1.Introducción
2.Regeneración orgánica
3.Regeneración política
4.Conclusiones

Sistema electoral

REGENERAR EL P.C.E.
Rafael Pla López
agosto de 1999
(adición en abril de 2001)
Intervención en el Comité Federal del 4-7-1998
Intervención en el Comité Federal del 19-6-1999
Refundar IU
El debate sobre la "derrota"
Erratas
Superar IU (CF, 18-3-2000)
Reconstruir una izquierda unitaria (CF, 21-10-2000)
Reconstruir la unidad del Partido (CF, 16-12-2000)
Comunismo, democracia (CF, 17-3-1)
El comunismo, movimiento y objetivo global (CF, 30-6-1)
Propuesta de sistema electoral (6-10-1)
Propuestas para el XVI Congreso del PCE (CF, 17-11-1)
Enmiendas para el XVI Congreso del PCE
Sobre el Informe para el XVI Congreso del PCE (CF, 23-2-2)

1. Introducción:

        Los contenidos políticos de esta página han sido expuestos en el seno del Comité Federal del PCE, y en particular en respectivas intervenciones antes y después del último Congreso. Lo que sigue es un desarrollo argumental de las reflexiones allí realizadas, que ante el desarrollo de los acontecimientos me ha parecido conveniente hacer públicas.
        Naturalmente, la propuesta de regenerar el PCE parte de la consideración de que
éste ha sufrido un proceso de degradación, pero también de la valoración de que es posible su regeneración a partir de su realidad actual: no se trata de "refundar" un PCE que no ha sido disuelto, sino de recuperar rasgos valiosos y superar inercias indeseables.
        No se trata tampoco de recuperar funciones (como la proyección institucional) que actualmente desempeña IU, ni menos aún de contraponer el PCE a IU. Por el contrario, la regeneración del PCE ha de ser una componente importante de la necesaria refundación de IU. En particular, dicha regeneración, y su proyección en el trabajo social que actualmente NO desempeña IU, es importante para la construcción de un movimiento político y social alternativo.
 

2. Regeneración orgánica:

        En múltiples documentos congresuales, de Conferencias de Organización, etc., se insiste en mejorar el funcionamiento de las Agrupaciones, orientándolas a un trabajo de articulación y movilización social en su espacio de actuación, procurando una mejor preparación de sus reuniones que facilite una mayor efectividad de la mismas para la reflexión colectiva y la adopción colectiva de acuerdos. Podría extenderme en estas consideraciones, pero sería difícil que superara la brillantez de los documentos emanados del Comité Federal.
        Sin embargo, el Comité Federal del PCE es un ejemplo patente de mal funcionamiento, con reuniones mal preparadas y organizadas, que no cumplen ni por asomo los requerimientos demandados a las Agrupaciones. Y difícilmente una dirección con un funcionamiento tan poco edificante podrá dirigir de forma efectiva la puesta en práctica de tan repetidas orientaciones.
        Como norma general, el Comité Federal se convoca con uno u otro orden del día. Pero tanto da. Su funcionamiento es normalmente siempre el mismo: un informe inicial o un conjunto de informes, normalmente (aunque no siempre) referidos a los puntos del orden del día, a continuación un turno de palabras global, en el que se habla de todo, en un totum revolutum, y finalmente una intervención final, normalmente del Secretario General, seguida en su caso de una votación global.
        Esta manera de funcionar hiperboliza un vicio clásico de los partidos comunistas (y posiblemente del resto de partidos clásicos, aunque no conozco directamente su funcionamiento interno), que al poner en manos del Secretario General la presentación del informe inicial a debate y la presentación del resumen final a votación  pone la capacidad real de decisión, en condiciones ordinarias, en manos de una sóla persona, lo cual no es precisamente la mejor forma de potenciar el trabajo colectivo: por el contrario, la función del Comité Federal se reduce a refrendar las conclusiones sacadas por el Secretario General, so pena de provocar una crisis orgánica.
        Si el "Informe político" es sólo un punto del orden del día, el resto de puntos podría, en principio, estar abierto a la presentación de distintas propuestas por los miembros del Comité Federal, que habría de decidir sobre las mismas después del debate. Pero la manera de funcionar antes descrita hace que todos los puntos del orden del día se diluyan en el procedimiento viciado de dar la primera y la última palabra a quien presenta el Informe (sea o no el Secretario General).
        Desde que soy miembro del Comité Federal (a raíz del XIV Congreso), sólo he podido presentar una propuesta a votación la vez que me tocó hacer de ponente sobre Estado Federal. En el resto de casos, las propuestas de acuerdo o resolución presentadas fueron sistemáticamente tratadas como extemporáneas y trasladadas a estudio ulterior. Y no entiendo que ello fuera debido a ninguna animosidad, sino más bien a una inercia de funcionamiento.
        Como una muestra de la escasa eficiencia de este funcionamiento, recuerdo cuando presenté, al principio de la rebelión contra Mobutu, una resolución de apoyo al AFDL. Se me propuso que lo estudiara la secretaría internacional y que se tratara en el siguiente Comité Federal. Advirtiendo que posiblemente para entonces ya habría acabado la guerra, contrapropuse que lo estudiara el Ejecutivo. Pero como me temía, nada se hizo en su momento. En el siguiente Comité Federal se presentó por la secretaría internacional una resolución felicitando al AFDL por su victoria, la cual fue aprobada sin problemas. No pude por menos de pensar que era una lástima que nuestro partido fuera por detrás de los acontecimientos, habiendo perdido la oportunidad de adelantarse a ellos.
        Pero la muestra más clara de perversión del funcionamiento la tuvimos en el Comité Federal del 19 de Junio de 1999. Después de haber realizado mi intervención, presenté una breve resolución recogiendo las cuestiones que había planteado sobre el conflicto de Yugoslavia, que era uno de los puntos del orden del día (en esencia, apoyando la petición de encausamiento de Solana como criminal de guerra, pidiendo la salida de las tropas de la OTAN y apoyando, una vez ésta se hubiera realizado, la autodeterminación del pueblo kosovar). En la misma intervención subrayaba que el Comité Federal "debe asumir la responsabilidad de decidir, después del debate, sobre propuestas concretas, únicas o alternativas", afirmación que parecería una obviedad a cualquier observador poco avisado. El que no era una obviedad lo demostraría el destino de mi propuesta de resolución: después de consultarse los miembros de la Mesa, me propusieron que el tema fuera estudiado por la Permanente. Recordemos

