Los hijos de Carlos Morris
Soriano. De aquella casa llena de niños en Galicia «no vive ninguno:
sólo quedamos mi primo, mi hermana y yo. ¡De tanta gente!».
La familia: Carlos, Consuelo, Vicente
Carballo, María Luisa…
Con Amparo
Enrique «Quique» — el mayor. Murió de niño: se
subió a escondidas al caballo del padre (un caballo que se agachaba para
que montara el abuelo) y a la mañana siguiente la criada gritaba
«¡Señorito, señorito, Quique muerto!». Su hermana María Luisa, de 5
años, tiró de pena todos sus juguetes.
Amparo «Parucha» — casada con Vicente Carballo,
vivió en Vilagarcía de Arousa entre gente finísima (una
amiga, «Cuqui», llegaba de visita en coche oficial con marinero de
chófer). Sus hijas: Amparo «Pucuca» Rita, que se
suicidó una Nochevieja dejando a todos esperándola, y Antonia
«Tonecha», muerta a los 13 años — «un cielo de chiquilla» que
ejercía feliz de maestra en una aldea, con medias gordas, entre gente
que no sabía leer.
María Luisa (1909) — la madre de Mari Carmen. Ver
abajo.
Carlos Ramiro (Ferrol, 1910) — emigró a Argentina y
Chile, comerciante en Santiago. Se escribía con sus hermanas hasta que
un día llegó el silencio; pensaron que había muerto en un terremoto.
Décadas después Mari Carmen lo encontró por internet — fallecido de
infarto, con la colaboración del director del cementerio de Santiago,
«¡hasta el número de autopsia!». Un mes antes de nacer Mari Carmen, el
tío Carlos escribía a su hermana pidiéndole que comprara ya los pasajes:
por poco no nace en Chile.
Emilia «Milita» — murió jovencísima, de
tuberculosis: el certificado de Ferrol, de 1950, le da 24 años (aunque
las fechas no acaban de cuadrar, como tantas veces en los papeles de
esta familia).
En la terraza, años 20:
Emilia Morris Soriano, Amparo con la pequeña Amparo Rita en brazos,
Elvira…
Con Consuelo
Consuelo «Lelo» — la última tía; de su álbum
salieron las fotos más antiguas de la familia.
Pilar — casada con Ramón Lara, viudo con cuatro
hijos, que murió en accidente de coche llegando a Madrid. Su hijo
Carlitos, paracaidista, murió a los 36 años
electrocutado por un cable. «Una familia gafada.»
Consuelo madre con sus hijas Pilar y Consuelo, y Carlitos en
brazos.
Ramón Lara, el marido de Pilar.
María Luisa, la madre
María Luisa, de niña,
con su lazo.
Funcionaria del antiguo INP, «muy culta, muy católica — no beata: muy
creyente». Su vida fue una carrera de obstáculos:
Un novio de la Guardia Real — casado, aunque lo
calló — la dejó embarazada de María Jesús (Madrid,
1940). Los Morris Cooley, con quienes
hasta entonces se llevaba bien, la repudiaron por madre
soltera.
Se casó después con Vicente Monteagudo
(los Monteagudo) para dar apellidos a la
niña; él se negó a dárselos. El matrimonio fue violento y ella lo dejó —
separación judicial y canónica en una época en la que
«la gente se aguantaba»: hay papeles de la casa de socorro con el parte
de lesiones, y testigos que declararon oír los gritos y los lloros de la
pequeña Mari Carmen.
Sacó adelante sola a sus dos hijas viviendo en una habitación de un
convento, trabajando como funcionaria cuando las casadas no podían
trabajar.
Cuando enviudó su cuñado Rafael quiso casarse con ella; lo rechazó
«porque le daba no sé qué por su hermana Virita». Sentencia de la hija:
«¡Fue tonta!».
Murió el 7 de septiembre de 1976; su nicho, con
retrato de cerámica, está en el Cementerio General — Elia pasó a verlo en los primeros días
de la investigación («el macetero de tu madre está roto… bueno, solo
despegado»).
El nicho de María Luisa Morris de
Castro (†7-9-1976).
José Rafael, el primo que
vino andando
El primo — primo hermano y primo segundo a la vez —
nació el 3 de enero de 1935. Huérfano de madre, con el padre huido en
barco de Franco, acabó en un orfanato de Cartagena. Con
14 años se escapó y vino andando hasta Valencia
buscando a su tía María Luisa — «como Marco». Llegó rendido, se durmió
en un portal junto a la relojería Morera, y una vecina, la señora
Pepita, lo subió a su casa y lo cobijó.
Las monjas del convento no dejaron que su tía se hiciera cargo; los
Morris Cooley pasaron de él; y acabó reuniéndose con su padre en
Argelia. De allí salió con los pieds-noirs
hacia Francia, donde vive — francés, alegre, metódico y activísimo:
montaña, zodiac, jardín, coche, tres hijos y una decena de bisnietos.
Para la investigación fue un filón: mandó 28 certificados y tandas de
fotos «perfectamente escaneadas y ordenadas».