
El viernes 29 de mayo tuvo lugar en el IILP-UV la jornada Eidoloscopium II. El imaginario científico en el cine de terror: terror vegetal y fúngico, organizado con la colaboración de Marcos Bonet Safont, profesor del departamento de historia de la ciencia y documentación de la UV. Las jornadas contaron con una serie de conferencias que pusieron de manifiesto la importancia de la botánica en la historia, la literatura y el audiovisual del terror. Nuestro imaginario está lleno de figuras y leyendas que combinan lo vegetal con el miedo a lo largo de los siglos, como demuestra el recorrido que va desde los relatos de Dante hasta Plants vs. Zombies, pasando por los cuentos franceses y alemanes de los siglos XVIII y XIX o películas como The Happening (2008). En este ciclo, las preguntas que lo articulan son: ¿cuánto hay de ciencia en el terror? y ¿cómo de terrorífica es la ciencia?
Herborizar el terror: alzamiento vegetal desde Grandville hasta nuestros días, Santiago Lucendo Lacal
Santiago Lucendo Lacal inauguró la jornada con la conferencia Herborizar el terror: alzamiento vegetal desde Grandville hasta nuestros días, un recorrido por las principales representaciones del terror vegetal en la literatura, el cine y la cultura popular contemporánea. A partir del concepto de “ceguera vegetal” (plant blindness), Lucendo reflexionó sobre la dificultad de los humanos para percibir las plantas como seres activos y agentes de su propia historia, a pesar de la dependencia absoluta que nuestra especie mantiene respecto al mundo vegetal.
El ponente señaló que muchas narrativas de terror vegetal nacen precisamente de esta contradicción: los vegetales son esenciales para la vida humana, pero han sido tradicionalmente relegados a un papel secundario dentro de la jerarquía de los seres vivos. A través de ejemplos procedentes de la literatura fantástica y del gótico botánico, Lucendo mostró cómo la ficción ha imaginado reiteradamente revueltas vegetales contra los humanos, presentando los bosques, las plantas o las semillas como fuerzas capaces de recuperar el espacio que les ha sido arrebatado.
Entre los referentes analizados destacaron las ilustraciones satíricas de Grandville, los relatos de Apel·les Mestres, los bosques vengativos de la literatura fantástica de finales del siglo XIX o las figuras arborícolas presentes en la obra de Tolkien. Según explicó, muchas de estas narraciones comparten una misma idea: la naturaleza es una fuerza capaz de organizarse y responder ante la explotación humana. En este sentido, el terror vegetal se convierte en una metáfora de los conflictos ecológicos y de las consecuencias derivadas de la dominación del entorno natural.
La comunicación también abordó la relación entre el terror vegetal y los imaginarios coloniales. Se destacó cómo numerosas historias, en la literatura y el cine del siglo XX, sitúan el origen de la amenaza en especies exóticas, semillas misteriosas o plantas procedentes de territorios lejanos, reproduciendo miedos vinculados a la invasión, la contaminación o la alteración del orden establecido. A través de diferentes ejemplos, el ponente mostró cómo estas plantas encarnan la inquietud que genera cualquier elemento que transgrede las categorías consideradas naturales. Sin embargo, afirmó que el verdadero terror vegetal se encuentra en la posibilidad de que la vegetación ordinaria recupere silenciosamente el territorio ocupado por los humanos.
La ficción ofrece herramientas para repensar nuestra relación con las plantas y cuestionar los mecanismos culturales que han contribuido a invisibilizarlas. En definitiva, el terror botánico es un género literario y cinematográfico que da lugar a una reflexión crítica sobre la crisis ecológica contemporánea y sobre el lugar que los humanos ocupan dentro de los ecosistemas.
Terror vegetal, amenaza natural. Cómo M. Night Shyamalan redimensionó el eco-horror con “The Happening” (2008), Anna Tarragó Mussons
Anna Tarragó Mussons presentó la comunicación Terror vegetal, amenaza natural. Cómo M. Night Shyamalan redimensionó el eco-horror con El incidente (The Happening, 2008). La investigadora aprovechó el análisis de la película para reflexionar sobre la trayectoria cinematográfica de M. Night Shyamalan y sobre la manera en que el director ha reinterpretado los códigos tradicionales del terror ecológico contemporáneo.
Tarragó situó The Happening dentro de la corriente del eco-horror y, más concretamente, del plant horror, un subgénero que convierte las plantas y los fenómenos naturales en fuentes de amenaza. No obstante, precisó que la película no puede entenderse únicamente desde esta categoría, ya que Shyamalan suele combinar elementos del terror, el suspense, la ciencia ficción e incluso la comedia, creando relatos híbridos que cuestionan constantemente las expectativas del espectador.