  1. Que el tema de Yugoslavia figuraba explícitamente en el orden del día.
  2. Que la Permanente se supone que es un órgano esencialmente técnico, sin capacidad de decisión política
        Aunque ya me lo esperaba (dados los precedentes), hice notar que era al Comité Federal y no a la Permanente a quien correspondía decidir sobre la propuesta de resolución. No obstante, y como figura en el Acta de la sesión, el tema no se planteó al pleno, sino que pasó a estudio de la Permanente. Pensemos en lo que ésto significa: una de dos, o la propuesta era coherente con la política previamente acordada por el Comité Federal, en cuyo caso no debería haber habido problema para su aprobación, o no lo era, en cuyo caso la Permanente no estaba legitimada para tratarla. En la práctica, esta dinámica lleva a que la Permanente suplante al Comité Federal (¡incluso cuando éste se encuentra reunido!), que se convierte así en un órgano meramente deliberativo, sin efectiva capacidad decisoria.
        Y lo trágico de la cuestión es que la Mesa que planteaba tal cosa estaba formada por magníficos camaradas, personas encantadoras y probados comunistas (Víctor Díaz Cardiel, Paco Frutos, José María Garrido, Nines Maestro). ¡Ojalá pudiera decirse que la Mesa era una camarilla de socialdemócratas o burócratas! En tal caso, sería suficiente con cambiarla. Pero no era así. De hecho, me resulta difícil imaginar un mejor equipo para dirigir el PCE. Y sin embargo dicho equipo se vio arrastrado por la inercia de una dinámica perversa que rige desde hace tiempo el funcionamiento de la dirección del Partido.
        No se trata, habrá que insistir, de cambiar las personas. Se trata de cambiar el funcionamiento.
        Y el déficit democrático que impregna dicho funcionamiento ha llegado a afectar también al mismo Congreso del Partido.
        Hasta ahora era habitual que cuando salías de un Comité Federal o de una Conferencia no tuvieras muy claro qué era lo que se había supuestamente aprobado, especialmente cuando la síntesis de las propuestas de distintas Comisiones quedaba al albur de los ponentes. Pero los Congresos eran el ámbito privilegiado de la soberanía del conjunto del Partido, que se expresaba con votaciones concretas sobre enmiendas concretas, previamente debatidas y votadas desde las Agrupaciones a los Congresos previos de las organizaciones federadas en el PCE. Hasta el XV Congreso.
        No voy a detenerme en los prolegómenos, en las reuniones del Comité Federal en las que, después de debatir aportaciones o enmiendas, se votaba un resumen que venía a decir que se incorporaba todo lo que no fueran barbaridades, con lo cuál todo el mundo votaba a favor para no dar por supuesto que sus propuestas lo fueran. Con todo, algunas de la mías fueron explícitamente aceptadas por los ponentes. Sin embargo, los materiales enviados a las agrupaciones incluían el texto original, sin correcciones (por "falta de tiempo"). Las enmiendas presentadas en el Comité Federal se publicaron en el Mundo Obrero, remitiéndose al Congreso para realizar la síntesis. Con ello, los documentos discutidos en las Agrupaciones no lo eran del Comité Federal, que no ejercía así una de sus principales funciones estatutarias, sino sólo de los ponentes.
        Esta dinámica perversa intentó corregirse en el último Comité Federal, en el cuál los ponentes explicitaron el contenido básico de las enmiendas que asumían. Pero después de un debate no se votaron las posiciones no asumidas, sino que el Comité Federal se limitó, como era habitual, a refrendar la posición de los ponentes (no está claro qué hubiera pasado de no haberla refrendado: ¿hubieran dimitido los ponentes, se hubiera aplazado el Congreso? qui lo sa).
        Ahora bien, si en los documentos sobre "El Estado Federal" y "La organización del PCE" las cosas habían quedado bastante claras, por lo que se refiere a los documentos sobre "El fin del mundo bipolar" y "El proyecto comunista en el umbral del siglo XXI" había una notoria nebulosa, como se hizo patente en el transcurso del Congreso y finalmente en la publicación de los documentos supuestamente aprobados por el mismo.
        Respecto a "El proyecto comunista en el umbral del siglo XXI", el ponente asumía, supuestamente, las enmiendas relativas a clarificar el objetivo comunista y reafirmar la validez del Manifiesto del PCE para la izquierda aprobado en el Congreso anterior, dejando únicamente para debate enmiendas referentes a la terminología de "derrota" y "socialismo real". Y en la correspondiente Comisión del Congreso el ponente, lejos de entrar al fondo de las cuestiones, argumentó en favor de la "audacia" para reconocer la derrota y de la "prudencia" para utilizar la expresión de "socialismo real" en vez de la aprobada en el Congreso anterior ("socialismo burocrático de Estado"), sin importarle, por lo visto, la contradicción en el tenor de sus argumentaciones. Supongo que todos contribuímos a que el debate sobre la "derrota" fuera tan poco clarificador que alguno de los que intervino ha demostrado, en el artículo publicado en el Mundo Obrero de Julio-Agosto de 1999, no haber entendido nada de lo que se debatía.
