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Calor extremo en el Mediterráneo: más riesgo para la salud, los incendios y los fenómenos meteorológicos violentos

  • 10 julio de 2026
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Las temperaturas que estamos registrando este verano no son un episodio normal. Los datos de los servicios climáticos europeos y de la AEMET muestran que tanto la temperatura del aire como la de la superficie del mar Mediterráneo se mantienen en valores excepcionalmente elevados, muy por encima de las medias climáticas.

Según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), Europa occidental y el Mediterráneo han experimentado episodios de calor excepcionales, con temperaturas marinas récord en el Mediterráneo occidental. Durante junio de 2026 se alcanzaron las temperaturas superficiales más elevadas jamás registradas para ese mes en esta zona.

Esta situación tiene consecuencias directas sobre el comportamiento de la atmósfera. La física es bien conocida: cuando el aire se calienta, aumenta su capacidad para almacenar vapor de agua. Por cada grado Celsius de incremento de la temperatura, la atmósfera puede retener aproximadamente un 7 % más de humedad

Esto significa que tenemos una atmósfera más energética y más cargada de vapor de agua, especialmente sobre un Mediterráneo que actúa como una enorme reserva de calor y humedad. Las aguas excepcionalmente cálidas favorecen una evaporación más intensa y proporcionan combustible adicional para el desarrollo de tormentas severas. 

Pero el riesgo no depende únicamente del calor. También es importante el comportamiento de la corriente en chorro polar o jet stream, el gran río de vientos que circula a gran altitud y condiciona el tiempo en Europa. Las investigaciones científicas muestran que las configuraciones sinuosas o con meandros de esta corriente están estrechamente relacionadas con episodios extremos, tanto de calor persistente como de lluvias torrenciales, inundaciones y sequías.

Cuando el jet stream adopta trayectorias muy onduladas, puede favorecer el estancamiento de olas de calor durante días o semanas. Pero esos mismos meandros también pueden permitir el descenso de aire frío en altura hacia latitudes más meridionales. Si ese aire frío interactúa con una masa de aire muy cálida y cargada de humedad sobre el Mediterráneo, se crea el contexto ideal para el desarrollo de tormentas muy intensas.

El resultado puede ser una combinación especialmente peligrosa: tormentas con precipitaciones torrenciales, inundaciones repentinas, granizo de gran tamaño y rachas de viento muy fuertes. No es una contradicción que una atmósfera más cálida genere episodios de lluvia extrema; de hecho, es precisamente lo que predice la ciencia climática. 

Ante este escenario, los riesgos se multiplican. En primer lugar, el calor extremo ya es por sí mismo una amenaza sanitaria. Las temperaturas elevadas incrementan la morbilidad y la mortalidad, especialmente entre las personas mayores, las personas con enfermedades crónicas, los trabajadores expuestos al exterior y otros colectivos vulnerables.  

En segundo lugar, las condiciones de calor persistente y sequedad aumentan notablemente el riesgo de incendios forestales, como ya se está observando en diferentes regiones mediterráneas.

Y, finalmente, hay que añadir el riesgo derivado de los fenómenos meteorológicos extremos. Un Mediterráneo extraordinariamente cálido y una atmósfera cargada de humedad constituyen una fuente de energía disponible para tormentas potencialmente más intensas cuando se produzcan las configuraciones atmosféricas favorables.

En definitiva, las elevadas temperaturas actuales no son solo un problema de confort térmico. Representan una amenaza múltiple que afecta a la salud pública, incrementa el riesgo de incendios forestales y aumenta el potencial de fenómenos meteorológicos extremos como las tormentas severas y las inundaciones. La combinación de un Mediterráneo anómalamente cálido, una atmósfera más húmeda y una circulación atmosférica cada vez más variable obliga a extremar la vigilancia y a reforzar las medidas de adaptación frente a un clima que muestra signos cada vez más evidentes de cambio.

¿Qué podemos hacer?

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