran reconocidos internacionalmente. En términos de logros concretos, en los Estados Unidos tenemos el desarrollo de la vacuna contra la poliomielitis (de Jonas Salk), el primer transplante de órganos exitoso (por el cirujano Joseph Murray), el descubrimiento de la estructura del ADN y del código genético, el desarrollo del láser, la construcción de la primera central nuclear dedicada a la generación de electricidad, la invención del transistor y la creación de ARPANET (la primera red de ordenadores conectados entre sí).

Como ya hemos señalado, la administración Nixon veía al comunismo en general y a la Unión Soviética en particular como la mayor amenaza para el mundo en general y para los Estados Unidos en particular. Sus planes a medio plazo consistían en tratar de alcanzar un buen nivel de relaciones diplomáticas con China, en parte para debilitar a la Unión Soviética, y en parte para facilitar un acuerdo de paz en Vietnam. Sobre la guerra de Vietnam y la presencia militar estadounidense en el sureste asiático ya hemos hablado más arriba.

En su entorno más inmediato, los Estados Unidos habían contemplado con preocupación la implantación del comunismo en Cuba, especialmente cuando la Unión Soviética instaló en la isla misiles nucleares capaces de atacar puntos vitales de la geografía estadounidense, lo que dio lugar a la Crisis de los Misiles, uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría, que estuvo a punto de desencadenar una guerra. El respaldo soviético a Cuba (y el fracaso en la Bahía de Cochinos) había hecho que se descartara cualquier intento de intervención militar de la isla, pero la CIA no dejaba de apoyar discretamente a cualquier movimiento anticastrista, y la isla estaba sometida a un fuerte embargo comercial. Pero el objetivo principal de los Estados Unidos en América era evitar que surgiera una segunda Cuba. Por ello ahora los Estados Unidos apoyaban abiertamente a cualquier gobierno americano con credenciales anticomunistas, sin importar si se trataba de dictaduras a las que los países comunistas no tuvieran nada que envidiar en cuento a represión y violación de los derechos humanos. Ya de paso, esto permitía fortalecer los intereses de las empresas multinacionales estadounidenses, que a menudo explotaban los países latinoamericanos en los que operaban. En la política interior, los Estados Unidos estaban atravesando un periodo convulso en el que a las reivindicaciones por los derechos civiles de los negros se sumaban las manifestaciones pacifistas contrarias a la guerra de Vietnam y, en menor medida, otros movimientos por los derechos de las mujeres, homosexuales, transexuales, etc. Más silenciosa era la población india (nativa americana), que era de unas 800.000 personas (un 0.4% de la población total). De ellos, un 28% vivía en reservas indias, mientras que un 45% se había integrado en las zonas urbanas. El resto vivía en zonas rurales. En general, sus condiciones de vida eran bajas, muy por debajo de la media estadounidense. Aunque en decadencia, existía desde hacía casi un siglo un sistema de internados por el que muchos niños indios eran separados forzosamente de sus familias para estudiar en colegios públicos donde se les inculcaba la cultura estadounidense. Sin embargo, no había dado los resultados esperados: algunos indios mantenían en secreto su identidad cultural durante su estancia en los internados, otros la recuperaban al reunirse con sus familias, si bien muchos acababan desubicados, traumatizados y víctimas de alcohol y las drogas.

Canadá estaba gobernado por el carismático primer ministro liberal Pierre Trudeau, que aplicaba políticas sociales progresistas. El problema más delicado al que tenía que enfrentarse era el movimiento secesionista del nacionalismo francófono, encarnado en el Parti Québécois, que iba ganando fuerza electoral, y el Frente de Liberación de Quebec, que estaba cometiendo atentados terroristas. El año anterior se había aprobado la Ley de Lenguas Oficiales, que declaraba al inglés y al francés como lenguas oficiales en todas las instituciones del Estado. La población india era de unas 312.000 personas, (el 1.5% de la población total). Existía un sistema de Escuelas residenciales para indios similar al estadounidense, pero mucho más activo, e igualmente ineficaz. Incluso se daban casos de niños arrebatados a sus familias para darlos en adopción a familias blancas.

Recorremos ahora los países latinoamericanos:

Tres Estados insulares caribeños se habían independizado hacía unos años de Gran Bretaña, y las tres contaban con gobiernos democráticos constitucionales. Eran Jamaica, Trinidad y Tobago y Barbados. Todas ellas carecían de población indígena autóctona. La mayoría de la población era descendiente de esclavos negros traídos de África o de trabajadores traídos de la India el siglo anterior. Pasamos a Sudamérica:

En América todavía quedaban algunos territorios coloniales. En el continente estaban:

Aparte de estos territorios, había muchas islas en el Caribe que mantenían su status colonial. La más peculiar era Puerto Rico, que poseía una condición de Estado Libre Asociado dentro de los Estados Unidos que ponía a la población bajo las leyes federales comunes a todos los Estados, pero no tenía derecho a votar al presidente. Pero lo más curioso era que cualquier puertorriqueño tenía derecho a instalarse en cualquiera de los Estados del continente (sin necesidad de ninguna clase de pasaporte o visado), y entonces ya tenía derecho a votar al presidente. Globalmente la población estaba satisfecha con este status, pues el independentismo era muy minoritario. Las restantes eran las Antillas Neerlandesas (seis islas), las Antillas Francesas (Martinica y Guadalupe), y una larga lista de colonias británicas que incluía Las Bahamas, las Antillas menores (como las islas Caimán o las Islas Vírgenes Británicas) y, mucho más al sur, las islas Falkland, que Argentina reclamaba como propia con el nombre de islas Malvinas.

Hemos pasado por alto un gran número de pequeñas islas repartidas por todo el planeta, la mayoría de las cuales eran colonias o protectorados. Entre las islas que habían conseguido recientemente su independencia estaban Malta (en el Mediterráneo), Samoa Occidental y Nauru (en el Pacífico) o las Maldivas (en el océano Índico). Gran Bretaña controlaba la mayor red de islas (Fiyi, Tonga, las Islas Salomón, Mauricio, las Seychelles, etc.), Francia gobernaba en la Polinesia Francesa, Nueva Caledonia, Reunión, etc. Los Estados Unidos gobernaban la Samoa Estadoundense, Guam, las Islas Marshall, Micronesia, etc.

Terminamos recordando que en ese momento el mundo estaba sufriendo una pandemia: la llamada Gripe de Hong Kong, que ya se había cobrado más de un millón de vidas.

La llegada a la Luna
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