        Pero cuando por fin se publicaron los documentos, digo, supuestamente aprobados por el Congreso, encontramos que la referencia al Manifiesto del PCE para la izquierda viene con la sorprendente coletilla "en los términos (...) aprobados en este Congreso", ¡en vez de en el Congreso anterior que realmente aprobó el tal Manifiesto! Y se mantiene, además, la redacción que afirma que el comunismo "no es compatible con el equilibrio ecológico del planeta". En estas condiciones, es difícil no conjeturar que el ceñir el debate a cuestiones terminológicas no pretendiese sino desviar el debate de las cuestiones de fondo sobre los objetivos comunistas, hurtando dicho debate al conjunto del Partido representado en el Congreso. ¿O se trataba de otra errata? ¡Ojalá así fuera, y así se corrigiera...!
        En cuanto a "El fin del mundo bipolar", sí se debatieron enmienda por enmienda, y se aprecia en el texto publicado un importante esfuerzo de los ponentes para sintetizar las múltiples enmiendas aprobadas. Con todo, aparecen una serie de erratas, la mayoría de ellas sí fácilmente explicables por la complejidad de la tarea realizada.
        Bastante más forzada resulta esa interpretación en lo referente al tratamiento de las relaciones multilaterales específicas entre partidos comunistas (sin perjuicio de que haya también relaciones de un ámbito político más amplio, que nadie cuestionaba). En efecto, éste fue el principal punto a debate desde la presentación del documento en el Comité Federal, y en la correspondiente Comisión del Congreso se llegó finalmente a un acuerdo después de un intenso debate: cuando los ponentes propusieron hablar de un espacio de debate entre partidos comunistas y otras fuerzas de la izquierda transformadora, Cabo (no podría jurar si Luis o Pepe) contrapropuso hablar de "otras fuerzas revolucionarias", y ésta fue la transaccional aceptada que se aprobó en Comisión por 61 votos a favor, 10 en contra y 6 abstenciones. Sin embargo, lo que aparece en el texto publicado es "y de la izquierda transformadora", y además en un contexto referido a las relaciones bilaterales y a la RedNet, con lo que no se adecúa ni a lo aprobado en el Congreso ni a la realidad, dado que la RedNet no es una red genérica de la "izquierda transformadora", sino una red específica de partidos comunistas y otras fuerzas revolucionarias estrechamente vinculadas a ellos, como las FARC de Colombia.
        Dado que la ponencia se había resistido durante largo tiempo a suprimir la afirmación de la inexistencia de "un espacio donde se pueda articular el debate o la acción común de aquellos partidos que se reclaman del pensamiento comunista", que era precisamente el meollo de la cuestión, es muy difícil de creer que el mantenimiento de dicha afirmación en el texto publicado, y la no incorporación de la transaccional arduamente conseguida, sean una errata involuntaria. Con todo, podría tratarse de un lapsus freudiano, y de hecho es una errata que tergiversa gravemente lo aprobado en el Congreso, por lo que como tal habría de ser corregida.
        Pero con independencia de que se trate de simples despistes, lapsus freudianos o tergiversaciones conscientes, y al margen de las implicaciones políticas, que posteriormente trataremos, lo grave del asunto es la ligereza con la que han actuado determinados ponentes, pero que al ponerse en la práctica por encima del Congreso lo que han venido a hacer no es sino prolongar la práctica de distorsión del trabajo colectivo habitual en el Comité Federal.
        Por ello, la regeneración orgánica de nuestro Partido, el PCE, requiere una rectificación en profundidad. Y no sólo la rectificación de los textos, tarea relativamente sencilla, sino también la rectificación de la dinámica habitual de la dirección del Partido.
        No voy a menospreciar el esfuerzo realizado en el documento sobre "La organización del PCE". Pero recordemos la frase ¿napoleónica? de "haced vosotros las leyes y dejadme a mí los reglamentos". Y de lo que se trata es de, más allá de las normas estatutarias, regular de forma efectiva un funcionamiento democrático y participativo del Partido.
        Por lo que se refiere la mejora del trabajo colectivo y la forma de debatir y aprobar los Informes, me remito a lo que decía al respecto en la propuesta para Refundar IU. Pero para posibilitar un funcionamiento democrático del PCE tampoco hace falta descubrir el Mediterráneo. Bastaría con poner en práctica un principio tan elemental como que los miembros de un órgano tienen derecho a someter sus propuestas a votación del mismo dentro de los órdenes del día de sus reuniones.
        Sin dicha práctica es inviable que tales reuniones sirvan para la cohesión del Partido. De hecho, frecuentemente miembros del Comité Federal que encabezan distintas facciones en IU se limitan a amagar sus posiciones en las reuniones del Comité Federal, guardándose sus argumentaciones para las reuniones de IU, en el entendimiento de que en el Comité Federal, reducido en la práctica a un órgano deliberativo, se decide poca cosa, siendo los órganos de IU el único ámbito real para la toma de decisiones, incluso para los miembros de la dirección del PCE.
        Por ello, la regeneración orgánica del Partido es una condición necesaria para su unidad.
        En este marco, sería necesario introducir cambios organizativos, y en particular eliminar el estímulo al fraccionalismo que representan las listas cerradas, manteniendo la proporcionalidad del sistema electoral interno con lista abierta.
 

