CANCIÓN DE SAN ANTÓN
El 17 de enero
día de gran esplendor
se celebra en Casas Bajas
la fiesta de San Antón.
El volteo de campanas
y el sorteo del gorrino
el 16 nos anuncia
que el día la fiesta vino.
A empezar, a empezar, a empezar,
el baile, el jaleo y la juerga
vamos al baile a bailar
y dar comienzo a la fiesta.
A beber, a beber, a beber,
con matujos, vinico del bueno
y a comer vamos después
las pelotas del relleno.
El vino del día San Antón
ni es blanco ni es tinto
ni tiene color.
El vino del día San Antón
es del tonelico que lo hace mejor.
San Antón, San Antón
estimado y glorioso patrón.
San Antón, San Antón
es la fiesta del mundo mejor.
Es la noche las hogueras
la más alegre del año,
que se bebe y se hace el oso
todo lo que viene a mano,
que se "blincan" las hogueras
y se cogen cuatro tragos.
Que empiece el baile,
la juerga y el follón,
que Godofredo
toque su acordeón,
que lo piden los casasbajeros
en San Antón.
Si
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OTRA CANCIÓN DE SAN ANTÓN
El día de San Antón en Casas Bajas
verá amigo lo que un año allí pasó,
que la peña de los "Yugos" y los "Vagos"
dio la murga que jamás se conoció.
Aunque parezca algo raro
Eladio se emborrachó,
Luis durmió en una pajera
y Martín cogió un tablón.
Iba Oro con Luis y Porrines,
hicieron el oso y bailaron al son,
de las piezas que el gran Godofredo
con muy mala gana tocó en su acordeón.
San Antón, ay feliz San Antón,
es la fiesta que da a Casas Bajas fama y esplendor,
las hogueras , el vino y los tragos, la música y el baile, la juerga
y el follón, no hay nada mejor,
que mi pueblo y sus fiestas
viva Casas Bajas, viva San Antón.
Laralalala, lalalalalalala...
Eladio con una curda de primera
se mantuvo a hasta última hora con valor,
Luis durmiendo en un montón de cariqueras
y Martín que ya en la cama la bosó.
Pero el baile por la noche ya no pudo continuar
porque Godo se moría y no podía cantar,
y para poner fin a la fiesta Luis a la pajera entre tres se llevó
y a pesar de su buena toquilla por poco, por poco, por poco se heló.
San Antón, ay feliz San Antón,
es la fiesta que da a Casas Bajas fama y esplendor,
las hogueras , el vino y los tragos, la música y el baile, la juerga
y el follón, no hay nada mejor,
que mi pueblo y sus fiestas
viva Casas Bajas, viva San Antón.
Si
quieres escuchar la canción pincha sobre el icono;
Intérpretes: Lola, Mercedes, Maruja e Isabel.
Queremos agradecer a Isabel Sánchez (madre de nuestro amigo Toni
"El Aguilarete") las facilidades que nos ha dado para la inclusión
de estas piezas en la web de Casas Bajas.
JOTA DE CASAS BAJAS
Anda que pincho, que pincho, anda que pincho, que vas
que cuando vayas al monte que poco trabajaras.
Si trabajo o no trabajo a tí nada se te da.
Anda que pincho, que pincho anda que pincho, que vas
1 - Una novia que yo tuve 4 – Viva lo moreno, viva
todas las efes tenía lo moreno, morenado
era fea, flaca y floja, lo moreno de tu cara
frigona, frágil y fría. es lo que más me ha gustado.
2 - Bailador que estás bailando 5 – Allá va, que va, que va,
con ese ramo de flores allá va, que va la mía,
vengo a hacerte una pregunta, allá va, que va, que va
si es casada o tiene amores. y esta va por despedida.
3 - Pecas llevas en la cara 6 – La despedida les doy
y en los carrillos colores, como bien se la merecen
en el cuello gargantillas que hasta la hierba que pisan
y en el corazón amores. si está seca reverdece.
Gracias a Lucía de Godofredo
MI PUEBLO
Es mi pueblo Casas Bajas el mejor pueblo del mundo, tiene río, tiene huertas rica manzana y buen vino.
Tiene mi pueblo una plaza, que no la tiene ninguno; una iglesia y una torre, que son mi más alto orgullo.
Es su río, el río Turia, nuestra joya más querida. Sus aguas pasan cantando al tiempo que le dan vida, regando esta hermosa huerta, que es tan solo comparable con las de Murcia y Valencia.
Es Peñarrubia, allá arriba, gigante inmenso de piedra que guarda la paz del pueblo como soldado valiente en continua centinela.
Son sus hombres laboriosos, formales, nobles y honrados con esas santas costumbres de nuestros antepasados. Y sus mujeres apuestas como matronas romanas y religiosas y honestas sin que les falte una sola de las excelsas virtudes de la mujer española.
Son sus fiestas, las mejores, de toda nuestra comarca: La fiesta de san Antón la noche de las hogueras, La fiesta de santa Bárbara. cohetes, música y tracas
El día del mata-cerdo, con sus gachas y sus miajas. El día de la fritada, con el lomo, las morcillas y tajadas, la bota bien preparada con buen vino de la añada.