Además, se analizó la posición que ocupa The Happening dentro de la trayectoria profesional del director. Estrenada en 2008, la película marcó el inicio de un periodo especialmente difícil para Shyamalan, caracterizado por una recepción crítica negativa y por la pérdida de prestigio dentro de la industria cinematográfica estadounidense. A pesar de ello, Tarragó defendió la necesidad de revisitar esta obra porque muchas de sus aportaciones han adquirido nuevos significados con el paso del tiempo, especialmente en un contexto marcado por las preocupaciones ecológicas contemporáneas.
Uno de los aspectos centrales de la comunicación fue la comparación entre The Happening y The Birds (1963), de Alfred Hitchcock. A través de un análisis detallado de ambas obras, la investigadora mostró cómo comparten una misma estructura narrativa basada en una naturaleza que, sin una explicación definitiva, se convierte súbitamente en una amenaza para los seres humanos. Por un lado, Hitchcock opta por mantener el misterio y renunciar a cualquier justificación racional de los ataques de los pájaros. Por otro, Shyamalan introduce una hipótesis ecológica según la cual las plantas reaccionan ante la agresión humana liberando sustancias tóxicas capaces de inducir el suicidio.
Tarragó destacó igualmente las semejanzas formales entre ambas películas. Tanto en The Birds como en The Happening, el silencio se convierte en una herramienta fundamental para generar tensión y anticipar el peligro. Además, ambos directores optan por una puesta en escena contenida, evitando convertir la amenaza en un espectáculo excesivo y construyendo el terror a partir de la incertidumbre, la espera y lo invisible.
La gran aportación de Shyamalan consiste en transformar un elemento aparentemente inofensivo como el movimiento de los árboles, las hojas o el viento en un mecanismo de inquietud. La película convierte procesos naturales cotidianos en signos de una amenaza inminente, demostrando hasta qué punto el terror puede construirse a partir de lo familiar.
Finalmente, la investigadora explicó que The Happening refleja preocupaciones propias de inicios del siglo XXI, como la crisis climática, la degradación ambiental y los efectos traumáticos de los atentados del 11 de septiembre. La naturaleza vengativa que aparece en la película funciona tanto como manifestación del miedo ecológico contemporáneo como metáfora de la fragilidad de las sociedades modernas ante amenazas difíciles de comprender o controlar.
El fuego de San Antonio: una historia social y cultural del ergotismo, José Ramón Bertomeu Sánchez
A continuación, José Ramón Bertomeu Sánchez trazó un recorrido amplio y sugerente por la historia del ergotismo, conocido tradicionalmente como el “fuego de San Antonio”, hasta llegar a sus conexiones con la farmacología contemporánea y la cultura psicodélica del siglo XX.
La intervención partió de un caso histórico complejo: el ergotismo, una intoxicación producida por el consumo de centeno contaminado que, a lo largo de los siglos, generó un amplio abanico de nombres, síntomas e interpretaciones. El investigador subrayó que expresiones como “fuego sagrado” o “mal de San Antonio” no remiten a una única patología médica estable.
Según se expuso, reducir estas experiencias históricas a una única enfermedad moderna implica perder la complejidad de las fuentes e imponer categorías actuales sobre realidades pasadas que no funcionaban con los mismos marcos conceptuales. En este sentido, se insistió en la pluralidad de representaciones médicas, religiosas y culturales que coexistieron durante siglos.
La conferencia también abordó el papel de los hospitales medievales vinculados a la orden de San Antonio, así como las representaciones visuales y textuales del sufrimiento de los enfermos, marcadas por una fuerte carga religiosa y simbólica. Este imaginario contribuyó a consolidar una visión de la enfermedad como fenómeno físico y espiritual.
A partir del siglo XIX, el relato se desplaza hacia el campo científico y farmacológico. El estudio de los alcaloides del centeno contaminado abrió una línea de investigación que conecta con la industria farmacéutica europea del siglo XX. En este contexto aparece la compañía Sandoz, donde el químico Albert Hofmann sintetizó el LSD, inicialmente con usos terapéuticos en psiquiatría antes de convertirse en un símbolo de la contracultura de la década de 1960.
Finalmente, el ponente subrayó también los usos militares y experimentales de esta sustancia durante la Guerra Fría y su papel en la redefinición de los límites entre ciencia, política y sociedad. La comunicación concluyó con una reflexión sobre las fronteras cambiantes entre salud y enfermedad, naturaleza y cultura, o ciencia y creencia. Es precisamente esta inestabilidad la que convierte este caso en un objeto privilegiado para la historia de la ciencia.
