La línea paterna. «No tengo demasiado interés por mi parte paterna, no hay ningún apego», advertía Mari Carmen — que lleva años pensando en cambiar el orden de sus apellidos (y un día, en el registro civil del Saler, descubrió que sólo hace falta el DNI: «lo vi tan fácil que me fui corriendo»). Aun así, la investigación también rascó por aquí, y salieron cosas.
El padre. De San Antonio de Requena, nacido en 1910 — aunque su partida no se inscribió hasta que tenía 23 años, con los padres ya muertos: un misterio administrativo nunca resuelto. En la partida consta el abuelo, Agustín Monteagudo Ferrer. Administrativo de VOLTA (la eléctrica de entonces), trabajó y vivió largo tiempo en Llíria, junto a la estación transformadora. Guapo y creído — «se ponía un huevo crudo en el pelo para mejorarlo».
Antes de casarse con María Luisa tuvo otro matrimonio «de barrio» durante la guerra, después declarado nulo; de ahí nació una hermana de padre que vive en Francia — y tres sobrinos repartidos entre la isla Reunión, Francia y Valencia. Del matrimonio con María Luisa y su final — separación judicial y canónica, con malos tratos de por medio — se habla en la página de la madre.
Murió el 23 de noviembre de 1986 en Almassora, en casa de su hermana Emilia (así lo fecha el certificado de defunción; la memoria familiar decía 1987).
En San Antonio de Requena el Ayuntamiento editó un libro con todos los pobladores del lugar, donde constan los hermanos: Emilia, Arturo, Manuel, Marina, Teodoro, Francisco (el de Barcelona)…
Manuel (n. 1917) dio la gran sorpresa: emigró a Brasil — desembarcó en Santos en 1955, procedente de Barcelona — donde su carné de extranjero lo describe como camarero («garção»), con señas tan precisas como unos dedos amputados. «Se parece mucho a mi padre. ¡Eran muy guapos!»
El carné de extranjero de
Manuel Monteagudo Castillo, São Paulo, 1955 — con su foto.
La
página del libro de San Antonio con los Monteagudo.
Los bisabuelos
Monteagudo, en el libro.
Del libro del pueblo: «Carmen» Monteagudo — que era un varón, el del
blusón, «y por lo visto muy simpático» — con la banda de música, 1918.
En la familia también hubo gemelos.
Por la línea del abuelo paterno apareció el apellido Expósito — el que se ponía a los niños abandonados: «o la tatarabuela era un poco pendona o era hija de finos». El abuelo era mecánico, probablemente en la fundición. Como Requena pertenece a una diócesis sin digitalizar, aquí la investigación tocó techo.
El apellido Monteagudo, toponímico, apunta a los castillos «sobre un monte muy agudo» de Navarra o de Murcia — Mari Carmen apuesta por Navarra, «sin base científica», por aquello de las repoblaciones.