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Crónica seminario Seminario Diplomacia, ciencia y tecnología: la estrategia pública del desastre nuclear de Palomares (1966)

  • 19 enero de 2026
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El jueves 20 de noviembre del 2025, se presentó el seminario Diplomacia, ciencia y tecnología: la estrategia pública del desastre nuclear de Palomares (1966) a cargo de la doctora en historia de la ciencia Clara Florensa, investigadora Ramon y Cajal en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC-IMF, Barcelona). El seminario del grupo de estudios interdisciplinarios del franquismo (Interfranc) se realizó en la sede de la UV del Instituto Interuniversitario López Piñero.

El seminario se centró en las relaciones entre la ciencia y la diplomacia a través del análisis de la gestión de la crisis diplomática que provocó el accidente nuclear de Palomares en 1966. Este accidente se produjo por el choque de dos aviones de las fuerzas norteamericanas durante una maniobra en el aire sobre el cielo de Almería. Uno de los aviones estaba cargado con cuatro bombas nucleares, tres de ellas cayeron a tierra mientras que una cayó al mar y permaneció perdida durante tres meses. El material radiactivo de las bombas que cayeron a tierra se esparció sobre una vasta extensión de territorio que era habitada y además cultivada. Florensa explicó que el accidente significó una crisis política internacional, por lo que Estados Unidos para calmar a la opinión pública española y evitar que su reputación se viera profundamente dañada, uso todos los recursos que tenía disponibles para minimizar el daño.

Clara Florensa explicó que los archivos de Anger Biddlen Duke, embajador de los Estados Unidos en España cuando durante el accidente, evidencia la preocupación de las autoridades por su impacto en el turismo, pese a las supuestas garantías de seguridad de España y de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos. El accidente también afecto a los acuerdos de 1953 entre Estados Unidos y España, los cuales permitían la instalación de bases militares estadounidenses en territorio español, ya que después del accidente nuclear ambos gobiernos evitaron que se cuestionara la presencia de las bases militares. Por otro lado, la doctora Florensa argumentó que lo ocurrido, presentaba un problema para España ya que la comunidad española sentía miedo al riesgo radiológico para la salud y el medio ambiente, por lo que este sentimiento antinuclear en combinación con el antiestadounidense significaban un peligro para los acuerdos nucleares entre ambos países. Para calmar esta reacción, la ciencia, los instrumentos científicos y la tecnología fueron de suma importancia ante la estrategia diplomática que se llevó a cabo.

Según Clara Florensa, en la historia de la diplomacia pública, algunos estudiosos han señalado que las acciones diplomáticas visuales y performativas intentan captar la imaginación de los medios y del público, sin embargo el interés académico en la diplomacia científica visual ha sido escaso. Los estudios sobre la historia de la diplomacia científica se centran principalmente en las relaciones entre élites sociales. Un ejemplo de diplomacia científica, sería la historia de la diplomacia nuclear ya que se necesitan establecer procesos que implican negociaciones internacionales, como por ejemplo normas de protección radiológica, que requieren la colaboración de científicos y diplomáticos.

La investigadora explicó que la solución a la crisis pública desencadenada por el accidente nuclear de Palomares se basó en lo que se podría denominar diplomacia pública y visual de carácter científico y tecnológico. Pocos días después del accidente, existía una presión mediática, especialmente internacional,  sobre las consecuencias del accidente, lo que podría llevar a especulaciones debido a la política de no hacer comentarios sobre el asunto y a los diferentes problemas aún no resueltos. Una de las bombas continuaba perdida en el mar, no se sabían las consecuencias de la contaminación en las aguas del Mediterráneo ni el estado de los cultivos y campos de tierra dónde las otras bombas habían esparcido el plutonio. El consenso entre las autoridades fue que se requería de una acción positiva lo suficientemente potente para frenar las noticias perjudiciales. Es por eso que se hizo una de las acciones diplomáticas más conocidas de esta campaña contra las especulaciones mediáticas, que fue el famoso baño del Embajador de Estados Unidos en España y el Ministro de Información y Turismos en una playa a unos kilómetros de Palomares el día 8 de marzo de 1966. Este acto de diplomacia científica, se orquestó cuidadosamente, ya que quienes lo realizaron debían seguir un guion específico, mostrándose alegres y despreocupados, como si estuvieran de vacaciones.   