Invasores vegetales del espacio exterior: ciencia ficción, terror y política en el cine entre los años cincuenta y setenta, Marta García Carrión
La cuarta comunicación de la jornada estuvo a cargo de la historiadora del cine Marta García Carrión, quien ofreció una reflexión sobre la presencia de los vegetales como amenaza en el cine de ciencia ficción y terror producido entre las décadas de 1950 y 1970. La investigadora situó estas producciones en el contexto de la posguerra mundial, la Guerra Fría y el inicio de la carrera espacial, un periodo en el que los miedos colectivos relacionados con la destrucción nuclear, la invasión exterior y la transformación social encontraron una poderosa expresión en el imaginario cinematográfico.
La conferenciante destacó que estas obras se sitúan en la frontera entre la ciencia ficción y el terror. Aunque tradicionalmente han sido clasificadas dentro de la primera categoría, García Carrión defendió que muchas de ellas comparten plenamente las estrategias narrativas y emocionales propias del cine de terror. Según explicó, el espacio exterior y las formas de vida alienígenas se convirtieron en metáforas de las inquietudes políticas y sociales de la época, transformando las amenazas extraterrestres en manifestaciones de los temores derivados de la Guerra Fría y de los profundos cambios geopolíticos del momento.
La primera de las obras analizadas fue The Day of the Triffids, adaptación cinematográfica de la novela homónima de John Wyndham. García Carrión contextualizó la obra dentro de la tradición británica de la ficción catastrófica, muy influida por los relatos de destrucción global desarrollados tras la Segunda Guerra Mundial. Se señaló que la novela original reflejaba preocupaciones vinculadas al declive del imperio británico, las tensiones internacionales y la fragilidad de la civilización moderna.
Al comparar la novela con su adaptación cinematográfica, destacó cómo la película desplazaba buena parte de la reflexión social y política hacia una narrativa más centrada en la acción y en la amenaza directa de los vegetales. Las imágenes de un Londres prácticamente desierto y devastado constituyen, según indicó, algunos de los momentos más impactantes del film y anticipan representaciones postapocalípticas que se harían habituales décadas después. Además, la versión cinematográfica introduce un desenlace más optimista y claramente diferenciado del final ambiguo de la novela.
La segunda obra analizada fue Invasion of the Body Snatchers, una de las grandes referencias del cine de ciencia ficción estadounidense de los años cincuenta. García Carrión explicó que la película se sitúa plenamente en el clima cultural de la Guerra Fría y en los miedos relacionados con la infiltración ideológica. La trama presenta unas misteriosas vainas de origen extraterrestre capaces de duplicar a los seres humanos mientras duermen, sustituyéndolos por copias físicamente idénticas pero desprovistas de emociones e individualidad.
Según la investigadora, estas vainas vegetales constituyen un excelente ejemplo de terror vegetal asociado a la invasión exterior. Su apariencia orgánica y su proceso de reproducción convierten a las plantas en instrumentos de una amenaza alienígena que cuestiona la identidad humana. La ponente subrayó que la fuerza del film reside precisamente en la ambigüedad de difuminar los límites entre humanos y copias.
A lo largo de su intervención, García Carrión mostró cómo estas producciones cinematográficas permiten entender la relación entre terror, ciencia y contexto político. Lejos de ser simples historias fantásticas, las invasiones vegetales funcionaron como metáforas de los temores sociales de una época marcada por la amenaza nuclear, la confrontación ideológica y la incertidumbre ante el futuro. De este modo, el cine de terror y ciencia ficción se convirtió en un espacio privilegiado para imaginar y representar las angustias colectivas de un mundo en plena transformación.
Otesánek. El tronco insaciable, de Jan Švankmajer, Pau Pascual i Galbis
Esta intervención, llevada a cabo por el investigador valenciano Pau Pascual i Galbis, trató sobre la obra del artista y cineasta checo Jan Švankmajer, a partir de una comunicación centrada en la pieza Sang de Tito Tic y su universo simbólico.
La figura de Švankmajer tiene interés no tanto como “artista” sino, sobre todo, como “creador”, por la naturaleza híbrida e interdisciplinar de su producción. Su obra, situada entre el surrealismo, la antropología y el marxismo, fue descrita como una exploración constante de la identidad, la alienación y la transformación de la realidad.
Uno de los conceptos clave de la ponencia fue el del “juego” como estructura estética y política. A través de nociones como el Spielraum, se defendió que la obra de Švankmajer combina lo lúdico con lo inquietante, generando un humor negro que busca la perturbación del espectador. Este juego, lejos de ser superficial, articula una crítica cultural que atraviesa toda su producción.
