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  • Claustro

Centre Cultural La Nau, Sala Estudi General

Fecha: Del 7 de marzo de 2018 al 22 de abril de 2018.

Horario:
De martes a sábado, de 10:00 a 14:00 horas y de 16:00 a 20:00 horas. Domingos y festivos, de 10:00 a 14:00 horas
  Lunes cerrado
 
Entrada libre
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
Organiza:
 
 
 
Escola d'Art i Superior de Ceràmica de Manises
Vicerectorat de Cultura i Igualtat de la Universitat de València
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
 
Comisariado:
 
 
Pascual Timor
Mª José Sanz Nuez
Carmen Ruiz Navarro
 
 
 
 
 
 

Artistas que participan:

 

Amparo Almela
Amparo Boluda
Carmen Sánchez
Myriam Jiménez
Rafaela Pareja
Supi Hsu
Teresa Guerrero
 
 
 
 
 
Colapso, 2014 © Amparo Almela
 
 
 
 
 
En el proceso cerámico intervienen los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. La cerámica es la tierra viajando y cambiando su estado al combinarse con los otros tres elementos de la materia. El agua la convierte en materia suave, maleable y moldeable para modificar su forma. El aire dispersa el agua para comenzar su solidez y permanencia. Finalmente el fuego se funde con ella y transforma su esencia culminando el viaje.
 
Muchas tradiciones comparten la teoría de los cuatro elementos y también el relato del origen de la humanidad, donde la deidad modela al ser humano y con su aliento le da vida. La materia se transforma y cambia su esencia. Los y las ceramistas también modelan y dan vida a sus piezas como deidades mundanas. La cerámica tiene también vínculos con el culto a la maternidad y la fertilidad que arquetípicamente se vincula a la mujer. La Madre-Tierra que se expresa a través de ellas. El proceso de transformación de la materia por la acción del calor se ha relacionado con los misteriosos procesos alquímicos. Durante siglos, para asegurar una buena cocción se recurría a rituales religiosos o mágicos buscando la gracia de las deidades. La mujer también ha despertado ese desconcierto por su capacidad de crear vida, el misterio de su cuerpo y de su sexo que se interpretaba como la puerta de llegada al mundo. La paciencia, la espera y la sorpresa del nacimiento, se ha relacionado con los tiempos del proceso cerámico que no pueden apremiarse y también con la última palabra de la cocción que no puede controlarse en su totalidad. Incluso el cuerpo de una mujer se ha comparado con la vasija que alberga la vida.
 
 
 
 
 
Red, 2011 © Amparo Boluda
 
 
 
 
 
La cerámica es una expresión de las capacidades humanas. Ha dado solución a problemas cotidianos acompañando revoluciones como la neolítica de la mano de la agricultura y también el ser humano la ha elegido para reflexionar sobre cuestiones trascendentales, mágico-religiosas, sociales, artísticas y estéticas.
 
Su consideración e importancia ha ido basculando desde el desdén por su vínculo con la materia más pobre y los objetos funcionales, hasta un culto al lujo encarnado sobre todo por las porcelanas, los primeros revestimientos y pavimentos de los palacios, o las piezas únicas. Siendo casi invisible en la historia del arte, como lo ha sido la mujer artista.
 
La característica de la invisibilidad ha acompañado a la mujer como creadora de arte en general y de cerámica en particular. Las genealogías son importantes para reconocernos en ellas, y las ceramistas apenas las tienen. Los autores o autoras más antiguos no se conocen y como lo genéricamente humano se define en función del varón, la invisibilidad permanece. Además lo genérico enmarcado en lo masculino genera una paradoja cuando utilizamos determinadas construcciones. Si quiero destacar a una autora como una de las mejores ceramistas ¿entendemos que es la mejor entre las mujeres ceramistas o entre todas las personas ceramistas independientemente de su género? Sin embargo si decimos lo homónimo de un autor, es decir “es uno de los mejores ceramistas”, no hay confusión. El lenguaje es el instrumento que nos ayuda a conocer e interpretar el mundo. Construye pensamiento y el pensamiento crea realidades. Y de manera inconsciente condiciona nuestro conocimiento del mundo.
 
 
 
 
 
Erlo VI, 2017 © Carmen Sánchez
 
 
 
 
 
La historiografía tradicional atribuye a la mujer los inicios de la cerámica, en cuanto relega  a la mujer al ámbito doméstico. Aunque, curiosamente, atribuye las manifestaciones artísticas pictóricas y escultóricas al hombre. Sin embargo, las actuales teorías que incluyen los nuevos avances en perspectiva de género, no comparten esta división de trabajos y encontramos hallazgos como la presencia segura de mujeres en las pinturas de manos prehistóricas dados los estudios antropométricos o las teorías que interpretan las llamadas venus prehistóricas como autorretratos que plasman la perspectiva del autoconocimiento del cuerpo.
 
