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Calo Carratalá
Viaje, ciencia y memoria

Pintura barca reflejada en el agua
© Foto Eduardo Alapont

 

 

 

 

Calo Carratalá

Viatge, ciencia y memoria, 2025 Acrílico sobre muro de hormigón

Homenaje a la figura del médico y naturalista valenciano Eduardo Boscá Casanoves (1843-1924)

 

Obra incorporada dentro del programa "Los valores de la Universitat de València: Arte y patrimonio en los campus"

 

 

Verdes intensos, frondosidad desbordada. Entre la espesura, la luz sucumbe, exhalando tenues contornos, huecos y resquicios, deslumbres de naturaleza revelada. Ajenas a su descubrimiento y a la insolencia que impone la hondura del silencio, tres figuras abocetadas de pescadores transitan en barca, abstraídas en quehaceres cotidianos, viviendo serenamente su austera cotidianidad, impasibles ante la vehemencia de una naturaleza silenciosa, pletórica e imponente que protege e intimida.

 

La profusión de vegetación parece rebasar las limitaciones métricas del muro de hormigón exento que el artista Calo Carratalá ha pintado en una de las plazas del Campus de Burjassot de la Universitat de València y que rinde tributo al recuerdo de la figura del médico y naturalista valenciano Eduardo Boscá Casanoves (1843-1924).

 

Ubicado  muy cerca del Museo de Historia Natural y de la Biblioteca de Ciencias que lleva su nombre, el mural está inspirado en las expediciones científicas del XIX organizadas por gobiernos, sociedades geográficas, museos o universidades, que descubrían y exploraban paisajes recónditos impulsando el interés y la fascinación por los estudios naturalistas. Enraizados en su origen en el espíritu del enciclopedismo que alentó la época de la Ilustración, estos viajes de exploración fueron de la mano de una serie de progresos técnicos que favorecieron su interés e impulso, como la expansión del ferrocarril, el telégrafo o el desarrollo de los rayos X y la fotografía.

 

Adelantado a su tiempo, temprano difusor de las ideas darwinistas en nuestro país, Boscá destacó científicamente en el campo de la herpetología, rama de la zoología que estudia aspectos biológicos de dos grandes grupos de vertebrados, los anfibios y los reptiles, y participó en varias expediciones y misiones de investigación. Su trabajo de campo fue intenso y metódico, descubrió nuevas especies y sus artículos fueron publicados en importantes revistas científicas internacionales. Su catálogo de la fauna herpetológica de la península ibérica representa el primer ejemplo de estudio biogeográfico moderno en España.

 

Licenciado en Medicina por la Universitat de València (1869), veterinario de primera por la Escuela Libre de la misma ciudad y doctor en Ciencias Naturales por la Universidad Central de Madrid, ocupó el cargo de jardinero mayor del Botánico de la Universitat de València, entre 1883 y 1892, y fue catedrático de Historia Natural (1893-1913). Alrededor del año 1900 se hizo cargo de la colección paleontológica municipal, consistente en una colección de fósiles sudamericanos donada por el ingeniero Rodrigo Botet, núcleo original del actual Museo de Ciencias Naturales del Ayuntamiento, que dirigió hasta su fallecimiento.

 

En su juventud, las ideas krausistas, relevantes entre la intelectualidad científica en esos años, y la influencia de su maestro, el catedrático de la Universidad de Valencia Rafael Cisternas, marcaron sus líneas de pensamiento. Importante también fue su labor docente en pro de la educación de las mujeres en la Institución para la Enseñanza de la Mujer de Valencia.

 

En 1872 Boscá contribuyó, junto a otros importantes científicos, en la fundación del madrileño Ateneo Propagador de las Ciencias Naturales, se implicó en el desarrollo de la Sociedad Española de Historia Natural, fue también académico de la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona (1879), académico corresponsal de la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales (1882) y caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III (1883). En 1909 participó activamente en el único homenaje que se celebró en España en el centenario del nacimiento de Darwin, al que acudió como invitado Miguel de Unamuno, entonces rector de la Universidad de Salamanca. Entre 1909 y 1911 realiza varios viajes por Europa y Sudamérica con el propósito de visitar museos y colecciones paleontológicas junto a su hijo, Antimo Boscá Seytre.

 

​Conmemorado hace un año el centenario de la muerte de Eduardo Boscá, la obra realizada por Calo Carratalá une en su concepción arte, ciencia, viajes, exploración científica y memoria en un homenaje a la contribución científica del naturalista.

 

Carratalá, uno de los nombres de referencia del paisajismo contemporáneo, con una larga trayectoria a sus espaldas, viajero y explorador visual de lugares insondables, acostumbrado a manejarse con destreza en los grandes formatos, recrea una visión de naturaleza ya vivida e interiorizada y se enfrenta a este reto pictórico con la libertad que le otorga un enorme dominio de la técnica y la expresividad de un instintivo y aprehendido procedimiento. El rodillo, las brochas, el dripping, el papel frotado, sus manos extendiendo la pintura, imprimiendo, manchando, superponiendo tonos, rompiendo la uniformidad en las distintas capas, aleatoriamente, desde el fondo, creando las formas, texturas, efectos ópticos, a través de gestos rápidos, firmes, maestros e intuitivos, van componiendo la representación de la frondosidad, las sombras, la luz y la trascendencia emocional de sus figuras rematadas a trazos rotos e indefinidos. Oficio y talento ejercido durante varias sesiones, en distintos días, con una paleta de colores austera, muy corta, integrada por dos tonos de verde, blanco, negro y siena, que llega a componer desde lo esencial una plenitud cromática resplandeciente de contrastes, reflejos y matices.

 

Marisa Giménez Soler