El análisis de su cine y de su obra visual insistió en su carácter interdisciplinar: animación, escultura, collage, teatro y literatura conviven en un mismo universo formal. Influencias como las de Lewis Carroll o Goethe aparecen reinterpretadas en clave grotesca, mientras que la tradición del cine de animación centroeuropeo se mezcla con referencias filosóficas y políticas.
La ponencia dedicó una parte importante a la adaptación de cuentos y relatos populares, en los que Švankmajer introduce figuras monstruosas y transformaciones corporales que desestabilizan los límites entre lo humano, lo vegetal y lo animal. En este sentido, el “monstruo” se presenta como una construcción cultural que revela tensiones sociales, deseos reprimidos y estructuras de poder.
El análisis se extendió hacia la dimensión política de su obra, subrayando cómo el artista, incluso bajo contextos de censura en la antigua Checoslovaquia, desarrolló un lenguaje visual propio que escapaba de las normas del realismo socialista. Su trabajo fue interpretado como una forma de resistencia estética basada en la ambigüedad, la metáfora y la deformación.
Para terminar, la intervención abordó la dimensión grotesca como categoría central. El monstruo, se señaló, actúa como un dispositivo cultural que habla más del observador que del objeto observado. En esta línea, lo grotesco combina atracción y repulsión, funcionando como un espacio de tensión entre lo familiar y lo extraño.
La sesión concluyó con una reflexión general: las obras de Švankmajer reescriben relatos clásicos y, además, cuestionan las categorías con las que interpretamos la realidad. En este sentido, el monstruo, el juego y la identidad aparecen como herramientas para pensar críticamente la cultura contemporánea desde la ambigüedad y la transformación constante.
Las esporas del ángel: cine y literatura de terror fúngico, Luís Pérez Ochando
Luís Pérez Ochando ofreció un recorrido por la presencia de los hongos en la literatura fantástica y el cine de terror, analizando cómo estos organismos se han convertido en una fuente privilegiada de inquietud y fascinación dentro de la cultura contemporánea. A partir de una perspectiva que combinaba historia cultural, estudios literarios y análisis cinematográfico, la conferencia exploró las raíces y la evolución de un imaginario que sitúa a los hongos en la frontera entre la vida, la transformación y la pérdida de la identidad humana.
La comunicación partió de la constatación de que los hongos ocupan un lugar singular dentro de los imaginarios del terror. A diferencia de otros monstruos clásicos, los organismos fúngicos representan una transformación lenta e insidiosa que altera los cuerpos y difumina las fronteras entre lo humano y lo no humano. Esta capacidad de colonización y metamorfosis ha convertido a los hongos en un recurso narrativo especialmente eficaz para representar miedos asociados al contagio, la degeneración y la disolución de la individualidad.
Una parte importante de la conferencia se dedicó a reconstruir la genealogía literaria de estas representaciones. En este contexto, el ponente destacó la figura del escritor británico William Hope Hodgson, uno de los autores fundamentales del terror fantástico de principios del siglo XX. Su experiencia como marinero y su interés por los espacios liminales se reflejaron en relatos como A Voice in the Night (1907), donde una misteriosa infestación fúngica transforma gradualmente a los seres humanos. Pérez Ochando señaló la influencia decisiva de este autor en el desarrollo posterior del terror cósmico y en las representaciones modernas de los hongos monstruosos.
Junto a Hodgson, se recuperaron otros referentes menos conocidos, como Fungus Isle (1923), de Philip M. Fisher, una narración que comparte numerosos elementos con el relato anterior y que presenta una isla dominada por formas de vida fúngicas capaces de alterar a sus habitantes. Estas obras constituyen los antecedentes literarios más importantes de un conjunto de relatos y producciones audiovisuales que han explorado la relación entre los hongos y la transformación del cuerpo.
La segunda parte de la sesión se centró en el cine, especialmente en la película japonesa Matango (1963), dirigida por Ishirō Honda. Pérez Ochando analizó esta obra como una de las representaciones más complejas del terror fúngico del siglo XX. La historia de un grupo de náufragos atrapados en una isla cubierta de hongos permite desarrollar una reflexión sobre la degradación de las relaciones sociales, el egoísmo y la pérdida progresiva de la humanidad. Más que una simple película de monstruos, Matango aparece como una alegoría sobre la contaminación física y moral, construida a través de una atmósfera opresiva y de un proceso gradual de transformación de los personajes.
