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ESTROFA XII SIGUIENTE

Cera y cáñamo unió - que no debiera -
cien cañas, cuyo bárbaro ruido,
de más ecos que unió cáñamo y cera
albogues duramente es repetido.
La selva se confunde, el mar se altera,
rompe Tritón su caracol torcido,
sordo huye el bajel a vela y remo:
¡tal la música es de Polifemo!

Comentarios:

Seguimos observando a Polifemo, que ahora saca la armónica que él mismo ha construido:

Cera y cáñamo unió - que no debiera -
cien cañas, ...
El cíclope la hace sonar y un brusco hipérbaton y unos versos sincopados nos dan idea del terrible efecto:
             ... cuyo bárbaro ruido,
de más ecos que unió cáñamo y cera
albogues, duramente es repetido.
El sonido retruena y se refleja en cientos de ecos. El hipérbaton no desordena la frase caóticamente, sino que le hace ejemplificar los ecos disponiendo las palabras en una perfecta simetría: Cera y cáñamo unió... unió cáñamo y cera. Después de haber experimentado por nosotros mismos lo terrible que es la música de Polifemo, miramos alrededor para apreciar sus consecuencias:
La selva se confunde, el mar se altera,
rompe Tritón su caracol torcido,
sordo huye el bajel a vela y remo:
El último verso tiene seis sílabas tónicas y los dos primeros cuatro cada uno (cuando lo habitual son tres). El culpable de todo esto aparece en la posición más destacada del último verso (en la rima):
¡tal la música es de Polifemo!
Aquí casi termina la descripción de Polifemo. Hemos visto que ha estado marcada por los contrastes: Aspecto horrible, un humilde pastor, un músico terrible y, para terminar, en la estrofa siguiente se vuelve a insinuar su lado humano: Polifemo está enamorado.

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