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  • La Nau

SAPIENTIA ÆDIFICAVIT. Una biografía del Estudi General de la Universitat de València, 1999

3ª Exposición perteneciente al proyecto Thesaurus, programa de difusión del patrimonio universitario.

 

Organiza y produce: Universitat de València
Patrocina: Bancaja
Comisario: Daniel Benito Goerlich
 

 

 

 

CONSTRUYENDO UNA CASA PARA LA SABIDURÍA

Detalle del plano de Valencia de Vicent Tosca, 1738

 

 
El Consejo Municipal de Valencia no emprendió la construcción de un edificio de nueva planta para el Estudi General, sino que se limitó a regularizar y ennoblecer unas construcciones preexistentes que había adquirido: una casa y huertos comprados el 1 de abril de 1493 a Isabel Sarañó que daban a las actuales calles de la Nave, de la Universidad y de Salvá, la entrada principal de la cual se encontraba delante de una placita. Para adaptar este edificio, se requirió a Pere Compte, con la ayuda del “mestre Martí obrer de vila”.

Una nueva fase de la construcción comienza con el contrato suscrito con Pere Compte y Pere Bernia el 16 de agosto de 1498 por el Consejo General de la ciudad, el cual había formalizado la ante vigilia la voluntad de “refer la casa d’estudis” y dotar al Estudi General de unas “Constituciones” o estatutos. Las obras se ajustaron a un proyecto de reforma y ampliación de lo que hay, expresado con un detalle minucioso en el documento. En mayo de 1499, el arzobispo bendice e inaugura la sede del Estudi General, y los años siguientes, mientras prosiguen las obras, los jurados compran cases para ampliar el solar.

El arquitecto Pere Compte, durante las dos últimas décadas del siglo XV y hasta su muerte en 1505, intervino en las construcciones más notables de la ciudad de Valencia: Lonja, Catedral, Generalitat, ampliación de la Catedral, etc. Pere Bernia, “obrer de la vila”, recibe el título de “mestre de la ciutat”, cosa que se justifica por su trabajo ante diversas obras municipales en los portales de la muralla nueva, el almudín y otros trabajos de canalización de agua.

El edificio del Estudi General concentraba las salas principales, con acceso desde un pasillo con baranda, alrededor de un patio central, porticado en el piso alto, el “pati de les nayes”, con “lo corral”: un pequeño patio de servicio detrás. Algunas partes eran de piedra picada, como el arco de la puerta, parecido al de las casas nobles de la época, y cinco arcadas de la planta baja. Es posible que la escalera principal se adosara a uno de los flancos del patio y fuera también de piedra picada. Sin embargo la sede de la Universitat de València ha padecido tantas visicitudes a lo largo de su historia que no pueden identificarse con certeza los restos de aquella construcción primitiva, excepto posiblemente lo que se muestra de las excavaciones en la planta baja de la biblioteca.
 

 

El Teatro: "SUNTUOSO ESTADIO DE MINERVA"

Detalle superior de la capilla de la Sapiencia

 

 
El desarrollo constructivo más importante del siglo XVII es nueva puerta principal de la Universidad que tenía que sustituir la primitiva, situada a los pies de la capilla, en la plaza del Patriarca, y que “confrontaba con el orno que sale al patio de dentro” (Orellana).

El arzobispo Juan de Ribera obtuvo del Consell municipal que se tenía que quitar para siempre y se tenía que tapiar con ladrillo y mortero, y sufragó la construcción de la nueva puerta, que daba a la calle de la Universidad, la cual “se tuvo por única puerta principal, la qual tiene sobre su portada un escudo grande de piedra con las armas de la Ciudad”. Esta puerta sirvió durante el siglo XVIII de acceso a la Real Academia de San Carlos, instalada entonces en este sector del edificio. Cuando esta se trasladó se llevó el escudo, hoy encastrado sobre la puerta principal del Museo de Bellas Artes San Pío V.

La erección de los colegios mayores contribuyó a crear el ambiente universitario de la barriada. El de la Presentación fue el primero, dotado por el arzobispo Tomás de Villanueva en el año 1550 para favorecer diez pobres que aspirasen a ser sacerdotes. También para teólogos hubo dos de patrocinio particular; el de la Asunción o de Doña Monforta (1561), y el de la Purificación o de Rodríguez (1572). El mejor dotado de todos fue el del Corpus Christi, creado en 1594 por Juan de Ribera. Felipe II mandó erigir en 1563 el de San Jorge, para religiosos de la orden de Montesa, y el doctor Melchor de Villena el de los Santos Reyes (1643), para estudiantes de teología y medicina.

