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LA ANGUILA
Esto es un cuadro, no una opinión. Paula Bonet

© Paula Bonet.
© Paula Bonet.
 

 

Hablar de Paula Bonet y de su trabajo es hablar de dibujo, grabado, pintura y escritura. En todas y cada una de estas disciplinas se ha introducido de lleno como un ciclón, reflejo de su propia personalidad. Se lo puede permitir: no le falta formación ni –cualidad principal– ganas de seguir aprendiendo, de investigar nuevas disciplinas. La intensidad que despliega rebosa y se hace presente en su obra.

 

Dio sus primeros pasos en la pintura, y desde ahí protagonizó un giro hacia el dibujo que le condujo a la escritura. Los libros ilustrados fueron la puerta de entrada a un mundo en el que podía combinar sus dos aspiraciones artísticas: pintar y escribir. Durante años, imagen y palabra han ido de la mano en sus obras. Fueron años de una vasta producción, en la que no se no puede obviar el talento de un trabajo constante y conciso que la convirtió, de manera impactante, en una temprana referente de un determinado universo estético.

 

Con la publicación de La sed (Lunwerg, 2016), estilo y tema se volvieron más duros y muy emocionales. Paula Bonet mantuvo la figuración, pero removió la iconografía y el color se hizo pálido y sombrío, resurgiendo el barrido y la veladura en su pintura. En ese momento la autora pone en marcha un proceso creativo de incontinencia, marcado por un crecimiento personal que encuentra su reflejo en lo profesional y de una experimentación gráfica feroz. De este modo, transforma su pensamiento en obra de un talento plástico cada vez menos figurativo y más matérico, elaborado a partir de vivencias personales y de una serie de reflexiones sobre el significado de ser mujer. A partir de ese momento, Bonet centra su obra en una herramienta que conoce muy bien, la pintura.

 

Evolucionar implica un cambio de estado, la búsqueda de un nuevo aspecto o forma en cuestión y conlleva recorrer nuevos caminos. Y esto es lo que encontramos en la exposición La anguila. Esto es un cuadro, no una opinión: el desarrollo evolutivo natural de la pintora Paula Bonet.

 

Se trata de una muestra a base de obra original y única. Pinturas en gran formato y polípticos distribuidos en tres partes, “La herencia”, “La carne” y “La pintura”, que forman un todo, pero que bien podrían ser otras tantas exposiciones independientes donde, en un primer golpe de vista, ya vemos un evidente desarrollo plástico en sus formas, colores y texturas.

 

Cada una de esas secciones narra una historia y un momento determinados, pero las tres conviven en una conexión inevitable, fundamentalmente las dos primeras, donde los hechos imponen su peso. En ambas nos traslada a experiencias personales a través de imágenes de un expresionismo muy tenebroso, casi abstracto, en lienzos que van de los grandes formatos a las composiciones a base de pequeñas obras, y que convierten este relato íntimo no en un análisis de interpretación literal, sino en una reflexión sobre la realidad. Un relato que continuará y que, como la anguila, desovará en la parte final.

 

La anguila. Esto es un cuadro, no una opinión no es una confesión, sino una serie de obras de gran intensidad formal dotadas de calidad poética y compromiso social.

 

Cristina Chumillas

 
 
 
 
 
© Paula Bonet. Fotògraf: Jordi Martí Costa
 
 
 

Soy una anguila.

Me contorsiono y conozco las partes que me forman.

Y no dejo que me atrapen.

 

La palabra y la pintura son herramientas de reivindicación. El yo libre y autónomo se sucede en la página y en el lienzo en blanco antes que en nuestra intimidad o en nuestra vida pública.

 

Desde que leí a María Luisa Bombal imagino que mis abuelas y mis tías lo entendieron todo un poco después de muertas, cuando descansaban en la superficie blanca del interior de la caja de madera y el resto las velábamos. Las imagino mirando las caras de las personas que nos acercamos mientras reconstruyen su vida. Pienso que es entonces cuando comprenden cómo de cruel ha sido el mundo con ellas. Fueron las hijas de Juan, las mujeres de Alfonso, las madres de Agustín. Pero muertas se saben Carmen Mompó, Pura Mompó, Juanita Sorita. La anguila es una carta de amor a todas ellas y una lanza a favor de las que vienen detrás. Es pintura y es palabra que observa y denuncia las agresiones que sufrimos, un relato caliente y palpitante que se escurre cuando quieres amarrarlo, igual que cuando una intenta señalar la injusticia que el contexto patriarcal aplaude. La anguila habla de lo que se estuvo a punto de ser pero no existió porque lo nuestro tiene que ver con la alteridad, con el accesorio, con lo que el cánon rechaza.

 

En "La anguila" pinto aquello que no puedo nombrar con palabras.

 

Paula Bonet