Centre Cultural La Nau, Sala Martínez Guerricabeitia

Fecha: Del 16 de febrero de 2016 al 22 de mayo de 2016.

Horario:
 
De martes a sábado, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas. Domingos y festivos, de 10:00 a 14:00 horas.
Lunes cerrado.
 
Entrada libre
 
 
 
 
Joaquín Michavila, Forma emergente, 1976, Colección Ars Citerior de la Comunidad Valenciana 
 
 
 
 
 
 
Organiza:
 
 
 
Universitat de València
Centre Cultural La Nau
 
Comisariado:
 
Pascual Patuel Chust. Universitat de València
 
Colabora:
 
Banco Santander
Heineken
 
 
 

GUÍA DIDÁCTICA

 
 
 
 
Dentro del panorama de las artes plásticas valencianas de la década de los años cincuenta destaca la figura del pintor Joaquín Michavila (L’Alcora 1926). Su trayectoria se caracteriza por la búsqueda incansable de la modernidad dentro del ambiente realista y sorollista de la Valencia del momento. Formado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, ampliaría los horizontes estéticos en Italia. Sus inquietudes por superar este anodino contexto artístico le llevaron a participar en las iniciativas grupales más renovadoras del panorama valenciano, como el Grupo Los Siete (1949-1954), el Grupo Parpalló (1956-1961), El Movimiento Artístico del Mediterráneo (1956-1961) o el Grupo Antes del Arte (1968-1969).
 
Sus primeros pasos se sitúan dentro del contexto postimpresionista, para ir aumentando su interés cada vez más notorio hacia la forma de sus bodegones y paisajes. En 1958 el paso hacia la abstracción es muy evidente y se irá madurando hasta desembocar en una geometría que alcanza su período álgido entre 1968 y 1978. Michavila lleva a cabo una pintura trascendental, dotada de un gran rigor formal con amplios planos que divergen unos de otros mediante tensiones laterales. El color negro remarca la zona de máxima tensión donde se produce la separación de masas y entre estas “grietas oscuras” emergen los planos de gamas cálidas en rojo, marrón, siena, rosa y amarillo.
 
A partir de 1978, Michavila descubre artísticamente la Albufera de Valencia y se produce un reencuentro con el paisajismo de sus inicios que va a centrar su atención en el futuro. Ahora su mirada neofigurativa es mucho más madura y crítica, denunciando la agresión ecológica que este paraje natural sufre, víctima de la contaminación. Destaca la serie de El Llac, que tendrá sus oportunas continuaciones en El Riu y Espais acotats. Toda ella es un testimonio de vinculación afectiva y artística a su tierra a través de un elemento enormemente valenciano. Estos espacios destilan el aroma de las construcciones y formaciones naturales con sus mil y un reflejos cristalinos, y su riqueza cromática en tierras, blancos, grises, ocres, grises azulados. Al paso del tiempo, el carácter gestual se acentúa y el color se enriquece con la presencia de anaranjados, ocres claros, rojos, grises tenues, etc. Los cuadros repiten una y otra vez temas similares, pero sin que cunda la monotonía, porque cada uno de ellos es tratado con un exquisito poder de captación del momento efímero que ha impactado su sensibilidad.
 
 
 
 
 
Joaquín Michavila, Densidades II, 1972-73, Colección particular

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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