3. Regeneración política:

         La importancia de alguna de las "erratas" contenidas en el texto publicado de los documentos del XV Congreso es que arrastran del texto inicial una grave difuminación de la identidad comunista, alejándose así de las formulaciones, nada dogmáticas, aprobadas en los dos congresos anteriores.
        Para superar dicha difuminación es prioritario restituir la referencia plena al Manifiesto aprobado en el XIV Congreso, que planteaba negro sobre blanco nuestro objetivo comunista de una humanidad sin clases y sin Estados. Ello no puede ser sustituído por las vagas formulaciones contenidas en los 6 puntos finales del documento sobre "El proyecto comunista en el umbral del siglo XXI", sustitución que reduciría nuestro ideario comunista al programa de IU. La siguiente Asamblea de IU podría aprobar textualmente esos puntos, quizá con alguna ligera modificación (por ejemplo, reducir la expresión "el socialismo y el comunismo a los que aspiramos" en el 3º punto a "el socialismo al que aspiramos"), con lo cuál se habría cerrado el círculo.
        Naturalmente, es coherente con dicha difuminación que se considere el "comunismo" incompatible con el equilibrio ecológico del planeta. Pero es incoherente con la naturaleza de un Partido que se sigue llamando Comunista. Suponiendo que fuera un error de redacción (la frase "entendido como una abundancia de bienes tales que superarán el problema económico", al ir entre comas, no es determinativa, sino calificativa y "saltable"), es incomprensible que no rechinara en el momento de ser escrita, y más aún que no se corrigiera inmediatamente de ser advertida por la correspondiente enmienda finalmente aceptada pero no incorporada al texto publicado.
        Es igualmente coherente con dicha difuminación la resistencia a aceptar la existencia de un espacio específico de intercomunicación entre partidos comunistas (y otras fuerzas revolucionarias, si se quiere...). Por el contrario, si se afirma una identidad comunista no tiene sentido eludir la referencia internacional; pues la identidad comunista no tiene fronteras. De hecho, dicho espacio no sólo fue aceptado explícitamente en la transaccional aprobada en el Congreso pero no incorporada al texto publicado, sino que existe efectivamente, no sólo en el ciberespacio sino en reuniones presenciales de ámbito internacional (como la de Atenas de Mayo de 1999) en las que participa normalmente el PCE.
        Ahora bien, la incoherencia de no querer deslindar entre el ámbito específico de relaciones internacionales entre partidos comunistas (propio del PCE) y el ámbito genérico de relaciones internacionales entre fuerzas de la "izquierda transformadora" (propio de IU) lleva, por ejemplo, a hacer participar a IU (United Left of Spain) en una reunión internacional de partidos comunistas como la de Atenas, que aprueba un llamamiento encabezado por la fórmula habitual de "(55) Partidos Comunistas y Obreros de todos los continentes...". ¿Es IU acaso un partido comunista u "obrero"? Tan poco sentido tiene que IU participara en esa reunión como que el PCE participara en la reunión de Nicosia de Abril de 1999 de partidos de izquierda europeos, en la que podía perfectamente haberse "subsumido" en IU.
        La difuminación de la especificidad comunista lleva así a borrar la distinción entre el PCE e IU. Y el resultado práctico es "estrechar" IU, que ha aparecido cada vez más como los comunistas disfrazados de lagarterana. Ciertamente, no es de creer que el confusionismo de la presencia de IU en la reunión de Atenas tuviera una repercusión directa en los electores, la gran mayoría de los cuáles ni se enteraron de ella. Pero la dinámica confusionista entre el PCE e IU que ello expresaba sí tiene trascendencia, y no es ajena al hecho de que el espacio electoral de IU se haya visto reducido en la práctica al núcleo de voto al PCE, como señalé en mi intervención en el Comité Federal del 19 de Junio.
        En el XIII Congreso del PCE tuvimos que enfrentarnos a un intento abierto de disolución del PCE desde la "derecha", orientado a convertir IU en un partido reformista dentro del cuál sobraba una organización comunista. Pero en el XV Congreso puede haberse producido un proceso más sutil orientado a la "dilución" del PCE en IU desde una posición "de izquierdas" que no pretendería "moderar" IU pero para la que también sobraría, en la práctica, la especificidad comunista.
        Pero la conversión del PCE en un clon de IU tiene también un efecto inverso: IU aparece ante la sociedad como un clon del PCE.
        En el documento sobre "La organización del PCE" se plantean una serie de medidas para reforzar su cohesión. Pero la difuminación de la especificidad comunista hace que el PCE se reduzca a un simple grupo de presión en IU, con lo que en vez de ser un factor de enriquecimiento aparece como una rémora.
        Habrá así que reflexionar sobre la parte de responsabilidad que el PCE salido del XV Congreso ha tenido en la hecatombe de IU. Pues lo cierto es que la difuminación de su identidad comunista hace al PCE innecesario.
        Ésta no es sin embargo la conclusión real del XV Congreso: sólo la volatilización de las enmiendas y transaccionales aprobadas a que hemos hecho referencia permite que tal difuminación haya tomado cuerpo en los textos publicados. Por ello su restitución, respetando la voluntad del Congreso, es la primera condición para la regeneración política del PCE.
        Y esta regeneración política, a su vez, es una condición necesaria para que el PCE, como componente comunista, pueda contribuir positivamente a la refundación de una IU que debe ser mucho más amplia: la "comunistización" de IU debe quedar tan lejos de nuestra intención como la dilución de nuestra identidad comunista en IU.
 

