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  • La Nau

HUMBERTO RIVAS

Fotografía Sin título (Fachada del Edificio Histórico La Nau), 1997, Colección Universitat de València © Humberto Rivas
Fotografía Sin título (Fachada del Edificio Histórico La Nau), 1997, Colección Universitat de València © Humberto Rivas
 
 
 
 
 
La exposición de Humberto Rivas aborda el trabajo del artista a lo largo de toda su trayectoria, que comprende desde los años sesenta del siglo XX al año 2005. Rivas es  un autor fundamental para el desarrollo de la fotografía en España a partir de la primera mitad de los años setenta, cuando llega a Barcelona procedente de Argentina, pues con él se produce una renovación de la fotografía, que entra en el campo de las prácticas artísticas.
 
Se presenta cronológicamente una parte de su producción procedente del Archivo Humberto Rivas (Barcelona) así como de las principales colecciones y museos del Estado Español que albergan obras en sus fondos: MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya), IVAM  (Instituto Valenciano de Arte Moderno), MNCARS (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía),  Fundación Foto Colectania, etc.
 
Rivas tuvo siempre tuvo una visión de futuro para su obra: cada vez que seleccionaba una de las fotografías hecha con su cámara tenía la costumbre de positivar inmediatamente varias imágenes. Esto nos permite contar para la exposición con copias originales de época hechas por el artista.
 
La producción fotográfica de Humberto Rivas se enmarcaría en diferentes  géneros fotográficos, según la historiografía de la época, aunque él nunca  se sometió a esta clasificación, y es de esta concepción de donde arranca su aportación a la renovación de la fotografía española. Sus personajes que, de igual modo que los paisajes de la ciudad, según le gustaba decir, “me eligen para ser registrados por mi cámara”, atienden a una particular contradicción. Paisajes sin personas y personas sin paisaje; o lo uno o lo otro: nunca juntos en una misma imagen. Somos nosotros, al mostrar su obra, los que insertamos unos en los otros porque parece ineludible esta unidad que él trata siempre de separar. Por ello la exposición muestra un resumen de sus planteamientos conceptuales sobre el sujeto y sobre la ciudad en un continuo que se parece más a lo que captamos en nuestro deambular por la vida.
 
Sus fotografías ofrecen un trabajo extremadamente descriptivo, pero a la vez extremadamente analítico y sin embargo, muy misterioso. En su trabajo no hay lugar para la anécdota o el incidente. Para Rivas la poesía era el arte más cercano a la fotografía; así, su obra se alía con el sentimiento de soledad produciendo un desconcierto que seduce al espectador.
 
En sus imágenes sobre la ciudad nos muestra ésta más como estructura que como teatro de la escena humana. Se detiene en los espacios habitados por las sombras: son sus preferidos, porque constituyen ausencias muy presentes en su particular disección de la ciudad. 
 
A su vez, lleva hasta el límite el arte del retrato. La obsesión por determinados personajes, algunos totalmente desconocidos, que se le aparecían como modelos de su obra, le llevaba a acercarse a ellos de manera casi compulsiva hasta conseguir su retrato, su fotografía, de la forma en que él ya la había imaginado interiormente. Como consecuencia, en sus retratos encontramos también un tiempo acumulado: no hay instante decisivo.
 
La exposición incluye en torno a doscientas fotografías. Los formatos van desde el que era su formato más tradicional, 26 cm x 26 cm, hasta los polípticos compuestos de 9 fotografías de 38,3 cm x 38,3 cm cada una.
 
 
 
 
 
 
Violeta la Burra, 1978 © Humberto Rivas
 
 
 
 
 

Humberto Rivas

Humberto Rivas nació en Buenos Aires en 1937. Desde 1976 y hasta su muerte en 2009 vivió y trabajó como fotógrafo y docente en Barcelona.
 
La influencia del fotógrafo Anatole Saderman le llevó a buscar nexos entre la imagen estática y el cine, y se decidió a abrir en 1971 un taller de foto publicitaria y una cooperativa para sus proyectos creativos. 
 
En el año 1976 se produjo el golpe militar en Argentina y se implantó el terrorismo de estado. Rivas, de talante pacífico que no toleraba la violencia, se trasladó a vivir a Barcelona con su familia, apoyado por el artista América Sánchez, que ya residía en la ciudad. Su llegada procedente de Buenos Aires en 1976 fue significativa para el medio cultural de la ciudad condal, y el impacto que causó su obra fue un importante impulso para un grupo de artistas que deseaban valorizar la fotografía creativa, que en aquellos momentos se encontraba en una situación de marginalidad respecto de otras disciplinas artísticas. En 1982 participó activamente en el lanzamiento de la primera edición de la Primavera Fotográfica de Barcelona, acontecimiento pionero en España que fue de vital importancia para el reconocimiento de la fotografía como soporte de creación artística. 
 
 Maestro de la fotografía,  era todo lo contrario del cazador de instantes. Lo suyo no tenía nada que ver con la casualidad ni siquiera con la falsa audacia del voyerismo; era un constructor de imágenes. Trabajaba esencialmente en estudio con cámara de placas y en exteriores lo hacía con el pensamiento en el conjunto de su trabajo.
 
Con la obra de Humberto Rivas la fotografía española descubre una nueva forma de documentar. Él buscaba la impronta del tiempo, de la cultura, de la memoria. Son imágenes que siempre capturan la mirada del espectador y en ellas siempre hay una posibilidad de diálogo. Sus retratos se exhiben sin apenas fondos denotativos: la importancia siempre es el sujeto preso de la imagen.
 
La dimensión artística de Rivas no viene dada exclusivamente por el cambio estético que supuso, sino principalmente por la sensibilidad que transpira cada uno de sus retratos, por el particular tratamiento que da a cada uno de los personajes, intérpretes de su propio papel en la obra de su vida y que el fotógrafo testimonia con una precisión y rigurosidad excepcionales.
 
 En los paisajes –que, junto con el retrato son las “líneas de trabajo” más trabajadas por Rivas– no hay lugar para la anécdota, para el incidente. El paisaje está ausente, como en una especie de experiencia metafísica de donde elimina toda violencia, ruido o estridencia que pueda distraer la mirada sobre  la esencia misma del elemento. Todas las fotografías de Humberto Rivas pasan por la criba de su mirada escrutadora e incisiva. Sus retratos, objetos, edificios o estancias, radicalmente aislados reducidos a líneas, superficies o fachadas, cobran personalidad y vida propia.
 
Las fotografías de Humberto Rivas invitan a la contemplación y al análisis de su contenido. Minuciosas en el detalle, cada elemento que contienen nos ayuda a comprender el motivo que llevó al autor a su realización y su interpretación del sujeto o del paisaje.
 
En 1997 el Ayuntamiento de Barcelona le concedió el Premio de Artes Plásticas Ciudad de Barcelona. En 1998 obtuvo el Premio Nacional de Fotografía, otorgado por el Ministerio de Cultura español. En 1999 recibió en Argentina el Premio Konex. En 2009 el Ayuntamiento de Barcelona le otorgó la Medalla de Oro al Mérito Artístico. Murió el 6 de noviembre de 2009 en Barcelona.
 
 
 
 
 
Lourdes, 1979 © Humberto Rivas

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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