Genealogía Morris

Genealogía Morris

La historia de una familia entre Londres, Valencia, Ferrol y Honduras, reconstruida entre 2019 y 2022 por Mari Carmen Monteagudo Morris y Elia Costa Costa.

El escudo Morris El «escudo Morris» que Luz regaló al grupo en 2024 — heráldica de andar por casa, hecha con inteligencia artificial (la de verdad, ya se sabe, acabó en Buckingham Palace… sirviendo la mesa). Pero el león levanta la ceja como los Morris.


En febrero de 2019 Raúl presentó por WhatsApp a su madre, Mari Carmen Monteagudo Morris, y a su amiga Elia Costa Costa — genealogista aficionada de Pedreguer (con dos apellidos iguales: «y si tuviera más, el tercero sería Costa también»), apasionada y tenaz: «es como hacer sudokus aprendiendo historia». Lo que empezó como una curiosidad — ¿quiénes eran esos Morris enterrados en el cementerio británico de Valencia? — se convirtió en más de cien horas de investigación, un grupo de Facebook con descendientes que ni se conocían entre sí, tests de ADN, visitas a archivos y cementerios, y una historia familiar que abarca siete generaciones.

Estas páginas recogen todo lo que se descubrió.

Mapa de los lugares de la familia De Richmond al Grao, de Chiclana a Ferrol, y de allí a medio mundo: los lugares de esta historia.

Las ramas de la familia

Cronología mínima

¿Eres de la familia?

Casi todo lo que hay en estas páginas salió de Descendientes de Henry Morris, un grupo privado de Facebook. Para entrar hay que pulsar Unirte al grupo y esperar a que un administrador lo apruebe. Ahí es donde conviene llevar lo que uno tenga — una foto, un papel, un nombre escrito por detrás — y donde siguen abiertas las preguntas sin respuesta.

Y si no usas Facebook, escribe a raul.salinas (arroba) uv.es: también por ahí se recogen fotos, datos y correcciones.


Elaborado a partir del archivo de la conversación de WhatsApp «Genealogía Morris» (febrero 2019 – noviembre 2022, 5.400 mensajes y más de 400 fotografías y documentos).

Este sitio no existiría sin la generosidad de Elia Costa Costa, que regaló a esta familia más de cien horas de investigación rigurosa, cientos de documentos rescatados de archivos de dos países y el entusiasmo contagioso de quien, al nombrar a los que ya no están, los resucita un poco. Como dijo ella misma: «si yo fuera un finado, me alegraría de que alguien se interesara por recordarme». Gracias, Elia.