Para terminar, señores convendrán todos conmigo que es mi pueblo, casas Bajas el mejor pueblo, del mundo entero. ¡VIVA CASAS BAJAS! Gracias a Concha de las Adelinas (se cree que la poesía es de Don Anastasio)
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El otro día en clase mi profesora, que es una mujer que sabe muy bien lo que se dice, recriminó (afectuosamente) a una chica que no aclaraba cual era su pueblo sino que situaba más o menos por donde caía. La profesora le dijo “¡Pero di el nombre, has de estar orgullosa de tu pueblo!
Eso me hizo pensar en lo que dice siempre mi padre, que quien no tiene pueblo no tiene nada, y que hasta sus amigos (de ciudad) le dicen: -Aguilar, ¡qué suerte tienes de tener un pueblo!
¡Mira que razón tiene! Pensé tras escucharla. Yo que he nacido en Barcelona, todo el mundo piensa que soy del pueblo, porque si me preguntan siempre digo que soy de Casas Bajas, y a veces añado, aunque me cuesta: pero nací aquí.
Algunos como mi padre dicen que aquí les dicen que son de Valencia, y allí que son de aquí. A mí me hace reír: me pasa justo lo contrario. Cuando la gente se entera donde he nacido finalmente me dicen que no soy de mi pueblo, que soy de la capital.
¿Pero qué dicen? El pueblo es como el apellido, como el color del pelo, el de los ojos: es tuyo indisolublemente.
Mi pueblo es pequeño. Y yo quiero que así sea siempre. Esto puede tener algún problema, aunque me duela pensarlo, ya que incluso puede llegar a desaparecer.
A veces pienso que si cuando yo tenga sesenta años allí ya no vive nadie todo el año, me moriré de pena.
Tiene un río, como Dios manda. Y un puente, y un camino de la huerta y un pico delante donde mi abuelo mirándolo sabía la hora que era y el tiempo que iba a hacer. ¡Y nunca se equivocaba!
En las fiestas del pueblo, en agosto, aprendí a bailar pasodobles y rumba. Y en las de invierno, San Antón, me enamoré por primera vez.
En mi pueblo hay tantas estrellas que no caben en los libros de astronomía y en agosto me gusta subir a una montaña la noche de San Lorenzo, cuando son las fiestas del otro pueblo. Y allí, con la música de fondo, entre las ruinas que no se sabe bien si son árabes o romanas, o los restos de unos corrales, allí tumbado en el suelo ves el cielo tan cerca que las estrellas fugaces te acarician las mejillas al caer. Y puedes pedir tantos deseos como aguantes antes de quedarte congelado o se acabe la música o el cubata.
Antes pasaba una carretera general, pero ahora la han desviado y aún hay menos tráfico.
No hay ruidos, ni contaminación, ni coches. Los niños pueden jugar solos por las calles desde que aprenden a caminar. Las abuelas dan pan con chocolate o con longaniza para merendar; todavía. Y los niños salen pitando tan contentos, con aquellos bocadillos tan grandes como ellos mismos del que pronto no quedará ni el recuerdo. Y van en cuadrillas y exploran el pueblo. Como yo hacía.
Tenemos la plaza más grande de todo el rincón. Pues es un rincón, el Rincón de Ademuz. Y tenemos nuestro tonto del pueblo, y la solterona de oro y el borrachín. Hasta hace poco teníamos cura, pero ahora lo compartimos con el resto del Rincón. Es que creo que las abuelas han perdido el hábito, y abuelicas con costumbre de ir ya no quedan muchas.
Arriba del todo está el cementerio. A mí nunca me han dado miedo los cementerios ¿Cómo iba a dármelo? Cuando subo, es como estar en la plaza del pueblo en fiestas: conozco a todo el mundo. Me encanta perderme un ratillo con todos y hablar con ellos.
Saludo al Cañota, que me contaba cuentos. Al Sento que nos llevada de fiesta con su Siata. A mi tía que se enfadaba mucho si no iba a visitarla a menudo. Y a mis abuelos, y a mis otros abuelos, que no lo son pero los quiero igual. Y a tantos otros paso a saludar.
Reservo para el final a mi abuela. A ella le guardo mi último pensamiento. Me estoy un poco más que con el resto y siempre le paso el informe de mis cosas. Aún a veces se me escapa una lagrimilla. Y mira que hace años ya. Pero es que llegar al pueblo y no subir corriendo la rocha hasta su casa para anunciarle que acabamos de llegar, se me sigue haciendo raro.
En verano te puedes comer una manzana del árbol, y cuando llueve vamos a buscar caracoles.
Todavía cuando alguien se casa (ya pocos) todo el mundo va a la boda. Y a los entierros. Y al bar después de misa. Especialmente los que no vamos nunca. A misa.
Antes cuando ibas a comprar pan, todo el mundo ya sabía si aquella noche habías tenido dolor de muelas o llegado tarde a casa.
Y el panadero que sólo se ponía el peluquín, todo salpicadito de harina, para ir a pasear. Pero cuando despachaba pan era medio calvo. Y nadie le decía nada. Era como su boina, o como una corbata: de domingo.
