Dolores Ortiz (UV): “La IA nos ayudará a frenar la fibrosis en enfermedades inflamatorias intestinales”

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  • M. Angelica Morales Lopez
  • 26 junio de 2026
 
La investigadora de la Universitat de València Dolores Ortiz.
La investigadora de la Universitat de València Dolores Ortiz.

Cada 27 de junio se conmemora el Día Mundial del Microbioma, pero para comprender qué es, en primer lugar hay que conocer la microbiota, el lugar donde se aloja. Se trata de un ecosistema complejo que habita “en nuestro cuerpo”, formado por bacterias, virus y hongos, entre otras especies.

Según explica la profesora de la Universitat de València Dolores Ortiz, este conjunto de microorganismos ejerce un papel activo en procesos diarios, como la digestión o la metabolización de los fármacos que ingerimos, de manera que interactúan con el sistema inmune y son capaces, incluso, de sintetizar metabolitos que pasan a sangre y que pueden tener efectos sistémicos. De ahí su relevancia para conservar un buen estado de salud general.

Ortiz, titular en el Departamento de Medicina, trabaja desde hace más de una década en la enfermedad inflamatoria intestinal y su especialización abarca dos grandes patologías de este grupo: la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Durante todos estos años, su investigación, que arrancó con la fisiopatología, ha evolucionado hasta la enfermedad fibroestetónica, es decir, el momento en que se presentan las complicaciones.  

P: ¿Qué es el microbioma y por qué resulta tan importante para nuestra salud? 
R: El microbioma es, junto a la microbiota, ese ecosistema de bacterias, virus y hongos que realiza actividades con nuestro cuerpo como la digestión, tanto de nutrientes como de fármacos. Así pues, determina muchas funciones y es importante que exista un equilibrio en él. De hecho, cuando se desequilibra, se produce una disbiosis, e incluso una patología que se denomina SIBO (por sus siglas en inglés de sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado).

P: Su campo de investigación es la enfermedad inflamatoria intestinal. ¿Cuál es la más común y cómo afecta al funcionamiento del cuerpo humano?
R: La más frecuente suele ser la colitis ulcerosa, una enfermedad inflamatoria que afecta sobre todo a la mucosa, al tracto terminal –colon y recto–; y, por otro lado, tenemos la enfermedad de Crohn, que es más grave porque afecta, ya no solo a la mucosa, sino a capas más profundas y pueden aparecer úlceras. 

Con un buen ecosistema bacteriano podemos detener o controlar la inflamación crónica

P: ¿Cuál es el papel que desarrolla el microbioma en estas patologías?
R: Su papel es el mantenimiento de la barrera intestinal. En estos pacientes, es importante que esta barrera se mantenga lo más intacta posible porque, además, se encuentra muy implicada en la inflamación. Por lo tanto, con un buen ecosistema bacteriano podemos detener o controlar esa inflamación crónica tan característica.

P: Usted es especialista en complicaciones, como las fístulas y las estenosis. ¿Cuál es la función del microbioma en estos casos: favorece o agrava los procesos?
R: Las estenosis son estrechamientos de la luz intestinal, y las fístulas son comunicaciones de dos espacios que no tendrían que estar comunicados, por ejemplo, una comunicación entre dos asas intestinales, o la vejiga y el intestino. Teniendo esto en cuenta, una disbiosis en este tipo de pacientes es también bastante peligroso, no solo una vez establecida, sino también en los procesos anteriores. De hecho, actualmente, se están realizando estudios para conocer por qué hay pacientes que desarrollan estas complicaciones y otros no, y comparar la microbiota que tienen unos y otros. Una corriente investigadora, por ejemplo, pretende generar o administrar determinadas cepas que pudieran retrasar la aparición de la enfermedad o de las complicaciones, prevenirlas o mejorar el estado general de los pacientes evitando llegar a más.

La investigación en microbiota está ahora mismo en auge para solucionar y mejorar la calidad de vida de las personas

P: ¿Cuál es el tratamiento actual ante estas complicaciones?
R: Son complicaciones bastante frecuentes porque ambas patologías son enfermedades crónicas. Alrededor del 50 % de los pacientes que las sufren seguramente desarrollarán enfermedad fibroestenótica a largo plazo. Actualmente, la única solución que tenemos es una endoscopia con la que intentamos ensanchar esta estenosis, o directamente a quirófano, donde tenemos que eliminar esas zonas que están causando problemas. Por tanto, la microbiota y otras vías de investigación están ahora mismo en auge para solucionar y mejorar la calidad de vida de estos pacientes.

