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ESTROFA XLVI SIGUIENTE

«¡Oh bella Galatea, más suave
que los claveles que tronchó la aurora;
blanca, más que las plumas de aquel ave
que dulce muere y en las aguas mora;
igual en pompa al pájaro que, grave,
su manto azul de tantos ojos dora
cuantas el celestial zafiro estrellas!
¡Oh tú, que en dos incluyes las más bellas!

Comentarios:

Ésta es la primera de las tres estrofas que Polifemo emplea en invocar a Galatea, inicio del largo canto de Polifemo, que se extiende por 13 octavas. Según la fama que le precede, cabría esperar un canto horrible, monstruoso y tosco, pero en realidad es todo lo contrario: es un canto de amor dulce, tierno e inteligente. Con la única excepción (justificada) de la estrofa LV, no hay en él un solo hipérbaton violento, confuso o desagradable. Al contrario, el canto es una perfecta pieza de oratoria.

En esta primera estrofa Polifemo describe a Galatea con las mismas metáforas que el narrador ha empleado en la estrofa XIII. Ello sugiere que el deseo que la ninfa suscita en el cíclope no es superficial, sino que éste sabe apreciar y valorar toda la belleza de Galatea (la misma técnica empleada con Acis en la estrofa XXIV).

Conviene observar la diferencia radical entre el Polifemo de Góngora y el de Ovidio. El de Ovidio sí que es tosco, torpe y ridículo. Por ejemplo, también empieza su discurso con halagos hacia Galatea, la culminación de los cuales son los versos siguientes:

mollior et cygni plumis et lacte coacto,
et, si non fugias, riguo formosior horto.          (Metam. 13.796-13.797)
(más suave que las plumas del cisne y que la leche cuajada y, si no huyeras, más hermosa que un huerto regado.)

El cíclope estropea el efecto de una metáfora elegante con una rústica alusión a la leche cuajada, y su mayor halago es comparar a la ninfa con un huerto (eso sí, un huerto regado). El resultado es un discurso ridículo de Polifemo y unos magníficos versos de Ovidio. Góngora habría sabido seguir magistralmente este modelo, pero se aparta deliberadamente de él. Su Polifemo va a ser el más complejo de los personajes de la fábula: un ser brutal que trata de refinarse por amor, pero no comprende todo lo que ello conlleva y sólo lo consigue en parte, y cuando ve que sus esfuerzos son vanos resurge en él el monstruo y desencadena el trágico final.

Sin anticipar acontecimientos, lo que podemos decir ante esta octava es que la impresión que se obtiene al ver a Polifemo o la que se desprende de su fama no se corresponde en absoluto con la que se obtiene al oírle hablar.

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