Aún se sale a dar un paseo por la noche. Y a tomar la fresca. Cuando eres mayor o muy pequeño. Los de en medio de nuevo nos vamos al bar.
Pero ahora que ya nos vamos haciendo mayores, nos gusta ir a pasear al rulo. A ver estrellas en aquella noche tan cerrada que sólo las luces de algún coche despistado rompe.
Los miércoles y viernes hay mercado, y te puedes sentar en la fuente en medio de la plaza a ver pasar la gente. Y todos te saludan y te conocen.
Hasta hace bien poco quedaban gallinas y conejos y cerdos y algún abuelo quedará que cuide su bancal.
Mi pueblo es el mejor del mundo. Y lo que más me gusta es cuando me encuentro por ahí con alguien que me dice, pocas veces la verdad, mi pueblo es el mejor del mundo. Y pienso: ¡Odo éste, mira que suerte tiene de tener pueblo!
TRAMO DE CARRETERA DE CASAS BAJAS A SANTA CRUZ DE MOYA
Se iniciaron los trabajos en 1930.
Su construcción fue adjudicada, mediante subasta a pliego cerrado, a la empresa constructora SANZ de Madrid. Esta puso al frente de los trabajos a Delfín Zubero, oriundo de Jaca (Huesca), en atención a sus méritos y a la confianza de que gozaba entre los directivos de la empresa.
Delfín, que vivió en Casas Bajas mientras duraron los trabajos, se ganó las simpatías de los del pueblo por su carácter abierto y campechano.
No poseía titulo de ingeniero, pero sí conocimientos amplios de lo que se precisa para construir una carretera. Los había adquirido en sus largos años de trabajo en la empresa. Y lo demostró sobradamente no sólo construyendo los trozos de fácil trazado sino también perforando los dos túneles próximos al pueblo. Inició la perforación por ambas bocas y las dos galerías se encontraron en el centro, como estaba previsto.
El llamado túnel de Rayuelo fue el más difícil por su longitud y por la gran dureza y resistencia de la piedra que hubo que arrancar y sacar.
Los años treinta de este siglo fueron un periodo inquieto, marcado por frecuentes cambios e inestabilidad política. A ello hay que añadir las dificultades de tipo económico, que retardaban una y otra vez la entrega del dinero presupuestado. La obra y la estancia de Delfín en Casas Bajas se prolongaron, pues, considerablemente.
Dada su popularidad, se han conservado en el recuerdo algunas anécdotas referidas a este personaje. He aquí una :
Llovía copiosamente y no se podía salir a trabajar. Delfín se hallaba con sus amigos en el café del tío Colas (Nicolás) jugando a las cartas, cuando se abrió la puerta y apareció, calado hasta los huesos, un ciego cuya figura llamó enseguida su
atención.
Preguntó Delfín cómo se llamaba y si era del lugar. Los compañeros le dijeron que sí, que era de allí y que se llamaba Godofredo. Entonces dirigiéndose a él le rogó que tocase, si lo permitía el tío Colas, algunas piezas con su acordeón.
El dueño del bar accedió y Godofredo encandiló a los presentes con su música.
Emocionado, exclamó Delfín:
Si no ocurre ninguna desgracia en la perforación de los túneles, te compro el mejor acordeón de Valencia.
Y así fue, le regaló un acordeón que en aquellos tiempos le costó cuatro mil pesetas. Pero, según contaba Godofredo después, no se lo pudo comprar en Valencia sino en Zaragoza.
La obra avanzaba muy lentamente y sobrevino la guerra civil.
El túnel del Rayuelo acondicionado como refugio contra los bombardeos de la aviación, cuando en él se albergó durante tres días Indalecio Prieto, ministro de la guerra, a la espera de que fuese conquistada por los republicanos la ciudad de Teruel. ( 8 de Enero de 1938).
Acabada la contienda, se terminó dicho tramo de carretera, trabajando a jornal los hombres de Casas Bajas y algunos forasteros..........
Gracias a Lucía de Godofredo
Pregón de las Fiestas Del Salvador de Casas Bajas.
Leído por Justo Andrés Lozano, en la plaza de esta localidad, a 5 de agosto de 1998.
Distinguidas autoridades, vecinos de Casas Bajas, familiares, peñas y personas todas que nos acompañáis en estas fiestas:
Es para mí una satisfacción dirigirme a vosotros con un motivo tan festivo como el presente, a la vez que también constituye por mi parte un inmerecido honor y un reto difícil de cumplir, como es participar
en este acto por primera vez, en mi pueblo y sin contar con una tradición personal o local sobre la que poder orientar mi actuación en estas lides pregonero-festivas. Y más aún después de las palabras que Agustín me ha dedicado, de las cuales os recomiendo no creáis mucho, salvo l0 que os ha sugerido sobre mi vocación de servicio. Eso sí he procurado cumplirlo,
pero l0 aprendí en este pueblo. Le agradezco sus palabras y su sana intención, aunque ello haga mi tarea más dificultosa.
