En 1922, la revista Hispana Esperantisto publicó una fotografía del muelle de Barcelona con este pie: «Uno de los grupos de niños austriacos hospedados por España, listos para embarcar en Barcelona para el regreso a la patria».

El texto cuenta que la tercera caravana de niños salió del puerto de Barcelona rumbo a su país, que embarcaron en el buque italiano «Principessa Mafalda», y que los despidieron los comités de acogida y numerosos esperantistas. Y da los nombres de quienes viajaron con ellos:

«Los acompañan nuestros samideanos señores Jacinto Comella, de Vic, Francisco Máñez, de Cheste, y otros.»

La despedida terminaba con un mensaje directo a los niños:

«Queridos niños, cuando lleguéis a vuestro hogar —no a vuestra patria, porque la patria de un esperantista es el mundo entero, porque el Esperanto es Eterna Fraternidad— no olvidéis que gracias al Esperanto encontrasteis ayuda y os hermanasteis con personas a quienes las barreras tradicionales presentan a veces como enemigos.»

Reconstrucciones posteriores precisan el grupo que llegó a Cheste: siete niñas y siete niños de Estiria, acogidos por familias del pueblo durante diecisiete meses. (La ficha de la Fundación Pablo Iglesias sobre Máñez dice quince; el resto de las fuentes, catorce.)

Trescientas familias corrientes, no trescientos esperantistas

Conviene situar a Cheste en lo que fue: la operación humanitaria la lanzaron y la coordinaron esperantistas, pero quienes acogieron a los niños fueron familias corrientes de media España, y la mayoría no tenía nada que ver con la lengua.

La pidió el Grupo Esperantista de Graz, cuyo presidente era Karl Bartel, en enero de 1920, a los grupos españoles. La acción se centralizó en Zaragoza, donde la sociedad Frateco formó un Patronato para los Niños Austríacos presidido por el abogado esperantista Emilio Gastón Ugarte —fundador de Frateco en 1908, y que no debe confundirse con su nieto Emilio Gastón Sanz, primer Justicia de Aragón—. De él colgaron subcomités en Barcelona, Valencia, Gerona, Huesca, Valladolid, Asturias, Teruel, Manlleu, Olot, Sabadell, Tarrasa, Vic y Cheste.

Las cifras dan la escala real:

  • 329 o 330 niños entre 1920 y 1923, repartidos por once provincias.
  • Se buscaban cerca de trescientas familias voluntarias dispuestas a quedarse un niño de diez a catorce años durante un año como mínimo.
  • De los seis comités, cuatro estaban en Cataluña, uno en Valencia y uno en Zaragoza. A Aragón, pese a ser la sede, solo llegaron 36 niños.

Es decir: los catorce de Cheste son un caso local dentro de una campaña cuyo grueso fue catalán. Y no fue una campaña oficial, sino más bien lo contrario: el Gobierno austríaco tenía su propio plan —el respaldado por la Iglesia católica y los Estados— y no ayudó a los esperantistas, mientras la Cruz Roja o Save the Children corrían con iniciativas paralelas, en lo que la historiadora Lurdes Cortés Braña llama una «concurrencia por la caridad».

Del lado austríaco sí hubo criba, y el esperanto fue uno de los criterios, no el único: según ha explicado el historiador José Vicente Castillo, se tuvo en cuenta si el niño era católico o no, si era huérfano, su «buena conducta», la profesión y el estrato social de su familia —para emparejarlo con un hogar semejante— y el conocimiento del esperanto, que se les enseñaba antes de salir. Dos tercios eran de la ciudad de Graz.

Un año antes: el retrato del pionero

La misma revista había publicado en 1921 un retrato de Francisco Máñez Sánchez firmado por un compañero, que es la descripción más temprana que hemos encontrado de él:

«Quiero hablar un poco de este humilde pero poderoso e infatigable pionero del Esperanto, delegado de la UEA en Cheste. Digo que es poderoso porque posee una voluntad firmísima por el Esperanto y su idea interna: es campesino, agricultor, pobre de dinero pero riquísimo de sentimiento, y esa última riqueza la reparte con tal empeño que logró hospedar en su comarca a numerosos niños austriacos. Casi aislado, tuvo que trabajar sin descanso para conseguirlo, y ahora pretende fundar rondas esperantistas en todos los lugares próximos, habiéndolo logrado ya en Cheste y Pedralba

El texto añade un detalle escolar: en Cheste, Máñez enseñaba esperanto al maestro nacional Ramón Codoñer, que buscaba cartearse con maestras extranjeras sobre temas profesionales. Y cierra con palabras del propio Máñez:

«Debo decir que ante todo soy amante de la humanidad, y que soy esperantista porque creo que el Esperanto es el mejor instrumento para hacer el bien a la Humanidad.»

En otro número del mismo año, la revista lo pone como ejemplo junto a otros dos esperantistas de origen humilde: «no puedo callar su nombre: José Castilla, y él, como Francisco Máñez de Cheste y Pedro Naranjo de Jerez, honran al esperantismo español y demuestran que la voluntad de un humilde puede más que los buenos deseos de quien todo lo tiene».

Fuentes

Sobre la campaña en su conjunto: