Este proyecto analiza las comorbilidades emocionales y cognitivas del dolor crónico desde un enfoque traslacional, integrando estudios en humanos y modelos animales. Parte de la evidencia de que el dolor crónico suele acompañarse de alteraciones neuropsiquiátricas, deterioro del bienestar y peor pronóstico clínico, y plantea que estas comorbilidades están vinculadas a alteraciones del eje intestino-cerebro, del sistema nervioso autónomo y de circuitos corticales y mesocorticolímbicos, especialmente en la vía mPFC-NAc. El proyecto explora cómo las alteraciones gliales, la neurotransmisión glutamatérgica, la inflamación y la comunicación vagal contribuyen a la cronificación del dolor, a los déficits cognitivos, a los estados afectivos negativos y a conductas desadaptativas como el consumo compulsivo de alcohol. Asimismo, incorpora una perspectiva de sexo/género para estudiar diferencias en los mecanismos neurobiológicos implicados. Su finalidad es identificar fenotipos y biomarcadores que permitan avanzar hacia intervenciones psicológicas y dirigidas a la microbiota más específicas para el manejo del dolor crónico y sus comorbilidades.
Este proyecto, en su vertiente en humanos, analiza cómo las dificultades en la regulación emocional se asocian al riesgo de consumo problemático de opioides y alcohol en pacientes con dolor crónico, considerando además el papel de la ansiedad, la depresión y la toma de decisiones. Parte de resultados previos del equipo que muestran una fuerte relación entre emocionalidad negativa y uso aberrante de opioides, y plantea la necesidad de identificar factores psicológicos de riesgo y protección en esta población. Para ello, se estudiará una muestra de 150 pacientes con dolor crónico procedentes de hospitales de la provincia de Valencia, evaluando regulación emocional, sintomatología afectiva, resiliencia, estrategias de afrontamiento, patrones de consumo de sustancias y variables decisionales, con especial atención a las diferencias de género. Desde una perspectiva aplicada, el proyecto busca generar evidencia que permita diseñar intervenciones preventivas y terapéuticas más eficaces y sensibles al género, dirigidas tanto a mejorar el bienestar emocional como a reducir el riesgo de uso problemático de opioides y consumo compulsivo de alcohol en personas con dolor crónico.
Este proyecto surge de la necesidad de comprender mejor los factores psicobiológicos que incrementan la vulnerabilidad ante conductas de riesgo en un contexto social marcado por el aumento de la ansiedad, la depresión y otros estados afectivos negativos tras la pandemia. Se centra en el papel de la afectividad negativa, entendida como la tendencia estable a experimentar emociones negativas, y en su relación con conductas de riesgo relevantes para la salud mental, como el consumo de drogas o la conducta suicida. En particular, el proyecto estudia cómo el estrés agudo modula la toma de decisiones en personas con afectividad negativa, con el objetivo de identificar perfiles de riesgo comportamental. Para ello, combina un paradigma experimental de inducción de estrés mediante el Trier Social Stress Test con una tarea de toma de decisiones de riesgo, la Iowa Gambling Task, incorporando además medidas fisiológicas como el tono vagal, la actividad electrodérmica y el cortisol. El proyecto presta especial atención al papel del género, dada su influencia en la respuesta al estrés y en los procesos decisionales, y pretende aportar conocimiento útil para comprender los mecanismos neurobiológicos implicados y orientar futuras estrategias preventivas y terapéuticas.
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