
El jueves 15 de enero del 2026, se presentó el seminario La analogía máquina-organismo a cargo del doctor en Ciencias Cognitivas y Lenguaje Lorenzo Baravalle, profesor en el Departamento de Filosofía de la Universitat de València. El seminario se realizó en la sede de la UV del Instituto Interuniversitario López Piñero.
El seminario permitió realizar las relaciones entre máquinas y organismo, en dónde en los últimos seis siglos se han tomado las máquinas como referencia conceptual para entender el funcionamiento de los organismos. Por ejemplo se encuentra la imagen de Giovanni Alfonso Borelli, De motu animallum , que muestra la fisiología humana con un conjunto de poleas o el trabajo de D’Arcy Thompson que compara la distribución de las fuerzas del puente Forth Bridge con el esqueleto de un bisonte.
El profesor Baravalle presentó los resultados obtenidos a la siguiente pregunta, ¿en que medida los organismos se parecen a las máquinas? Comentó que existe un debate sobre la semejanza entre ambas cuestiones. Argumentó que conviene primero definir lo que es una máquina, lo cual también depende de cada época histórica. Por ejemplo, en de los tiempos de Aristóteles, se decía que la naturaleza actúa sobre nuestra voluntad y es por eso que se requieren de medios para superar ciertas dificultades y ejercer nuestra voluntad sobre la naturaleza. Estos medios serían dispositivos mecanizados, definidos como sistemas complejos compuestos de muchas partes. Otra referencia a las máquinas vendría de Vitruvio, quien pensaba que una máquina son pedazos de madera atados, eficaces para mover grandes pesos. Por otro lado, en el siglo XVII, la máquina pasó a ser algo fundacional del pensamiento científico y filosófico, en dónde el universo era algo análogo a un reloj ya que se comporta de forma secuencial y determinista. Esta idea fue esencial para Descartes, definiendo que los animales y humanos se comportan como máquinas. A partir del siglo XVIII, los ingenieros de la época intentaron especificar con más detalle lo que era una máquina, ya que no todo el universo puede serlo. De acuerdo con Reuleaux, el hecho de que este compuesta por cadenas cinemáticas le da la definición de máquina, es decir, que sea un sistema con diferentes elementos que interactúan entre sí.
El profesor Lorenzo Baravalle explicó que con la revolución industrial, la imagen de la máquina se volvió más sencilla y se hizo presente que las máquinas tienen características diferentes. En el libro Réflexions sur la Science des machines de Jacques Lafitte, se construye una ciencia de cómo son los diferentes tipos de máquinas, y define maquinas pasivas (los edificios), activas (los invertebrados) y reflexivas (los vertebrados). Las máquinas reflexivas serían máquinas capaces de tener control, convirtiéndose en la idea principal que tenemos sobre máquinas en el siglo XX.
Baravalle argumentó que cuando se define que una máquina es similar o semejante a un organismo se debe siempre indicar a qué tipo de máquina se refiere, aunque en los debates contemporáneos esto no se suele considerar. Weiss argumentaba que en el caso de las máquina se sabe cómo están fabricadas y que patrones respeta, sin embargo, en el caso biológico es lo opuesto ya que nuestro conocimiento de los organismos es limitado. El profesor Daniel Nicholson, realizó un estudio en dónde concluyó que los organismos y las máquinas son diferentes por su propósito, su evolución, su organización y secuencialidad. Sin embargo, otros científicos debatieron que las máquinas actuales si eran capaces de hacer ciertas cosas y las características faltantes serían capaces de lograrse en el futuro. Estos desacuerdos no funcionan para llegar a un consenso final de la relación maquina y organismo ya que solo convencen a quien cree en su propio argumento.
El profesor Baravalle comentó que algunos pensadores comparan la relación de máquina y organismo con la analogía definida como similitud. Quienes están a favor de este tipo de analogía piensan que las mismas propiedades relevantes de una máquina se pueden encontrar en un organismo, sin embargo, los escépticos se concentran en las propiedades faltantes. Este pensamiento no siempre es acertado ya que la analogía es reducida a una inducción, lo cual depende del momento que se esté viviendo del mismo modo que sucedía con la definición de máquina en diferentes momentos de la historia. Es por eso que la analogía debe verse de una manera diferente, la cual deriva de la geometría euclidiana. Se debe pensar la analogía como una proporción y aunque existan diferencian, la analogía de ciertas invariables permitirá que ciertas propiedades sean preservadas. Es por eso, argumentó, que lo que realmente importa en los estudios entre máquinas y organismos es encontrar buenos argumentos sobre las propiedades invariantes que comparten.
Lorenzon Baravalle desarrolló un ejemplo que nace desde la biología, con la selección natural y artificial de razas. Por un lado existen las especies que se parecen a las razas seleccionadas y por otro están los criadores de animales en dónde su acción se parece a a la acción de selección natural. En el caso de la evolución de las especies, se necesitan razones para argumentar que las acciones que se realizan en el caso de selección artificial puede ser traspuestas a la selección natural. Este pensamiento que deriva de Darwin, intenta buscar ciertas propiedades de invarianza entre lo natural y artificial y encontrar argumentos para decir que incluso sin la intervención del ser humano, procesos naturales derivarían en lo mismo que los procesos artificiales. Eso es lo que serviría para pensar en el caso máquina y organismo.
El profesor Baravalle, explicó que en el caso de las máquinas, se piensa en una analogía en dónde se conoce la relación entre los componentes mecánicos de una máquina y se buscan trasponer al caso orgánico. Lo importante, comentó, es reconocer que existen características en dónde máquinas y organismos serán similares y otras en dónde serán diferentes, pero el desafío es encontrar propiedades invariantes del estudio de la máquina que puedan ser transpuestas en el estudio de los organismos, como por ejemplo en el caso del esqueleto de bisonte y el Forth Bridge, en dónde la distribución del peso es el elemento responsable para la estabilidad del puente y el esqueleto del bisonte. Es por eso que se deben analizar las propiedades de las máquinas y que sean transferidas a otros conceptos. Es decir, se debe pensar en si ciertas propiedades relativas a las máquinas actuales son transferibles a los organismos. Para finalizar, comentó que es por las razones anteriores que la pregunta de si los organismos son considerados máquinas, no es realmente válida, si no que se debe pensar de que tipo de máquina hablamos y que propiedades invariantes comparten máquinas y organismos.
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Ivania Maturana, estudiante de prácticas extracurriculares del Máster Interuniversitario de Historia y Comunicación de la Ciencia






