Los contenidos políticos
de esta página han sido expuestos en el seno del Comité Federal
del PCE, y en particular en respectivas intervenciones antes
y después del último Congreso.
Lo que sigue es un desarrollo argumental de las reflexiones allí
realizadas, que ante el desarrollo de los acontecimientos me ha parecido
conveniente hacer públicas.
Naturalmente, la propuesta
de regenerar el PCE parte de la consideración de que
éste ha sufrido un proceso de degradación, pero también
de la valoración de que es posible su regeneración a partir
de su realidad actual: no se trata de "refundar" un PCE que no ha sido
disuelto, sino de recuperar rasgos valiosos y superar inercias indeseables.
No se trata tampoco de recuperar
funciones (como la proyección institucional) que actualmente desempeña
IU, ni menos aún de contraponer el PCE a IU. Por el contrario, la
regeneración del PCE ha de ser una componente importante de la necesaria
refundación
de IU. En particular, dicha regeneración, y su proyección
en el trabajo social que actualmente NO desempeña IU, es importante
para la construcción de un movimiento político y social alternativo.
En múltiples documentos
congresuales, de Conferencias de Organización, etc., se insiste
en mejorar el funcionamiento de las Agrupaciones, orientándolas
a un trabajo de articulación y movilización social en su
espacio de actuación, procurando una mejor preparación de
sus reuniones que facilite una mayor efectividad de la mismas para la reflexión
colectiva y la adopción colectiva de acuerdos. Podría extenderme
en estas consideraciones, pero sería difícil que superara
la brillantez de los documentos emanados del Comité Federal.
Sin embargo, el Comité
Federal del PCE es un ejemplo patente de mal funcionamiento, con reuniones
mal preparadas y organizadas, que no cumplen ni por asomo los requerimientos
demandados a las Agrupaciones. Y difícilmente una dirección
con un funcionamiento tan poco edificante podrá dirigir de forma
efectiva la puesta en práctica de tan repetidas orientaciones.
Como norma general, el Comité
Federal se convoca con uno u otro orden del día. Pero tanto da.
Su funcionamiento es normalmente siempre el mismo: un informe inicial o
un conjunto de informes, normalmente (aunque no siempre) referidos a los
puntos del orden del día, a continuación un turno de palabras
global, en el que se habla de todo, en un totum revolutum, y finalmente
una intervención final, normalmente del Secretario General, seguida
en su caso de una votación global.
Esta manera de funcionar
hiperboliza un vicio clásico de los partidos comunistas (y posiblemente
del resto de partidos clásicos, aunque no conozco directamente su
funcionamiento interno), que al poner en manos del Secretario General la
presentación del informe inicial a debate y la presentación
del resumen final a votación pone la capacidad real de decisión,
en condiciones ordinarias, en manos de una sóla persona, lo cual
no es precisamente la mejor forma de potenciar el trabajo
colectivo: por el contrario, la función del Comité Federal
se reduce a refrendar las conclusiones sacadas por el Secretario General,
so pena de provocar una crisis orgánica.
Si el "Informe político"
es sólo un punto del orden del día, el resto de puntos podría,
en principio, estar abierto a la presentación de distintas propuestas
por los miembros del Comité Federal, que habría de decidir
sobre las mismas después del debate. Pero la manera de funcionar
antes descrita hace que todos los puntos del orden del día se diluyan
en el procedimiento viciado de dar la primera y la última palabra
a quien presenta el Informe (sea o no el Secretario General).
Desde que soy miembro del
Comité Federal (a raíz del XIV Congreso), sólo he
podido presentar una propuesta a votación la vez que me tocó
hacer de ponente sobre Estado Federal. En el resto de casos, las propuestas
de acuerdo o resolución presentadas fueron sistemáticamente
tratadas como extemporáneas y trasladadas a estudio ulterior. Y
no entiendo que ello fuera debido a ninguna animosidad, sino más
bien a una inercia de funcionamiento.