El ponente también destacó la manera en que estas narrativas han trascendido sus contextos originales para influir en otros medios, desde el cómic hasta la televisión y la animación. La persistencia de estos motivos demuestra la capacidad de los hongos para actuar como metáfora de temores profundamente arraigados en las sociedades contemporáneas, relacionados con la invasión del cuerpo, la pérdida de identidad o la fragilidad de los límites entre especies.
La conferencia concluyó reivindicando el interés de los hongos como objeto de estudio para la historia cultural. Lejos de ser simples organismos biológicos o recursos argumentales, los hongos constituyen una poderosa herramienta simbólica que permite explorar las relaciones entre ciencia, imaginación y cultura. A través de la literatura y el cine, estos seres se han convertido en protagonistas de algunas de las representaciones más inquietantes de la transformación y la alteridad, consolidando un imaginario propio dentro de la historia del terror contemporáneo.
Matango: El origen de la infección, Carlos Díaz Maroto
La comunicación abordó el análisis de la película Matango (Ishirō Honda, 1963) desde una perspectiva interdisciplinar que combina la historia del cine, los estudios del fantástico y las genealogías literarias del horror. La exposición propuso entender la obra como un producto del cine de monstruos japonés de la TOHO y como un nodo cultural en el que confluyen tradiciones narrativas, imaginarios científicos y contextos históricos específicos de la posguerra.
En primer lugar, se situó Matango dentro de la filmografía de Ishirō Honda, director clave en la consolidación del género kaijū-eiga tras Godzilla (1954). Se destacó cómo, a diferencia del monstruo nuclear de la primera etapa del estudio, esta película desplaza el foco hacia un horror más íntimo y psicológico, centrado en la descomposición de las relaciones humanas en condiciones de aislamiento extremo. La isla desierta funciona como un espacio cerrado donde la amenaza proviene únicamente del exterior, pero también de la progresiva disolución de la cohesión social del grupo.
El núcleo del análisis se centró en la dimensión simbólica de los hongos, que en la película adquieren un carácter omnipresente y casi totalizador. Lejos de ser un simple elemento ambiental, los hongos constituyen una fuerza de transformación biológica y moral que afecta tanto al entorno como a los propios personajes. La exposición interpretó esta presencia como una metáfora de la pérdida de humanidad, en la que la mutación corporal va acompañada de una degradación ética: el egoísmo, la competencia por los recursos y la ruptura de la solidaridad emergen como rasgos centrales del comportamiento del grupo.
Paralelamente, se reconstruyó la genealogía literaria del relato cinematográfico, vinculándolo con la tradición del horror marítimo y del aislamiento en la literatura anglosajona, con especial atención a autores como William Hope Hodgson. Estos relatos, caracterizados por la presencia de fuerzas naturales o sobrenaturales que erosionan la identidad humana, habrían contribuido a configurar el imaginario subyacente de la película. Asimismo, se señaló la existencia de otras posibles influencias narrativas dentro del fantástico de principios del siglo XX, lo que refuerza la idea de Matango como un texto con múltiples estratos intertextuales.
La intervención también analizó el contexto de producción dentro de los estudios TOHO, destacando la práctica habitual de colaborar con escritores especializados en ciencia ficción y literatura fantástica para dotar a los guiones de mayor consistencia. En este sentido, la película se inscribe en una red de producción industrial que, durante los años sesenta, combinaba cine de entretenimiento, experimentación visual y resonancias alegóricas vinculadas al trauma histórico de la guerra y al desarrollo tecnológico.
Otro aspecto relevante fue la recepción cultural y la circulación transmedia del relato, que ha generado adaptaciones y relecturas en distintos formatos, desde la televisión hasta el cómic y la animación. Estas reescrituras evidencian la capacidad del film para funcionar como un mito contemporáneo flexible, capaz de ser reinterpretado en diversos contextos culturales y mediáticos.
Finalmente, la comunicación subrayó el valor estético de Matango como una obra de horror atmosférico, donde el espacio sonoro y visual construye una sensación constante de opresión. La ausencia de vida animal, la densidad del entorno fúngico y la progresiva transformación de los personajes refuerzan una idea central: el horror no se manifiesta como una irrupción puntual, sino como un proceso gradual de contaminación y desintegración.
En conclusión, Matango fue presentada como una obra clave del cine fantástico japonés de los años sesenta, que articula una compleja red de influencias literarias, industriales y simbólicas. Su interés radica en la manera en que desplaza el paradigma del monstruo hacia una reflexión sobre la fragilidad de la condición humana en situaciones límite, consolidándose como una pieza fundamental dentro del horror contemporáneo.
Borja Puchol Forés, estudiante de prácticas extracurriculares del Máster Interuniversitario de Historia y Comunicación de la Ciencia