Agradezco, no obstante, la atención que conmigo ha tenido la Comisión de Fiestas encomendándome esta tarea; y espero hacer la faena con la mayor dignidad que pueda, respondiendo al incuestionable merecimiento de éste, mi pueblo, y al indudable y profundo respeto que siento por todos cuantos me estáis escuchando con una paciencia y atención que no puedo dejar de esforzarme para no defraudar.
Como muchos sabéis nací en Casas Bajas, donde residí los primeros años de mi vida, teniendo que dejar pueblo y familia para, a temprana edad, recorrer distintos lugares donde, de forma adecuada, con una educación especial, pudiera afrontar con mayor garantía el más determinante e inseparable de mis problemas personales como es mi falta de vista. He de decir públicamente aquí, como l0 digo en cuantos lugares y circunstancias puedo, que gracias a la Once he tenido oportunidad de conseguir metas personales y profesionales que sin la ayuda de esta ejemplar Organización no hubiera podido alcanzar. A esta Institución he
dedicado todos mis esfuerzos.
A pesar de lo anteriormente expuesto, nada hubiera, sido posible sin una base cimentada en los primeros años de mi vida. Y estos primeros años transcurrieron en este pueblo, aunque después, como tantos otros casasbajeros, tuviera que salir de estos pagos. Aquí he visto la mayor parte de la luz que no sólo me ha llegado a los ojos físicamente, sino también, y de manera simbólica, a l0 más profundo del ser. Aquí he aprendido esas cosas que nunca se olvidan, y de gentes de este pueblo he recibido esos regalos imposibles de devolver. Y así,también públicamente, agradezco a toda mi familia su protección, su educación, su
constante apoyo y ese calor característico que reconforta y estimula. A todos mis amigos y vecinos, su comprensión y cariño, y a todo el pueblo, los principios de hombría de bien que respiré aquí desde pequeño.
De forma especial recuerdo a un maestro que en esta localidad se esforzó por ayudarme y comprenderme; me refiero a Don Miguel Mas. Aunque no está entre nosotros, vaya para él mi mayor gratitud.
Y, sobre todo, permitidme que agradezca muy especialmente su apoyo y ayuda incondicionales en los peores momentos, a ese buen hombre, buen casasbajero y compañero de discapacidad; como todos sabéis me refiero a Godofredo Antón; él y su esposa Federica han hecho por mí mucho más de l0 que yo podré hacer por ellos. Vaya también para vosotros mi eterna gratitud. Ejemplo como el vuestro es difícil de seguir, aunque muy necesario y positivo para una sociedad que l0 sea realmente y que como tal se considere.
Aquí comienza el pregón
de las fiestas de este pueblo,
tras pedir vuestra merced
por tanto agradecimiento,
pero obliga a gratitud
cuando hay buen nacimiento.
Junto al Turia y entre montes
tiene este pueblo su asiento;
en el Rincón de Ademuz,
comarca en la que está inserto,
Casas Bajas es su nombre
y altos son sus miramientos.
Pequeño, humilde y bravío,
combatió su aislamiento,
que a l0 largo de su historia
sus hijos, con gran esfuerzo,
suplieron sus escaseces
con mucho tesón y empeño,
sacando lo necesario
de la escasez de su suelo,
extrayendo de donde no hay,
y repartiendo los medios,
oponiendo a la pobreza
solidaridad e ingenio,
gastando mucha energía
para ir sobreviviendo:
ahora pendiente del río,
luego pendiente del cielo,
porque una arriada maldita
o un pedrisco traicionero
arrasan en poco tiempo
el fruto de un largo trecho,
trocando esperanza incierta
en dolor y llanto ciertos.
Esta es la vida, señores,
del agricultor, que luego
de empeñar todo su afán
en alcanzar su sustento,
un viento de no sé dóndé
deja su afán en el suelo;
y esta es la vida, señores,
del pueblo casasbajero.
Pero como cada año
tiene su abril y su enero,
alegrías y tristezas
tejen la historia de un pueblo.
y si en riquezas e industrias
fue nuestro vivir austero,
pródigo resultó, en cambio,
en virtudes y talentos
que atesora la persona
y los conserva muy dentro,
para cualquier ocasión
que deba hacer uso de ellos,
pues cuanto más se los gasta,
mayor es su crecimiento.
Al no poder aumentar
los bienes perecederos,
hubieron de acrecentar,
los vecinos de este pueblo,
los que se llevan consigo
y no los compra el dinero.
Así forjan las virtudes,
con constancia y con esmero,
achicando adversidades
con trabajo y con esfuerzo,
unidos con alegría
todos los hijos del pueblo.
Así ha sabido también
el pueblo casasbajero
unirse en la adversidad,
apoyarse en los proyectos;
respetar a sus mayores,
ayudar a sus enfermos,
educar a sus menores
en edad y otros aspectos:
pues si respeta a sus grandes,
grande debe ser un pueblo,
pero más grande ha de ser
si protege a sus pequeños.
y si respeta su historia,
y si respeta su templo;
y si se sabe alegrar
tras ganarse su sustento;
y si a pesar de conflictos,
trabajos y sufrimientos,
uno se siente contento
de vivir en este pueblo,
¿qué más grandes dignidades
han de pedirse a este empeño?
Esta también es la vida
del pueblo casasbajero.
En los años de la infancia,
cuando vivir es tan tierno,
cuando cualquier pequeñez
es un acontecimiento
y todo parece mágico
y todo es como un sueño;
en ese tiempo feliz
que en Casas Bajas, creciendo,
tantos vivimos entonces
con alegría y contento,
en su plaza y en sus calles,
en sus campos y en sus huertos,
entre juegos y cariño
de mayores y pequeños,
asistiendo a las escuelas
y a las liturgias del templo,
cuando en lo alto de la torre
las dos campanas tañendo,
nos convocaban alegres,
unas veces y otras menos,
según fuera la ocasión
o dependiendo del tiempo;
y así jugando y soñando
fuimos gozosos creciendo,
esperando que el mañana
que nos tocaría empero
habría de ser mejor
que el hoy de padres y abuelos.
Pero muchos de sus hijos,
en busca de otros sustentos,
hubimos de abandonar
este tan querido suelo,
recordando en la distancia
cuando nos cubrió su cielo,
esperando que algún día
volveríamos a verlo
y que en sus calles y casas,
con alegría y contento,
con sus gentes y vecinos
compartiríamos proyectos.
y de la Rocha a La Puente,
hablando con todos ellos,
de La Carrasca al Cerrao,
recorriendo su terreno,
conviviendo en esta plaza,
que como foro es el centro,
y asistiendo a su iglesia
para elevar nuestros rezos,
disfrutando de sus fiestas
y su gozo compartiendo.
Porque las dos grandes fiestas
que por tradición tenemos:
El Salvador en verano
y San Antón en invierno,
fiesta de luz es aquélla
y es esta fiesta de fuego,
una con luz del Tabor
y otra de hogueras de enero,
luz, en cualquier caso, es,
y símbolo verdadero
que unifica la alegría
de las dos fiestas del pueblo.
San Antón con sus hogueras,
con su vino y su "relleno";
El Salvador con su gente
y su calor veraniego;
las dos fiestas con su música,
con su baile y su jaleo,
en que las gentes más jóvenes
le dan alegría al cuerpo,
entre bailes y jaranas
de modernos y roqueros;
y también tienen su parte
los mayores, los abuelos;
sin dejar a los pequeños
que disfrutan de sus juegos.
Esta también es la vida
del pueblo casasbajero.
Y pensando en el futuro
que le espera a este Concejo:
¿Quién podría adelantarlo?
¿Cómo habría de exponerlo?
Al pasar de muchos años
¿Será glorioso o modesto?
Los pueblos con sus destinos
a la historia están sujetos:
unas veces son muy grandes
y otras se quedan pequeños;
mas, con ser esto importante,
no es de mayor fundamento,
que lo que al final importa
es si los que están viviendo
allí se encuentran a gusto,
muy felices y contentos;
y si lo fueron sus padres
y lo podrán ser sus nietos.
Así es que lo que importa,
más que si es grande o pequeño,
es que el ambiente creado
por los que estamos en ello
sea tan grato y amable
que la vida que llevemos
haga crecer cada día
nuestro cariño hacia el pueblo.
Pues como dijo el latino,
con más tino y mejor verbo,
no son las patrias queridas
por lo más grandes que fueron,
sino por ser simplemente
de quienes allí vivieron.
Los vecinos y parientes,
vivan o no en este pueblo,
junto con otros amigos,
sean o no forasteros,
todos sean bienvenidos
a los presentes festejos;
y que con mucha alegría,
paz y buen entendimiento,
todos juntos disfrutemos
consiguiendo ser más buenos;
y que esta felicidad,
que aquí en nuestras fiestas vemos,
no resulte flor de un día,
que sea jardín perpetuo
que envolviendo nuestra vida
la llene de gran contento,
de modo que unos a otros,
con un ánimo sincero,
dejando las diferencias
y ahogando los recelos,
pongamos mano a la obra
y nuestra vida alegremos,
tanto nuestra vida propia
como la de quien tenemos
cerca de nosotros mismos
o de quien está más lejos,
porque a la hora de dar,
según el Sumo Maestro,
todos han de ser amigos,
nos sean o no afectos.
En ello debe encontrarse
ese preciado secreto,
en servir y compartir
todo l0 que sea nuestro,
haciendo la fiesta de hoy
fiesta para todo tiempo;
porque al dar felicidad
todos felices seremos.
Con que ¡alegrémonos todos,
vecinos y forasteros,
que todos somos precisos
en las fiestas de este pueblo!.
Disfrutad por igual todos,
porque este es un pueblo abierto
para quien con buena fe
se acerca al divertimento.
y es que para el regocijo,
la alegría y el contento
nunca faltará motivo
a los hijos de este pueblo;
ni falta vaso de vino
para el que venga sediento;
ni un "caldero de gachas"
para calmar al hambriento;
ni para alegrar las fiestas
nos faltará Godofredo.
Pues ¡a disfrutar felices!,
porque si en otros momentos
disfrutamos de las fiestas
en pasados más inciertos,
también gocemos ahora,
con mayor razón y empeño,
haciendo votos muy firmes
por el futuro del pueblo,
que con tesón y coraje
levantarán, estoy cierto,
si no pudieran sus hijos,
l0 conseguirán sus nietos.
Motivos tenemos todos
para alegrarnos en esto:
hemos trabajado duro,
hemos querido ser buenos;
aquí"o en otras ciudades
todos queremos al pueblo:
¿Quién nos puede discutir,
ahora o en otro tiempo,
que disfrutar de estas fiestas
es merecido derecho?
Pues si derecho tenemos
y merecido, por cierto,
nadie deberá oponerse
al gozo casasbajero.
Celebremos, pues, las fiestas
y El Salvador desde el cielo
ponga en nosotros sus ojos
y nos colme de consuelo
y que por su voluntad
de esta vida disfrutemos
y que en gracia y con ventura
vivan los hijos del pueblo.
Así debe ser la vida
del pueblo casasbajero.
Y aquí termina el pregón
de las fiestas de este pueblo,
que por hacerlo quien l0 hizo,
de todos es manifiesto,
que más que un pregón parece
que es un romance de ciego;
y no dudéis que l0 es,
de un ciego casasbajero,
que aquí o en cualquier parte
está orgulloso de serIo.
Espero haber conseguido
algo de divertimento;
si no fue así, merced pido,
mas si l0 fue, l0 celebro,
que esa ha sido mi intención,
y no como en otros tiempos,
que los ciegos divertían
para ganar su sustento;
esa es la gran diferencia
entre estos tiempos y aquellos.
Y ya, sin más dilaciones
la benevolencia espero
para mi humilde romance
que si l0 aceptáis, es vuestro.
Gracias a Lucía de Godofredo
PROGRAMA DE FIESTAS DEL AÑO 1960 (Recuperado por la Comisión de Fiestas de 2008)
ALBORADA DEL PUEBLO
Pongan todos atención
y guarden mucho silencio
para oír la relación
que es una historia del Pueblo.
El señor Gobernador,
ha venido a Casas Bajas,
muchos se lo agradecemos,
y le damos muchas gracias.
Estamos emocionados,
rebosantes de alegría
de ver que el Gobernador
está en nuestra compañía.
De las naciones: España,
de las provincias: Valencia
de los pueblos Casas Bajas
saludando a su excelencia
Un saludo general,
para todos los del pueblo
otro saludo especial,
a todos los forasteros.
Somos hijos adoptivos,
de nuestra madre Valencia,
seamos agradecidos,
saludando a su excelencia.
Hoy la plaza de este pueblo
es un jardín de delicias
geranios y margaritas:
las maestras, amapolas
las violetas las niñas,
los geranios son los mozos
las mozas las margaritas.
Esas flores que allí veis,
tan escolladas y frescas
es debido a que se riegan
con agua de las Cambretas
unas que están en capullo,
otras que ya están abiertas,
otras que están deshojadas,
otras porque ya son viejas
Todas se riegan igual
y todas crecen lo mismo,
todas están perfumadas
por las aguas del bautismo.
Entre todas estas flores
una sola sobresale,
es la flor de la pureza,
nadie sabe lo que vale
La fuente de las Cambretas
en la plaza la tenemos
metida entre las acacias,
que es el orgullo del pueblo.
No es solo para la fuente
la sombra de las acacias
también para los ancianos
cuando vienen a la plaza.
Los ancianos de este pueblo,
todos juntos a una voz
saludamos al caudillo
y al señor gobernador.
El reloj de Peñarrubia,
que es una cosa especial,
no hay relojero en el mundo
que pueda hacer otro igual
es un cuadrante de sol,
todos saben quien lo guía
y en todo tiempo del año
nos dice: ya es mediodía
este día memorable
tenía que ser escrito
con letras de oro muy grandes
y guardarlo en el archivo.
Yo no soy ningún poeta,
tampoco soy ningún sabio
creo que perdonarán,
si en algo les he faltado.
Si quieren saber quien
es el autor de este papel
allá vive en el Gustal,
pueden preguntar por él.
F.B.
VAMOS AL PUENTE
Como todo va llegando, t
ambién ha llegado el puente
a costa de sacrificios,
de molestias y billetes.
Los sacrificios se olvidan,
las molestias ya pasaron
y según tengo entendido
el puente ya está pagado
Mucho les agradecemos
a nuestra diputación
y a todos los que gobiernan,
la provincia y la nación
también al señor Alcalde
y a todo el Ayuntamiento
y a todos los que gobiernan
los asuntos de este pueblo;
también al contratista,
también a los ingenieros,
también los que trabajaron
con escarchas y con hielos,
con lluvias y con calor,
todos se merecen premio
y si aquí no se les da,
Dios se les dará en el cielo.
A nadie le penará
lo que pago por el puente
el pagar es una vez
y esté será para siempre.
Ya tenemos una joya,
joya de mucho valor
y por nombre le pondremos,
el Puente del Salvador.
Como está dentro del agua,
se encuentra en gran peligro
le pondremos una fianza
por si el río se lo lleva
está fianza será,
la Peña de los Cuchillos.
El camino de la fuente,
lo queremos arreglar,
para que vayan en coche
las que vayan a lavar.
No digan la Fuente Vieja,
cuando vayan a lavar
que ha sido siempre y será
la Fuente del Armajal.
También ha perdido el nombre,
el Camino de la Huerta
en adelante será,
Paseo de la Alameda
donde podrán pasear
los que buenamente puedan.
F.B.
LA FIESTA DE SAN ANTÓN
Las fiestas de San Antón
serán, poco más o menos
como en años anteriores,
pues pocos fondos tenemos.
La noche de las hogueras,
la más alegre del año
siempre ha habido borracheras,
pero no las habrá este año.
El día de San Antón
misa solemne tenemos
predicador de segunda,
de primera no podemos
porque se han puesto a las nubes
los semones misioneros;
por esa misma razón,
que lo haga el cura del pueblo
por unas treinta pesetas, al día,
ya podrá hacerlo
porque son tres veces treinta,
que se aproximan al ciento
y no estamos en la siega, q
ue estamos en tiempo muerto
¡ a ganar lo que se pueda!
La procesión como siempre
por la calle Zapateros
el Paso, la calle Larga,
va por la plaza del pueblo.
Tenemos para quemar
una traca de mil metros
pero, si nos parece muy larga
le quitaremos dos ceros
Algún petardo también,
algún cohete volandero
de todo esto se hará cargo
Don Lucio, el mayor cohetero.
Una orquestina vendrá,
la más barata que hallemos,
baile en el salón del Zurdo,
entrada libre pondremos
para que puedan bailar
los del pueblo y forasteros.
La pelota del relleno,
como tradición antigua
no faltará en el puchero;
comida no faltará
sin comer nadie se vaya,
los que no tengan amigos
que vayan a la posada.
En los bares no habrá contra,
en todos el mismo precio:
los cafés cuatro pesetas,
las copas a tres lo menos
y las demás bebidas
el precio no lo sabemos,
pero allí se lo dirán,
no les cobrarán de menos.
Y aquí se acaba
la historia de este pueblo
con dolores de cabeza,
desengaños y recuerdos.
F.B.
LA CAMPANA
Tengo la boca de bronce,
tengo la lengua de hierro
la cabeza de madera,
todo apretado mi cuerpo
como carezco de piernas,
con los brazos me mantengo
esperando de soltar
mi voz a los cuatro vientos
y como no puedo sola,
necesito un cireneo
que me ayude a dar la voz
a los vecinos del pueblo.
Muchas veces os aviso:
¡un pajar se está quemando!
Y todos acuden corriendo
con un pozal en la mano
para apagar el incendio.
Otras veces os aviso
que ha muerto un hijo del pueblo
os preguntáis unos a otros
¿quién ha sido el que ha muerto?
Otras veces os aviso
para la fiesta del pueblo
dando vueltas a lo loco,
desafiando a los cuatro vientos.
Si queréis saber quien soy
y del linaje que vengo:
soy de estaño, soy de cobre,
soy la campana del pueblo.
F.B.
EL AÑO 69
Ya se ha muerto,
ya se ha muerto, el año 69
ya lo llevan a enterrar,
séale la tierra leve.
Ya no le veremos más,
el que se va, ya no vuelve
Nos ha dejado al 70,
viejo, con el pelo blanco (nevando)
con lágrimas en los ojos (lloviendo),
todos los días llorando.
Pero aunque de mala gana,
se presenta como nuevo
en medio de la semana,
jueves, primero de Enero.
Ha firmado para un año,
ni un día más, por favor
tiene los días contados
y quiere ser cumplidor
de la palabra que ha dado.
Nos dice que será bueno,
los principios no son malos
viene con su regadera,
para regar los sembrados
animando a las cosechas
y a los frutales del campo
y a los almendros les dice:
esperar, no corráis tanto
que por pronto que lleguéis,
os han de tratar a palos
sin la menor compasión.,
¡no somos humanitarios!
Y al tiempo le dice así:
tu te quedas encargado
de darles buenas cosechas,
que yo me lavo las manos
en llegando a San Silvestre,
último día del año.
Ahí te quedas mundo amargo,
yo me voy y los dejo helados
con el corazón de nabo.
F.B.
EL OBISPO
Ya viene el señor Obispo
con gran acompañamiento
con júbilo y alegría
a visitar este pueblo,
para confirmar a los niños
que ya bautizados fueron
por boca de los padrinos.
Viene a ponerles el sello
de cristianos efectivos,
militantes de la Iglesia,
del ejercito de Cristo
Rey por herencia y conquista,
por los siglos de los siglos.
F.B.
EL TÍO AURELIO
Aurelio se fue a pescar
al río y no pescó nada
se fue a casa de Josefino
y pescó una sobrasada
a veces un salchichón,
nunca se viene sin nada.
A veces pesca mayor
a veces pesca salada,
en casa de Josefino,
la pesca ya está pescada
el cebo va en el bolsillo,
no hace falta llevar caña.