P: ¿Se pueden destacar resultados recientes de la investigación en los mecanismos de la mucosa intestinal y la progresión hacia la fibrosis?
R: Sí hay algunos resultados pero son muy incipientes. En la Universitat de València tenemos dos líneas de investigación muy fuertes en este sentido. La primera es la búsqueda de parámetros bioquímicos que nos digan qué pacientes tienen más predisposición a sufrir este tipo de complicaciones. Puede ser la microbiota, por ejemplo, pero puede ser otro tipo de marcadores. Y la segunda consiste en analizar nuevas llanas farmacológicas que nos permitan revertir el proceso o, por lo menos, frenarlo. Aquí incluimos llanas moleculares, pero también estamos trabajando con suplementos, como ácidos grasos de cadena media y de cadena corta que podrían mejorar estos procesos.

Una de nuestras líneas fuertes de estudio es la suplementación con determinados ácidos grasos que detengan los procesos de la enfermedad

P: Supongo que la alimentación juega aquí un papel importante.
R: Sí, de hecho, es una de nuestras líneas. Se trata de la suplementación con determinados ácidos grasos que podría favorecer que se detengan estos procesos.

P: Probióticos, prebióticos…, son términos comunes en el día a día de cualquier persona, ¿pero conocemos realmente su significado? ¿Qué son y que nos aportan?
R: Los probióticos son los más conocidos –yo creo que son los primeros que se anunciaban en los medios de comunicación–, son alimentos, suplementos, incluso cápsulas, que contienen microorganismos vivos. Estos microorganismos, avalados por la ciencia, favorecen el desarrollo de un microbioma beneficioso, que ayuda a nuestro sistema inmune, detiene procesos inflamatorios, estabiliza nuestra barrera intestinal... Y también los podemos encontrar en alimentos, como el kéfir o el yogur.

Por otro lado, los prebióticos son ya un concepto más nuevo, aunque, en realidad, siempre han existido, y son los alimentos que contienen los nutrientes o los sustratos para que las bacterias que consideramos buenas y beneficiosas crezcan y hagan sus actividades: es el alimento que necesitan ellas. Uno, por ejemplo, es la inulina. ¿Y dónde podemos encontrarla? La inulina es una fibra que no se absorbe, sino que la ingerimos, por ejemplo, con la cebolla o con la alcachofa. Llega íntegra al colon, nuestras bacterias la cogen y la utilizan para sus funciones, para crecer y para tener una flora sana.

Hoy por hoy, la modificación de la microbiota es una herramienta más para vencer al cáncer

P: ¿Hay evidencia científica del potencial de la microbiota para prevenir enfermedades muy graves, como el cáncer?
R: Sobre este aspecto, nos encontramos aún en etapas muy tempranas, si bien es cierto que hay estudios que avalan que una microbiota sana y equilibrada puede prevenir las neoplasias colorrectales. Pero ya no solo en la prevención, sino que también se están haciendo estudios en el tratamiento oncológico, concretamente en la inmunoterapia, puesto que la microbiota también ayuda en la metabolización de los fármacos. No obstante, hay que ser prudentes porque en esta área no se podría decir que modificar la microbiota sea, hoy por hoy, una estrategia válida; por ahora, es una herramienta más.

P: Pensemos en el futuro dentro de una década, por ejemplo. ¿En qué punto cree que se encontrarán los estudios sobre el microbioma? ¿Se habrá alcanzado objetivos?
R: Sí, sinceramente, y a todos los niveles. En los últimos diez años, la ciencia en salud ha avanzado muchísimo, así que dentro de 10 años no lo puedo ni imaginar. A nivel científico, la inteligencia artificial ayuda mucho: obtenemos un gran volumen de datos de transcriptómica, metabolómica... Con todas estas herramientas, la ciencia, y sobre todo la ciencia de salud, va hacia la medicina personalizada. En el caso de la microbiota, por ejemplo, nos encaminamos hacia un determinado medicamento, con una determinada cepa, con una determinada dosis, para un determinado paciente que necesita hacer una determinada cosa. Realmente, yo creo que en 10 años, si todo va bien, estaremos ahí –en la medicina totalmente personalizada. Prescribir probióticos de forma general se continuará haciendo, pero a nivel clínico podremos dar incluso un determinado metabolito que sintetiza esa cepa que necesitamos y que nos permite, por ejemplo, frenar la fibrosis.

P: Y para finalizar, ¿qué piensa de la divulgación científica?
R: Creo que es fundamental, importante y, además, creo, sinceramente, que el personal investigador, tanto de las universidades como de otras instituciones públicas y privadas, tenemos la obligación social de comunicar nuestros hallazgos a la ciudadanía para mejorar las decisiones generales que tomamos todos los días y, por lo tanto, mejorar como sociedad. Realmente, creo que la divulgación es un pilar fundamental en el siglo XXI.

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