A principios del siglo XVIII, el afán de embellecer el edificio y de aumentar el prestigio de la institución llevó a la realización de mejoras importantes: casa rectoral, teatro académico y capilla, contemporáneas de la Memoria histórica de la fundación y progresos de la insigne Universidad de Valencia (1730), publicada por el rector Francesc Ortí, primer historiador de nuestra universidad, y de las nuevas Constituciones de 1733. El teatro académico, marco de las reuniones del Claustro y de solemnes debates, fue regularizado y ampliado con la adquisición de unos huertos contiguos a Fernando Bonavida, según el proyecto de Felipe Rubio de 1733 que lo dotó de una doble entrada desde el patio rectoral. Su grandiosa bóveda tabicada, reforzada con una arcada sostenida por potentes estribos, se decoró con molduras pintadas con artificio; las paredes fueron revestidas con retratos e inscripciones de personajes ilustres.

La capilla, engrandecida y reedificada en estilo clasicista por Miguel Martínez provocó el entusiasmo del cronista Esclapés, que escribe: “concluida el día 15 de octubre de 1737, es una preciosa perla y abrigando en su altar a la Soberana Aurora de la Sapiencia, la constituye más majestuosa y excelente”. (Resumen histórico de la fundación y antigüedad de Valencia, 1738.)
 

 

CONSTRUIR SIN FALTAR AL DECORO CONVENIENTE

Pérez Bayer

 

La instalación, en 1765, de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos en el ángulo comprendido entre las calles de Salvá y de la Universidad dio lugar a la remodelación de aquellas dependencias por el arquitecto Vicente Gascó, con la regularización de la fachada correspondiente; después, la necesidad de adaptar el edificio a las nuevas exigencias planteadas por el reformismo iluistrado reclamó otras obras. En 1788 se compraron una casa y el horno de munición, colindantes en la calle de la Universidad, para ubicar más aulas según planos de Antonio Perales. Pero la construcción de un laboratorio químico y, sobre él, un observatorio astronómico, encargados en 1790 por el rector Blasco a José Pérez no llegó a realizarse.

La obra más importante de este periodo fue sin duda la de la biblioteca, para la que se adquirieron nuevos solares en la esquina de la calle de la Universidad con la de la Nave. Joaquín Martínez, uno de los arquitectos más significativos del neoclasicismo valenciano, elaboró el proyecto en 1789. Concebido con nobleza y sobriedad, siguiendo la pauta monumental ilustrada para los edificios públicos, no se concluyó hasta 1795. En la planta baja había seis aulas espaciosas y el piso principal, “una pieza grande y magnífica”, fue ocupado por la espléndida donación del erudito y bibliófilo Francisco Pérez Bayer, que había prometido “llenarla de libros exquisitos y de otras curiosidades”. La presidió un busto en mármol el propio Bayer sobre pedestal de jaspes y bronces, esculpido por José Esteve. El bombardeo de Valencia que se produjo en los primeros días de 1812, durante el asedio de la ciudad por las tropas napoleónicas del mariscal Suchet, fue la causa de la destrucción de gran parte del edificio universitario. El 7 de enero, su biblioteca ardía reduciendo los libros a pavesas. Mientras arreciaba el incendio, “profesores, estudiantes y bedeles se esforzaban por salvar lo que les era posible” (Fernando Llorca)

 

 

RECONSTRUIR AMB SIMETRIA, DONAR UNITAT

Antoni Martorell

 

Las instalaciones de la Universidad estaban arruinadas. El informe del arquitecto municipal Cristóbal Sales, en 1813, reclama reparaciones urgentes, sin embargo éstas se demoran.

La reconstrucción comenzó por la biblioteca. Tres salas provistas de estanterías ornadas con pilastras y cornisas de madera de pino y peral y cierres de tela metálica realizados por el carpintero Mauro Comín en 1837, permitieron alojar todos los libros de Vicente Blasco, con los del bibliotecario Domènec Mascarós, Marià Liñán, Francesc Borrull y otros miembros del Claustro, juntamente con los procedentes de los conventos suprimidos, entre ellos la soberbia colección de códices procedente de San Miguel de los Reyes.

Pero al reconstruir los edificios era necesario reducir la anárquica composición del inmueble a criterios de simetría y sintaxis clásica para que la forma externa fuera la expresión de la realidad interior. Por ello, en Claustro universitario encargó en 1839 un plano general del edificio al académico Timoteo Calvo Ibarra (1799 – 1879). En 1840 comenzaron las obras que extenderían el modelo de fachada presentado para la biblioteca por Joaquín Martínez a lo largo de la calle con una portada severa y elegante, levemente saliente en el centro. Al mismo tiempo y hasta 1842, remodela el patio rectoral al estilo de un pequeño castillo renacentista. Arcos de medio punto, páteras, nichos con estucos y medallones de Bernat Llácer hacen de él una alegoría de las enseñanzas que en aquellos momentos se imparten, con la representación simbólica de las cuatro facultades: Ciencias, Medicina, Letras y Derecho.

