
La Universitat de València conmemora este mes de julio la campaña mundial «Julio sin plástico», una iniciativa que busca concienciar sobre el impacto ambiental de los plásticos desechables. En un contexto donde estos residuos representan el 50% del total generado globalmente y pueden tardar hasta 400 años a desaparecer, la institución arrecia su compromiso con un modelo de campus residuo cero.
Dentro de la estrategia UVSostenibilitat, la Universidad ha implementado medidas drásticas en sus servicios de restauración para eliminar la huella del plástico. Según los nuevos pliegos de licitación de las cafeterías, se ha prohibido expresamente el uso de botellas de agua de plástico, sustituyéndolas por agua en envase de vidrio o fuentes de autoservicio gratuitas
Además, todo el menaje empleado —platos, vasos y cubiertos— es de material reutilizable, y se han eliminado el mantel desechable. Incluso a las máquinas de vending, se ha introducido la opción «sin vaso» para fomentar el uso de recipientes propios.

El impacto de nuestras elecciones: cafetería vs. comer para llevar
Uno de los puntos clave de esta campaña es visibilizar la gran diferencia en la generación de residuos según donde decidimos comer. Optar por el menú de la cafetería universitaria supone un ahorro masivo de envases, puesto que se utilizan elementos permanentes que no acontecen desechos después desechables.
Por el contrario, conformar un menú similar con comida para llevar de supermercado o platos preparados multiplica el impacto ambiental. Estos productos suelen venir envasados en múltiples capas de plástico y films que, además de ser difíciles de reciclar, generan un volumen de residuos que requiere grandes recursos para su tratamiento y a menudo acaba en vertederos.
Se da la paradoja que cafeterías que minimizan el uso de botellas de plástico, envoltorios y envases, acaban gestionando residuos plásticos de comida para llevar otros proveedores. Dale una oportunidad a la comida recientemente hecha en plato y cubertería tradicional, comerás mejor, más sano y generarás menos residuos. Recuerda que puedes pedir medio menú, que los productos son frescos y de temporada, que tienes fruta para los postres y que puedes pedir el menú sin bebida para aprovechar las fuentes de agua refrigerada.
Como medida adicional para evitar el deperdicio alimentario y favorecer el ahorro del estudiantado, las raciones de los menús que no se han vendido se ofrecen al final del servicio a precios reducidos.
Sostenibilidad a precio reducido
Más allá del beneficio ecológico, la UV fomenta que la elige sostenible no sea más cara. Las cafeterías ofrecen envases compostables para aquellos que necesitan llevarse la comida sobrante, pero animan también a llevar el propio recipiente de casa para evitar cualquier residuo.
De este modo, es posible disfrutar de una comida saludable, de proximidad y libro de plásticos por un precio igual o inferior al de un menú industrial envasado, cerrando así el círculo de la economía circular al campus.
Este julio, la Universidad invita en toda la comunidad a ser más sostenibles, eligiendo opciones que cuidan la salud del planeta y el bolsillo, recordando que el mejor residuo es aquel que no se llega a generar
Para profundizar en la necesidad de actuar este mes, el libro Residuos ¿Un planeta de usar y echar?, editado por la Universitat de València, aporta datos alarmantes sobre la crisis de los plásticos que refuerzan el valor de cada decisión individual al campus:
- Una producción desbordante: El año 2022 se generaron aproximadamente 400 millones de toneladas de residuos plásticos a escala mundial, lo cual equivale a unos 50 kg por persona. De esta cantidad, el 40% corresponde a plásticos desechable, como los envases y bolsas que intentamos eliminar de nuestra dieta diaria
- La ilusión del reciclaje: A pesar de los esfuerzos, menos del 10% de los residuos plásticos se recicla de manera efectiva a escala planetaria. El resto acaba en vertederos, incineradoras o dispersa en la natura, donde puede persistir entre 500 y 1.000 años antes de degradarse completamente
- La amenaza invisible de los microplásticos: Con el tiempo, el plástico se fragmenta en partículas diminutas (menores de 5 mm) que ya se han detectado en lugares tan remotos como la fundición de las Marianas o las cumbres del Everest. El más preocupante es que estos microplásticos han entrado en la cadena alimentaria y se han encontrado en la placenta, la sangre e incluso el cerebro humano.
- El efecto «caballo de Troya»: Más allá del daño físico, los microplásticos actúan como vectores de sustancias tóxicas. Contienen aditivos químicos como ftalatos y *bisfenol A, y además absorben metales pesados del entorno que se liberan en el organismo una vez ingeridos.
Este contexto científico demuestra que reducir el uso de envases no es solo una cuestión de orden, sino una medida urgente de salud pública y protección de los ecosistemas. Cada vez que evitamos un plástico desechable, estamos cortando el ciclo de un residuo que, de otro modo, nos acompañaría durante siglos.
Residuos: ¿Un planeta de usar y tirar? | Publicacions de la Universitat de València
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