Alba Sánchez García: «Gràcies a l'ambre, tenim animals capturats en un instant de la seua vida»

  • Mètode
  • 29 junio de 2026
 
Alba Sánchez García en su laboratorio
Alba Sánchez García en su laboratorio. / Foto: Álvaro Fernández Benavent

El ámbar representa una de las formas de preservación fósil más excepcionales que existen. La revista Mètode entrevista a la investigadora en paleontología de la Universitat de València Alba Sánchez García, para que nos hable de su trabajo con fósiles de ámbar.

Los insectos existen en el planeta desde hace unos 400 millones de años, aun así no es muy común encontrar fósiles de estos animales. ¿Por qué es tan difícil que se preserven los fósiles de insectos?

Una de las razones es tafonómica, y tiene que ver con que esos organismos se entierren en unas condiciones adecuadas para fosilizar, y luego, si esas condiciones se dan, podrán conservarse como fósiles, pero eso no siempre sucede. Cuando lo hacen, podremos encontrarlos en dos tipos de yacimientos excepcionales principalmente. El primero serían los yacimientos de compresión, como el yacimiento de las Hoyas, en Cuenca, de edad cretácica. En ese yacimiento hay un registro muy abundante de plantas, dinosaurios y otros grupos, y también cuenta con un registro muy abundante de insectos, esto es gracias a esa preservación de tipo excepcional. El otro tipo de preservación excepcional son los yacimientos de inclusión (ámbar). Cuando los árboles se encuentran en situaciones de estrés, producen resina que al caer puede atrapar insectos y otros pequeños organismos en su interior. Estos se quedan sellados dentro, como en una cápsula. Cuando se dan las condiciones adecuadas y esa resina fosiliza, tenemos insectos fósiles preservados en ámbar. Esto va a permitir un registro de insectos muy diferente al que obtenemos de los yacimientos de compresión.

¿Qué diferencia estos dos yacimientos excepcionales?

Los dos tipos de yacimientos son muy diferentes tanto en la diversidad de grupos que preservan como en el tamaño de los fósiles. Por ejemplo, en los yacimientos de compresión existe la posibilidad de encontrar organismos más grandes, mientras que, en los yacimientos de ámbar, la mayoría de los organismos son más bien pequeños. Además, la preservación también es muy diferente, en los yacimientos de compresión tenemos fósiles en dos dimensiones, mientras que, en los yacimientos de inclusión encontramos organismos en tres dimensiones. En ambos yacimientos tenemos información diferente, pero complementaria. En España se encuentran yacimientos de ámbar de relevancia científica a nivel mundial, como Peñacerrada, en Álava; El Soplao, en Cantabria; y San Just, en Teruel, donde estamos excavando ahora. Todos datan del Cretácico inferior, que es un momento clave, porque es cuando tenemos la diversificación de las angiospermas, los bosques cambian completamente y se configuran los ecosistemas modernos. Esto afectó a todas las comunidades de insectos y otros organismos.

Peça d’ambre amb diferents organismes fossilitzats en l’interior

Gracias a una técnica llamada microtomografía por contraste de fase con luz de sincrotrón, podéis, no solo reconstruir la estructura externa de los insectos en los fósiles de ámbar, sino también realizar disecciones virtuales. ¿Qué significa esto exactamente?

Cuando ya tenemos todos los datos procesados y contamos con una reconstrucción en 3D del organismo preservado dentro de la pieza de ámbar, virtualmente podemos eliminar partes. Aunque usando un microscopio haya cosas que no podamos ver, toda esa información está escaneada por el sincrotrón. Entonces quitamos las partes que nos molestan y podemos ver lo que hay debajo. De hecho, lo primero que quitamos para poder hacer el modelo 3D es el ámbar que rodea la inclusión (los insectos), el ámbar lo eliminamos virtualmente, y de igual manera se pueden eliminar estructuras. Esto ocurre porque las diferentes partes de la pieza (el ámbar y las partes conservadas de los insectos), tienen una densidad diferente, por lo que se pueden detectar de manera diferencial. Esto se lleva a cabo con diferentes programas de procesado de imágenes.

Su trabajo no solo consiste en describir la estructura externa de los insectos que encuentra, también utiliza esta información para reconstruir paleoambientes. Gracias a los fósiles de ámbar ha podido comprender el comportamiento de apareamiento, la depredación, o las interacciones de diferentes insectos solo con sus fósiles preservados en ámbar. Descubrir esta información parece algo así como un capítulo de Sherlock Holmes. ¿Cómo es posible obtener toda esta información con tan solo la estructura externa de los animales?

El ámbar tiene una característica muy particular: viendo la pieza y analizándola, podemos saber si se formó a partir de un único momento de inclusión, es decir, si la resina capturó a los insectos de la pieza de ámbar en un solo momento, o si hubo distintos flujos. Si vemos varios organismos que se encuentran conservados en el mismo flujo, sabemos que estaban juntos en el momento en el que fueron capturados por la resina, y eso es algo muy particular del ámbar. El estudio de las interacciones entre insectos del pasado o de «comportamientos congelados» tiene mucho que ver con esta captura instantánea. Encontramos fosilizados insectos en cópula, poniendo huevos, o cazándose unos a otros, o incluso camuflándose de alguna forma. Es algo que ocurre en milésimas de segundos, tenemos animales capturados en un instante de su vida, y de igual manera que observamos una fotografía y podemos intuir lo que estaba pasando en el momento de su captura, también podemos hacer inferencias sobre los organismos que quedaron capturados en ámbar y cómo se comportaban o se relacionaban entre ellos. Si a eso añades que puedes tener restos de plantas o de hongos conservados dentro de la misma pieza de ámbar, podemos ir reconstruyendo también la comunidad vegetal de la que formaban parte. Además, el ámbar no se encuentra aislado en un nivel estratigráfico, suele encontrarse en el mismo nivel que otros organismos de otros grupos, lo que te da información sobre cómo fue el medio de depósito. Por ejemplo, en estos niveles con ámbar, muchas veces también encontramos madera quemada, lo que nos ha permitido relacionar la ocurrencia de paleoincendios con la producción en masa de resina, ya que los árboles generan resina en condiciones de estrés. Al final, con toda la información, podemos ir reconstruyendo el paleoecosistema. Así que sí, supongo que tiene algo de «Sherlock Holmes».

Entrevista realizada por Adriana Martínez Arroyo. Bióloga y estudiante del Máster en Biodiversidad: Conservación y Evolución de la Universitat de València.

Lee la entrevista completa en la revista Mètode