Entre 1844 y 1845 se emprendió la obra del patio mayor: se levantó un peristilo de columnas de orden dórico con un potente entablamento a los lados que dan al teatro y a la entrada desde la calle de la Nave. 
 
Teatro académico. Estudi General. Principios del S.XX
 
En 1871 la completó Sebastián Monleón (1815 – 1878), que estuvo al frente de muchas otras mejoras como la construcción del observatorio metereológico (1861), de la sala rectoral (1864) y la reforma del teatro académico, en el que abrió una nueva puerta, cerró las dos que había y dio a esta estancia la disposición actual. Obra suya también, concluida por Antonio Martorell (1845 – 1930), fue el Museo de Historia Natural (1872 – 1877), con un interesante tejado envidriado sobre cuchillos de hierro. Martorell, con la ayuda de Luis Ferreres (1852 – 1926), continuó también las obras de las fachadas en las calles de la Universidad y de Salvá para “dar unidad y decoroso aspecto” al edificio, y alineó entonces estas calles, preocupado no sólo por el monumento en sí mismo, sino también por el entorno urbano, “mejorando notablemente la viabilidad y público ornato de esta parte central de la población”.

En 1880 se levantó en el centro del patio la estatua de Luis Vives, del escultor José Aixá (1834 – 1920), hecha en bronce de una sola pieza por Vicente Ríos en los talleres de La Primitiva Valenciana. En 1902, con motivo de las fiestas del IV centenario de la fundación de la Universidad, se colocaron 17 medallones con bustos en relieve de personajes vinculados a la historia de la institución.

 

 

LA UNIVERSITAT COMO UN MONUMENTO VIVO

Obras de la fachada de la Universitat que da a la plaza del Patriarca

 

Durante los primeros años del siglo XX, aumentó considerablemente el número de estudiantes y se puso de manifiesto la escasez y las múltiples deficiencias de muchas instalaciones y, por ello, se emprendió la remodelación de algunas dependencias del casal universitario a fin de habilitar aulas nuevas e instalar las bibliotecas de las facultades de Derecho, Filosofía y Letras. El verano de 1931, sobre planos del arquitecto Javier Goerlich, que se ocupó hasta 1965 de las obras de este edificio, se construyó los nuevos laboratorios de la Facultad de Ciencias, sobre la puerta principal, entre la Biblioteca General y el Museo de Historia Natural. Sin embargo, estas y otras mejoras fueron gravemente alteradas por el gran incendio de 1932 que destruyó parte del edificio, con los nuevos laboratorios, el observatorio y el mismo museo.

Entre 1943 y 1944 es hizo la columnata jónica del segundo piso del patio mayor con una baranda de balaustres y el coronamiento donde se encuentra el reloj. De 1948 era la escalinata de mármol que da acceso a la biblioteca desde la calle de la Universidad. En 1954, con las actuaciones urbanísticas dirigidas a ampliar la plaza del Patriarca y el alineamiento de la fachada de la Universidad que da a esta plaza, fueron derribadas todas las edificaciones adosadas al muro lateral de la capilla y al ángulo del edificio hasta el aula magna. Un nuevo tramo de fachada completa entonces el perímetro del edificio según el modelo utilizado en el resto.También fue reformado el exterior de la cúpula de la capilla, que da su perfil característico a esta parte del edificio. En 1964 se añadió la fuente con las estatuas de Octavio Vicent.

Aunque en 1968 fueron trasladadas las facultades de Filosofía y Letras y Derecho a los nuevos edificios diseñados por el arquitecto Moreno Barberá en el campus de Blasco Ibáñez, durante los años 70 el viejo edificio continuó soportando el peso excesivo de una universidad masificada y las dependencias administrativas se multiplicaron: ocuparon cualquier espacio disponible y provocaron una arquitectura precaria y abusiva que contribuyó en gran manera a la degradación del edificio.

Una desgraciada reforma afectó las salas del rectorado y el traslado en 1974 de la Facultad de Ciencias Económicas, último centro docente que habitó el primitivo inmueble del Estudio General; nada más se intentó la recuperación de dos grandes arcadas de piedra en la planta baja de la biblioteca que da a la calle de la Universidad, en un espacio que se dedicó a sala de exposiciones temporales.
 

Sala de consulta bibliogràfica. Estudi General

La recuperación de la autonomía universitaria en 1985 favorecería la recuperación progresiva del histórico edificio, valioso testimonio de la arquitectura valenciana de los últimos tres siglos. Así, en 1987 acababan los trabajos de restauración del teatro académico y las obras de arte que contiene, y comenzaban las de la capilla de la Sapiencia, terriblemente degradada, inaugurada con gran solemnidad en febrero de 1991. La celebración en 1999 de sus cinco siglos de existencia ha favorecido finalmente la completa rehabilitación del edificio para ofrecerlo flamante a los nuevos actos culturales que se prevén, al servicio de Valencia.

 

 
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