Como una muestra de la escasa
eficiencia de este funcionamiento, recuerdo cuando presenté, al
principio de la rebelión contra Mobutu, una resolución de
apoyo al AFDL. Se me propuso que lo estudiara
la secretaría internacional y que se tratara en el siguiente Comité
Federal. Advirtiendo que posiblemente para entonces ya habría acabado
la guerra, contrapropuse que lo estudiara el Ejecutivo. Pero como me temía,
nada se hizo en su momento. En el siguiente Comité Federal se presentó
por la secretaría internacional una resolución felicitando
al AFDL por su victoria, la cual fue aprobada sin problemas. No pude por
menos de pensar que era una lástima que nuestro partido fuera por
detrás de los acontecimientos, habiendo perdido la oportunidad de
adelantarse a ellos.
Pero la muestra más
clara de perversión del funcionamiento la tuvimos en el Comité
Federal del 19 de Junio de 1999. Después de haber realizado mi
intervención, presenté una breve resolución recogiendo
las cuestiones que había planteado sobre el conflicto de Yugoslavia,
que era uno de los puntos del orden del día (en esencia, apoyando
la petición de encausamiento de Solana como criminal de guerra,
pidiendo la salida de las tropas de la OTAN y apoyando, una vez ésta
se hubiera realizado, la autodeterminación del pueblo kosovar).
En la misma intervención subrayaba que el Comité Federal
"debe asumir la responsabilidad de decidir, después del debate,
sobre propuestas concretas, únicas o alternativas", afirmación
que parecería una obviedad a cualquier observador poco avisado.
El que no era una obviedad lo demostraría el destino de mi propuesta
de resolución: después de consultarse los miembros de la
Mesa, me propusieron que el tema fuera estudiado por la Permanente. Recordemos
La importancia de alguna
de las "erratas" contenidas en el texto publicado
de los documentos del XV Congreso es que arrastran del texto inicial una
grave difuminación de la identidad comunista,
alejándose así de las formulaciones,
nada dogmáticas, aprobadas en los dos congresos anteriores.
Para superar dicha difuminación
es prioritario restituir la referencia plena al Manifiesto
aprobado en el XIV Congreso, que planteaba negro sobre blanco nuestro objetivo
comunista de una humanidad sin clases y sin Estados.
Ello no puede ser sustituído por las vagas formulaciones contenidas
en los 6 puntos finales del documento sobre "El proyecto comunista en el
umbral del siglo XXI", sustitución que reduciría nuestro
ideario comunista al programa de IU. La siguiente Asamblea de IU podría
aprobar textualmente esos puntos, quizá con alguna ligera modificación
(por ejemplo, reducir la expresión "el socialismo y el comunismo
a los que aspiramos" en el 3º punto a "el socialismo al que
aspiramos"), con lo cuál se habría cerrado el círculo.
Naturalmente, es coherente
con dicha difuminación que se considere el "comunismo" incompatible
con el equilibrio ecológico del planeta. Pero es incoherente con
la naturaleza de un Partido que se sigue llamando Comunista. Suponiendo
que fuera un error de redacción (la frase "entendido como una
abundancia de bienes tales que superarán el problema económico",
al ir entre comas, no es determinativa, sino calificativa y "saltable"),
es incomprensible que no rechinara en el momento de ser escrita, y más
aún que no se corrigiera inmediatamente de ser advertida por la
correspondiente enmienda finalmente
aceptada pero no incorporada al texto publicado.
Es igualmente coherente
con dicha difuminación la resistencia a aceptar la existencia de
un espacio específico de intercomunicación entre partidos
comunistas (y otras fuerzas revolucionarias, si se quiere...). Por
el contrario, si se afirma una identidad comunista no tiene sentido eludir
la referencia internacional; pues la identidad comunista no tiene fronteras.
De hecho, dicho espacio no sólo fue aceptado explícitamente
en la transaccional aprobada en el Congreso pero no incorporada al texto
publicado, sino que existe efectivamente, no sólo en el ciberespacio
sino en reuniones presenciales de ámbito internacional (como la
de Atenas de Mayo de 1999)
en las que participa normalmente el PCE.