Por otra parte, Florensa analizó el proceso de circulación de las imágenes tecnológicas cómo un plan de comunicación estratégico para gestionar la crisis pública. Se debían eliminar los elementos controvertidos que provocaran miedo y un potencial peligro, como ropa de protección o detectores de radiación. Es por eso que las imágenes de la búsqueda de la bomba, como la de los sumergibles de aguas profundas, Deep Jeep, Alvin y Aluminaut, fueron protagonistas de esta campaña. Tras la autorización de las imágenes, la prensa española exhibió los dispositivos navales en reportajes d gran formato, con explicaciones detalladas. Además, la investigadora explicó cómo se utilizó el estreno de la película de James Bond, Thunderball, que hablaba de una perdida de bombas en el mar, como una comparación y una campaña de la prensa. Finalmente, la imagen de la bomba nuclear rescatada del mar el 7 de abril de 1966, casi tres meses luego del accidente, puso fin a la estrategia de esta campaña pública y se consideró el acto final de accidente de Palomares.

Toda esta campaña junto con la cobertura mediática difundió una imagen propagandística de Estados Unidos, como un salvador y como una potencia tecnológicamente superior dado a su capacidad de contar con tecnología que podía realizar búsquedas y vigilancia submarina en las aguas profundas, a pesar de que los informe técnicos militares revelaban que los submarinos utilizados eran poco eficaces y contaban con graves limitaciones técnicas. Al mismo tiempo, la campaña mediática desvió la atención de la contaminación nuclear en tierra firme, como por ejemplo en los cultivos, y los riesgos radiológicos para las personas, olvidando las bombas que cayeron en tierra, se rompieron y contaminaron con plutonio. Para calmar a la opinión pública, un elemento tecnológico clave fue el contador de cuerpo entero, que era un aparato muy avanzado para la época, pero ineficaz para detectar plutonio en humanos. El contador de cuerpo entero fue enviado como un regalo diplomático a España por parte del gobierno de Estados Unidos, como parte del acuerdo Otero-Hall.

La investigadora explicó cómo el el contador de cuerpo entero actuó e interpretó el papel de un diplomático, mejorando la imagen de Estados Unidos, especialmente en la esfera pública española, reforzando las relaciones entre Estados Unidos y España y contribuyendo al intercambio científico-comercial. Los habitantes de Palomares vivieron las contradicciones entre lo que ocurría en sus tierras con lo que se transmitía por la opinión pública, intentando comentar lo que les sucedía a través de cartas a la prensa y manifestaciones en los tiempos de dictadura. Así, la llegada del contador de cuerpo entero fue a anunciada como el dispositivo que finalmente demostraría que la población de Palomares no tenía contaminación radioactiva. La prensa lo describió como un aparato altamente perfeccionado, sin embargo, omitió que los informes de comités específicos concluían que esta tecnología no era útil para la monitorización del público general. Clara Florensa explicó que hasta el día de hoy, los habitantes de Palomares son medidos por el contador de cuerpo entero y que todo esto estableció jerarquías científicas entre España y Estados Unidos, situando a los científicos de Estados Unidos como los expertos de referencia en esta cuestión.  

Como conclusión del seminario, Clara Florensa invitó a una reflexión sobre la política de los instrumentos científicos y la tecnología y cómo tienen la capacidad para desempeñar labores diplomáticas. El contador de cuerpo entero fue un regalo diplomático en compensación por la contaminación radiológica que existe aún en la zona. Las imágenes e imaginarios científicos y tecnológicos desempeñaron un papel protagonista en la gestión pública y mediática de la crisis generada por el accidente de Palomares. Todo este manejo de la crisis sirvió para reforzar relaciones políticas y científicas desiguales y proyectar un relato optimista que ocultó la presencia de contaminación radiológica, mostrando el poder de la diplomacia visual y científica en la gestión pública de desastre como el de Palomares.

Ivania Maturana, estudiante de prácticas extracurriculares del Máster Interuniversitario de Historia y Comunicación de la Ciencia.