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El dentista circense: la historia de ‘Painless’ Parker

El estadounidense ‘Painless’ Parker alcanzó la fama a principios del siglo XX por sus técnicas odontológicas, así como por su afán de transformar su negocio en un espectáculo circense

5 de julio de 2016

‘Painless’ Parker nació en 1872 bajo el nombre de Edgar R. R. Parker. El título de ‘Painless’ se lo ganó durante su carrera como dentista callejero. Parker utilizaba una versión muy diluida de la cocaína (que él llamaba hidrocaína) para inyectársela a sus pacientes antes de extraerles los dientes, lo cual hacía la experiencia indolora en el momento. De ahí el mote de ‘Painless’ (sin dolor, en inglés).

El apodo se hizo tan popular que Parker terminó por cambiar su nombre legal, ya que el estado de California no permitía ejercer como dentista bajo ningún tipo de seudónimo. Parker estableció consultas en varios estados norteamericanos, pero terminó por asentarse en California, donde hoy en día se encuentra enterrado.

El dentista (de origen canadiense) empezó sus andanzas ofreciendo revisiones dentales por la calle. Parker prometía extracciones dentales indoloras a un módico precio de 50 centavos; y ofrecía pagar 5 dólares a todo aquel paciente que no quedara satisfecho.

Su carisma y su buen hacer le consiguieron cierto renombre entre la población y, pronto, las calles se le quedaron pequeñas. Parker fue un pionero a la hora de juntar negocio con espectáculo y no tardó en expandir sus horizontes comerciales. El dentista, con la ayuda de William Beebe, contrató una banda que anunciaba su llegada por las calles de Nueva York. De esta manera, Parker extraía los dientes de sus pacientes en una tienda desmontable mientras la banda entretenía a los transeúntes (y de paso ahogaba los gritos de sus pacientes).

Cuando la tienda se les antojó insuficiente, Parker y Beebe apostaron por una presentación todavía más arriesgada. Compraron un coche de caballos al que le ataron una plataforma coronada con una silla de dentista en el centro, paseando su labor, y su incomparable verborrea, por todos los rincones de la costa este.

Tras la muerte de Beebe, Parker se trasladó de vuelta a California, donde compró un circo en 1913. En él, Parker ejercía de maestro de ceremonias, y realizaba su labor como dentista en una tienda separada, mientras el resto de los no-pacientes podía disfrutar del espectáculo circense.

Con el paso del tiempo, Parker terminó por abandonar las extracciones al aire libre (por la creciente preocupación por las infecciones) e inauguró una clínica dental en Los Ángeles, en la que, además, proyectaba films y documentales informativos sobre la salud dental para todo aquel que quisiera informarse. La consulta, que fue la más grande que jamás tuvo, todavía se mantiene en pie y ha ido pasando de dentistas en dentistas, siendo ya una tradición en la ciudad angelina.

 
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