Ahora bien, la incoherencia
de no querer deslindar entre el ámbito específico de relaciones
internacionales entre partidos comunistas (propio del PCE) y el ámbito
genérico de relaciones internacionales entre fuerzas de la "izquierda
transformadora" (propio de IU) lleva, por ejemplo, a hacer participar a
IU (United Left of Spain) en una reunión internacional de
partidos comunistas como la de Atenas, que aprueba un llamamiento encabezado
por la fórmula habitual de "(55) Partidos Comunistas y Obreros
de todos los continentes...". ¿Es IU acaso un partido comunista
u "obrero"? Tan poco sentido tiene que IU participara en esa reunión
como que el PCE participara en la reunión de Nicosia
de Abril de 1999 de partidos de izquierda europeos, en la que podía
perfectamente haberse "subsumido" en IU.
La difuminación de
la especificidad comunista lleva así a borrar la distinción
entre el PCE e IU. Y el resultado práctico es "estrechar" IU, que
ha aparecido cada vez más como los comunistas disfrazados de lagarterana.
Ciertamente, no es de creer que el confusionismo de la presencia de IU
en la reunión de Atenas tuviera una repercusión directa en
los electores, la gran mayoría de los cuáles ni se enteraron
de ella. Pero la dinámica confusionista entre el PCE e IU que ello
expresaba sí tiene trascendencia, y no es ajena al hecho de que
el espacio electoral de IU se haya visto reducido en la práctica
al núcleo de voto al PCE, como señalé en mi intervención
en el Comité Federal del 19 de Junio.
En el XIII Congreso del
PCE tuvimos que enfrentarnos a un intento abierto de disolución
del PCE desde la "derecha", orientado a convertir IU en un partido reformista
dentro del cuál sobraba una organización comunista. Pero
en el XV Congreso puede haberse producido un proceso más sutil orientado
a la "dilución" del PCE en IU desde una posición "de izquierdas"
que no pretendería "moderar" IU pero para la que también
sobraría, en la práctica, la especificidad comunista.
Pero la conversión
del PCE en un clon de IU tiene también un efecto inverso: IU aparece
ante la sociedad como un clon del PCE.
En el documento sobre "La
organización del PCE" se plantean una serie de medidas para
reforzar su cohesión. Pero la difuminación de la especificidad
comunista hace que el PCE se reduzca a un simple grupo de presión
en IU, con lo que en vez de ser un factor de enriquecimiento aparece como
una rémora.
Habrá así
que reflexionar sobre la parte de responsabilidad que el PCE salido del
XV Congreso ha tenido en la hecatombe de IU. Pues lo cierto es que la difuminación
de su identidad comunista hace al PCE innecesario.
Ésta no es sin embargo
la conclusión real del XV Congreso: sólo la volatilización
de las enmiendas y transaccionales aprobadas a que hemos hecho referencia
permite que tal difuminación haya tomado cuerpo en los textos publicados.
Por ello su restitución, respetando la voluntad del Congreso, es
la primera condición para la regeneración política
del PCE.
Y esta regeneración
política, a su vez, es una condición necesaria para que el
PCE, como componente comunista, pueda contribuir positivamente a la refundación
de una IU que debe ser mucho más amplia: la "comunistización"
de IU debe quedar tan lejos de nuestra intención como la dilución
de nuestra identidad comunista en IU.
La regeneración orgánica
y política del PCE puede asentarse en la aplicación íntegra
y sin recortes de los acuerdos del XV Congreso del PCE, superando las distorsiones
que voluntaria o involuntariamente se han producido y asegurando el cumplimiento
efectivo de la democracia interna.
Ésta es una responsabilidad,
en primer lugar, del núcleo dirigente del PCE, pero el conjunto
de la militancia comunista no puede eludir su responsabilidad, sino que
debe por el contrario actuar mancomunadamente en pro de esa regeneración,
que debería partir de una serie de elementos básicos: