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El Observatori Cultural de la Universitat de València analiza los límites de la IA en la creación artística

  • Fundación General UV
  • 11 junio de 2024
De izquierda a derecha: Marelisa Blanco, Luis Demano y Ainara LeGardon.
De izquierda a derecha: Marelisa Blanco, Luis Demano y Ainara LeGardon.

El Observatori Cultural de la Universitat de València ha organizado el debate ‘Consentimiento previo, crédito y compensación’ para analizar las claves del uso responsable de la Inteligencia Artificial (IA) generativa en la creación artística junto con tres artistas y expertos en propiedad intelectual. El encuentro tendrá lugar en la Sala Palmireno de la Facultat de Geografia i Història de la UV (Avda. Blasco Ibáñez, 28), este miércoles, día 12 de junio, a las 18 horas.

La entrada al acto es libre con inscripción gratuita previa en https://www.uv.es/observatoricultural

La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) generativa de contenidos digitales es una realidad insoslayable que ha extendido su brazo hasta el sector cultural, el cual denuncia el uso irresponsable que se hace de esta herramienta cuando se nutre de obras originales sin espacio para el reconocimiento de autores y autoras.

Esta es una cuestión, junto con otros impactos de la IA en la creación artística, que también le preocupa al Observatori Cultural de la Universitat de València y sobre la que quiere reflexionar, junto con los mismos artistas y expertos en propiedad intelectual, mediante el debate abierto.

El Observatori Cultural UV, que dirige el profesor de la Universitat de València Raúl Abeledo, conversará, a través de un diálogo participativo, con tres expertos sobre el nuevo y complejo panorama que se presenta ante la creación artística, su (des)protección legal y, por lo tanto, profesional.

Estos son Ainara LeGardon, música, artista y especialista en propiedad intelectual, que ofrecerá una conferencia sobre el tema y, a continuación, participará en una mesa redonda junto con Marelisa Blanco, abogada y dibujante, moderada por el ilustrador y diseñador gráfico valenciano Luis Demano.

Preguntados los tres por el impacto de la IA en la creación artística y su difusión, los riesgos para el trabajo del artista y para la sociedad, la protección jurídica del proceso creativo y la obra resultante: ¿la solución pasa para adaptarse o “morir”? Sus respuestas han sido:

¿Apocalíptico o integrado?
Marelisa Blanco (MB): En mi caso, punto intermedio. Como tecnología, sí, reconozco que es una tecnología interesante, sin embargo, hay varios “peros” en la ecuación, puesto que en este caso no vale simplemente un “adaptarse para no morir” sino que nos encontramos, en primer lugar, ante una situación donde se han infringido una cantidad enorme de derechos de autor de centenares de miles de autores y que ha conllevado a la interposición de varias demandas en USA y UK.

Luis Demano (LD): La IA generativa tiene una función dentro del mercado capitalista, que es la extracción de valor: Su objetivo principal es beneficiar a sus accionistas haciéndose con el mayor rango de mercado y, si para lograr esos objetivos tiene que dañar a sectores concretos o a la sociedad en su conjunto, lo hará; y como el sector cultural está altamente precarizado y atomizado es el que resulta más afectado, precisamente, por su propia debilidad dentro de un esquema de relaciones de poder en el contexto del mercado capitalista: esta es la clave principal y el punto de partida del conflicto que plantea la irrupción masiva de la IA.

¿En qué medida puede resultar perjudicial la IA en la creación artística?
MB: Desde un punto de vista social, la pérdida de empleo, mayor precarización al tener una tendencia en la bajada de precios porque las empresas entienden que la IA “aligera la carga de trabajo”. Sin embargo, las traducciones y las artes tienen un componente de comprensión y reflexión que un modelo de IA no puede emular. Convertir el arte o la cultura en meros productos de entretenimiento puede causar un mal a nuestro patrimonio; además, recordamos que el arte ayuda al pensamiento crítico y a fomentar habilidades cognoscitivas importantes para el desarrollo intelectual.

LD: Como apunta Marelisa, la desvalorización del proceso creativo a través de su automatización. Para esto, las empresas han diseñado el falso discurso de la democratización del arte que pretende crear la percepción general de que las habilidades y los conocimientos previos no son necesarios para desarrollar contenido en línea, por lo tanto, los derechos laborales del sector artístico son percibidos como privilegios: los derechos de autoría, por ejemplo.

Ainara LeGardon (AL): A todo lo que Marelisa y Luis han apuntado muy acertadamente, puedo añadir “el aplanamiento” de la cultura y el desarrollo, como sociedad, de una mayor “tolerancia a la mediocridad”. Como referencias y ejemplos de estas ideas y reflexiones encontramos el ensayo Mundofiltro. Cómo los algoritmos han aplanado la cultura.

¿No hay nada en positivo?
MB: Una vez se respete la Propiedad Intelectual y los derechos de los usuarios, podría ser un sistema muy interesante a nivel artístico, por ejemplo, algunos artistas compran modelos para alimentarlos con sus propios dibujos y generar obras o acabar obras de manera más sencilla. El problema está en el entrenamiento del modelo.

LD: Como verdadera herramienta al servicio de los intereses colectivos y no como una tecnología parasitaria al servicio de intereses privados es positiva, sobre todo, por su bajo consumo energético en el actual contexto de crisis climática.

AL: Efectivamente. Cómo han sido creados estos modelos es básico para entender que la tecnología no es neutra. Estos modelos se han desarrollado en base a una vulneración masiva de derechos de propiedad intelectual, laborales, medioambientales, etcétera.

¿Cuál es el impacto de la IA en la creación artística, y en su difusión?
MB: Desde un prisma negativo, para los artistas la pérdida de reputación, el posible plagio, la usurpación de la personalidad o el estilo artístico mediante apropiacionismo, vulneraciones varias a la Propiedad Intelectual. Por otro lado y en cuanto a difusión, podríamos añadir que sea casi imposible encontrar material original, por ejemplo. ¿Desde un punto de vista “positivo”? Podría ahorrar tiempo a los creadores y, según las noticias, podría ayudar a las industrias a generar más dinero al aumentar la eficiencia. Pero esto no siempre se traduce en la mejora de los autores.

¿Y sus consecuencias? ¿Afectaría solo al artista y su trabajo o supone un riesgo para la sociedad?
MB: Las consecuencias van desde el empobrecimiento y mayor precarización de un sector precarizado de por sí hasta la pérdida cultural, puesto que lo interesante de las artes son las miradas que aportan, el pensamiento que hay detrás o la reflexión sobre la obra. Pensamos que las IA necesitan el material humano para crear, pero no tienen capacidad de innovación, solo se basan en trabajos previos.

¿Es posible la intervención jurídica para regular este uso de la IA? Existe una guía de buenas prácticas del Ministerio de Cultura…
MB: Sí. En principio la Ley de Propiedad Intelectual prevé un límite para la minería de datos, pero se limita a la investigación científica y los artistas tienen el derecho a oponerse al hecho de que se usen sus obras para entrenar IA (que es el quid de la cuestión más problemática de las IA). La Ley del Libro y otras tantas siempre hablan del fomento y ayuda a autores por lo que, en principio, tendría que prevalecer la creación humana sobre la sintética. Sin embargo, las Administraciones públicas están más prestas a usar las Inteligencias Artificiales Generativas e, incluso, otorgan premios económicos a personas que usan estas herramientas y hacen un intrusismo en un sector bastante complicado.

LD: En este momento, la mayor parte de las esperanzas del sector cultural están puestas sobre la recién aprobada Ley IA europea, la primera ley integral del mundo, aunque esperamos que en el futuro pueda profundizar más y extender los puntos positivos.

AL: Respecto a la Guía del Ministerio, es un documento que no llega ni a dos páginas, no profundiza y, desde mi punto de vista, se queda en papel mojado.

Pero la regulación europea no llegará hasta de aquí a dos años, ¿no será tarde?
ML: Sí, llegará tarde y con grave riesgo de quedarse obsoleta en el mismo momento de su nacimiento, nadie podrá resarcir a los autores y las herramientas jurídicas a mano son bastante básicas.

¿Si el marco jurídico no defiende al autor y su obra, qué ocurre? ¿La IA es el principio del fin de la libertad de creación?
ML: Más que el fin de la creación, porque nosotros, los creadores, siempre volveremos a escribir, a dibujar, a componer, a tocar, no podemos evitarlo, será el fin de la posibilidad de vivir dignamente de tu trabajo.

¿Y si, muy apocalípticamente, se dejara de crear, llegará un momento en que ni siquiera la IA pueda sustituir al creador porque ya no habrá obras artísticas originales…?
ML: Efectivamente, y será un refrito del refrito del refrito.

¿En tu ámbito, es posible la adaptación a la irrupción de la IA?
ML: En el ámbito legal parece que sí, porque lo utilizan para generar escritos, sin embargo, nuestro trabajo será más semblante a la posedición, o a analizar el caso y pedirle a la IA que lo escriba muy específicamente y después rematar el trabajo.

LD: La clave estaría en plantear la pregunta de manera inversa. ¿Seremos capaces de conseguir que los intereses de las empresas privadas de IA se adapten a verdaderas necesidades, tanto profesionales como vitales? ¿O seguiremos plegados a las necesidades artificiales que las empresas de IA generan limitando nuestro rol social a simples consumidores de su mercancía?

AL: No tengo más que añadir a lo que ya han dicho Marelisa y Luis. Subscribo todo lo que han compartido.