4. Conclusiones:

        La regeneración orgánica y política del PCE puede asentarse en la aplicación íntegra y sin recortes de los acuerdos del XV Congreso del PCE, superando las distorsiones que voluntaria o involuntariamente se han producido y asegurando el cumplimiento efectivo de la democracia interna.
        Ésta es una responsabilidad, en primer lugar, del núcleo dirigente del PCE, pero el conjunto de la militancia comunista no puede eludir su responsabilidad, sino que debe por el contrario actuar mancomunadamente en pro de esa regeneración, que debería partir de una serie de elementos básicos:

  1. La efectividad del derecho de todos los miembros del PCE a defender sus propuestas y someterlas a votación en su caso en los órganos a los que pertenecen.
  2. La reafirmación de la identidad y de los objetivos comunistas en los términos formulados en el Manifiesto aprobado en el XIV Congreso, por una humanidad sin clases y sin Estados.
  3. La reafirmación de que el comunismo, lejos de ser incompatible con el equilibrio ecológico del planeta, supone la consecución de una humanidad pacífica y solidaria, en armonía consigo misma y con la naturaleza.
  4. La reafirmación de la necesidad de un espacio internacional para el debate entre los partidos comunistas (y otras fuerzas revolucionarias...).
  5. La aportación de nuestra especificidad comunista como un componente más del proyecto de construcción de IU como movimiento político y social.
  6. Sistema electoral proporcional sin listas cerradas.

1.Introducción
2.Regeneración orgánica
3.Regeneración política
4.Conclusiones

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El debate sobre la "derrota"
Erratas
Superar IU (CF, 18-3-2000)
Reconstruir una izquierda unitaria (CF, 21-10-2000)
Reconstruir la unidad del Partido (CF, 16-12-2000)
Comunismo, democracia (CF, 17-3-1)
El comunismo, movimiento y objetivo global (CF, 30-6-1)
Propuesta de sistema electoral (6-10-1)
Propuestas para el XVI Congreso del PCE (CF, 17-11-1)
Enmiendas para el XVI Congreso del PCE
Sobre el Informe para el XVI Congreso del PCE (CF, 23-2-2)