Los primeros nombres de mujeres ceramistas rescatadas gracias a las investigaciones feministas que comenzaron a principios de la década de los años 70, aparecen ligados al campo de la reforma de las artes decorativas y al nacimiento del diseño en la segunda mitad del siglo XIX. Como Hannah Barlow en Inglaterra o Mary McLaughlin y Maria Longworth en Estados Unidos. Pese a que la historia del movimiento de la cerámica artística en esos momentos, está aún por investigar en profundidad. La participación de la mujer fue decisiva, supuso un gran impulso para profesionalizar su práctica y reivindicar su equivalencia con las producciones masculinas.
 
 
 
 
 
 Orden, serie Paisajes Urbanos, 2017 © Myriam Jiménez
 
 
 
 
 
La Escuela de la Bauhaus incorporó en sus inicios esta disciplina como oficio en el que arte e industria podían darse la mano. Es precisamente en el taller cerámico y en el de textiles donde encontramos la mayor presencia de mujeres, relegadas a lo que se consideraba apropiado a su sexo. La modernidad de la Bauhaus se expresará en la revolución formal y conceptual del diseño pero la mentalidad patriarcal siguió respirándose. Marguerite Wildenhain o Grete Marks destacaron por sus trabajos cerámicos y continuaron su brillante trayectoria después de su paso por la Bauhaus. Igual que sucedió con otras de sus compañeras sus nombres aparecen invisibilizados tras la fama de sus compañeros varones.
 
Coetáneas a las artistas bauhasianas encontramos a Susie Cooper y Clarice Cliff enmarcadas en el Art Déco y a la más conocida dentro de los círculos cerámicos Lucie Rie. La estética de sus elegantes piezas conjuga la potencia escultórica de las formas puras con las formas tradicionales cerámicas. Se la considera junto a Bernard Leach y Hans Coper, pionera de la cerámica de estudio.
 
En la segunda mitad del siglo veinte, dentro del Organicismo destacan los diseños cerámicos de Eva Zeisel, con su búsqueda lúdica de la belleza, como ella misma definía su trabajo.
 
 
 
 
 
Anatomías, 2017 © Rafaela Pareja
 
 
 
 
 
María Montoya, Martínez y Lucy M. Lewis y Margaret Tafoya han impedido que la cerámica de los pueblos nativos americanos desapareciera y con su obra han dejado una gran impronta en la cerámica contemporánea.
 
Afortunadamente la presencia de la mujer en los circuitos del mundo cerámico cada vez ha sido mayor. Prueba de ello es su presencia en las principales ferias internacionales o las bienales de cerámica. Sin embargo siguen pesando las categorizaciones en el mundo del arte y tanto a la cerámica como a las mujeres les queda camino que recorrer para ocupar el lugar que merecen.
 
Si ser mujer es una construcción cultural, también lo es la consideración de la cerámica como una disciplina menor en el ámbito del arte y el diseño, y por ello se abre una inmensa posibilidad: también podemos crear, inventar, definir un nuevo modelo de entender y construir la disciplina cerámica. Deshacernos de tópicos y clichés.
 
Artistas mujeres, partiendo de las llamadas “cuestiones femeninas” se han rebelado a esta categorización, realizando un arte de conquista del espacio público, reivindicando las actividades tradicionalmente femeninas, como la cerámica, transformándolas en una práctica escultórica. Muchas de estas artistas comparten la visión de que su temática las eligió a ellas, no tuvieron elección porque como dijo Kate Millet “lo personal es político”.
 
 
 
 
 
Zapatos rojos, 2016 © Supi Hsu
 
 
 
 
 
Judy Chicago eligió la cerámica, junto al bordado, como materia protagonista de su conocida obra The Diner Party. Elije disciplinas tradicionalmente consideradas femeninas y de segundo orden para ponerlas en valor en un homenaje a la genealogía de las mujeres protagonistas del arte, la cultura, la política y la sociedad en la historia.
 
Ahora que las fronteras de las disciplinas artísticas se disuelven y el empoderamiento de la mujer en el mundo del arte empieza a dar sus frutos encontramos mujeres que utilizan la cerámica desde diferentes planteamientos, mostrando su talento y las infinitas posibilidades creativas de la cerámica, tanto a nivel nacional como internacional. Ejemplo de ello son las propuestas de las siete ceramistas que se agrupan en esta exposición. Propuestas que transitan a través de diferentes materiales como la porcelana o el gres, diferentes técnicas, acabados y cocciones. Así como géneros, desde la escultura, el mural, la seriación modular o las instalaciones. Reclamando junto con los trasfondos conceptuales, la entidad de la expresión de las mujeres como sujetos del arte y el valor de la cerámica como materia creativa.
 
Carmen Sevilla
 
 
 
 
Mural © Teresa Guerrero

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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