F.B.
Las iniciales F. B. corresponden a Florencio Blasco Antón, sastre de
Casas Bajas
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RECUERDOS:
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CAPITULO 1.-
DE LO QUE PASO EN MI NIÑEZ CON, MIS ENTONCES VECINOS, EL TIO CONSTANCIO “El Guardia” y FERNANDO BAEZA “Baezica”.
Esta es una sencilla historia de las muchas que nos han pasado a todos y cada uno de los nacidos y criados en nuestro querido Casas Bajas. Es por eso que cuanto a continuación se narra no es más que una simple anécdota debida a un modo de vida rural, en una época determinada.
Corría el comienzo del verano del año 1965, según mi reloj biológico, cuando una tarde, ya acabada “la escuela” –el término colegio no estaba en nuestro diccionario, eso era cosa de la “capital”- y después de la obligada siesta, tuve una de esas experiencias que permanecen en el recuerdo y que hoy me sirven de excusa para rendir mi más sentido homenaje a dos personas que desde aquella tarde pasaron a ser dos amigos de los de siempre.
El primero de ellos, no por orden de importancia sino por el debido respeto a nuestros mayores, era el tío Constancio” –“el guardia” para unos y “moreno” para otros, al que yo veía como el “abuelete de confianza” y por tanto, amiguete; y el segundo, mi recién estrenado vecino Fernando Baeza, por aquel entonces “Baezica” y más tarde “Balesa”.
El suceso tuvo lugar en la calle Paso, en las escaleras de la tia Eloísa y del tío Marciano, frente a mi casa.
No hacía mucho tiempo que nos habíamos trasladado a vivir del Cerrao a dicha calle del Paso y conocer a mis nuevos vecinos y hacer amigos era algo importante para mí en aquel momento.
Recuerdo que, en general, mi mente asociaba a las personas mayores con seriedad y carácter duro, sin embargo, el tío Constancio era, a mis ojos, la excepción y siempre estaba de bromas con los “muchachos” y nos comprometía y nos pinchaba para ver si picábamos y nosotros caíamos como lo que éramos, unos chiquillos.
Aquella tarde, sentados en la escalera estábamos Baezica y yo rumiando en qué íbamos a entretenernos para pasar la tarde cuando de pronto salió el tío Constancio de su casa y nos dijo:
- ¡Vaya par de perillanes!.
Tan aburridos debió vernos que nos provocó a jugar una partida de pelota “de las de verdá”, con una pelota medio dura que guardaba para las ocasiones y en el frontón que teníamos más a mano, la fachada de la casa del tío Marciano y la tía Eloísa, los dos contra él y aceptamos enseguida.
Tan pícaro era el tío Constancio que hasta se dejó ganar para que nos envalentonáramos y tras jugar una partida más, nos propuso echar la última pero teníamos que apostar la merienda, el que perdía invitaba a merendar al que ganara: jamón y vino para el tío Constancio y jamón y Mirinda de naranja nosotros.
Dicho y hecho, partida a veintiún tantos y tras muchas discusiones sobre si había sido mala, … si había que echar vuelta, … si había dado dos botes, … si eso era trampa, ..., todo con tal de ganar. La victoria fue clara del tío Constancio y nosotros acabamos con las manos hinchadas y doloridas, aún así, ni el estado de las manos, ni invitar a “magro del pernil” era lo que más nos dolía sino la humillación y el ridículo por perder.
Con la cabeza baja, Fernando y yo nos fuimos a nuestras respectivas casas a pedir a la tía Guadalupe y a mi madre Carmen que nos dieran la merienda y el vino porque habíamos perdido una apuesta y las apuestas son sagradas según el código que nos habían enseñado.
Al rato, bajamos nuevamente al lugar del desafío a pagar nuestra deuda y apareció el tío Constancio, que nos perdonó la deuda y además nos invitó a rolletes de postre y cerezas, creo recordar.
Aquel hombre era un hombre bueno. A partir de aquel día, éramos nosotros quienes le provocábamos a él para conseguir la revancha y si bien hubo más partidas de pelota, ya no hubo más apuestas puesto que ya estábamos escaldados y, además, se fanfarroneaba de habernos ganado.
Aquella tarde aprendimos a jugar mejor a la pelota a mano, a pagar las deudas del juego, a no apostar si no quieres perder, a compartir una merienda y a ser mejores amigos. Aquello sí que era escuela, ¡y sin libros!
Después de todo, el tío Constancio, sin saberlo -ni él ni nosotros, nos estaba enseñando, sin tener más conocimientos pedagógicos que su propia razón y su buen corazón, las bases de la mejor moraleja que toda persona debe aplicar al sentido común de la vida.
¡Vaya tiempos! ¡Y cuánta felicidad!.
Dedicatoria: Al tío Constancio, al que siempre llevo en mi recuerdo, y a mi amigo Fernando del que aún no me he acostumbrado a no tenerlo a mi lado, pero no quiero quedarme con la tristeza y la melancolía sino con la satisfacción de haber compartido con ellos momentos tan felices como el ahora narrado.
Antonio Antón Rubio
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