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Día Cero Residuos

  • 27 marzo de 2026
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Magnitud del desperdicio alimentario

Casi un tercio de todos los alimentos producidos cada año para el consumo humano —aproximadamente 1,3 mil millones de toneladas— se pierde o se desperdicia, según un estudio encargado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en 2011.

Los consumidores y minoristas de los países industrializados desperdician unas 222 millones de toneladas de alimentos cada año, principalmente porque tiran comida perfectamente comestible. Las frutas y las verduras son los productos con mayores índices de desperdicio.

El consumidor medio de Europa y Norteamérica desperdicia entre 95 y 115 kilogramos de alimentos al año, mientras que sus homólogos del África subsahariana, el sur de Asia o el sudeste asiático solo desperdician entre seis y 11 kilogramos.

Hábitos que generan desperdicio

Para una gran parte de la población mundial, el desperdicio de alimentos se ha convertido en una costumbre: comprar más comida de la que necesitamos en los mercados, dejar que las frutas y hortalizas se estropeen en casa o servir raciones más grandes de lo que podemos comer.

Impacto ambiental y de recursos

Estas prácticas someten nuestros recursos naturales a una mayor presión y perjudican el medio ambiente. Cuando desperdiciamos alimentos, también desperdiciamos el trabajo, el esfuerzo, la inversión y los recursos valiosos (como agua, semillas, piensos, etc.) utilizados en su producción, sin olvidar los recursos empleados en su transporte y elaboración. En resumen, el desperdicio alimentario aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero y contribuye al cambio climático.

 Pérdidas a lo largo de la cadena alimentaria

Es un problema de gran magnitud. De hecho, a escala mundial se pierden o desperdician cada día toneladas de alimentos comestibles. Solo entre la cosecha y el nivel minorista se pierde cerca del 14 % del total de alimentos producidos en el mundo. También se desperdician cantidades enormes de alimentos en el ámbito minorista o del consumidor.

La parte de los alimentos que se pierde desde la cosecha hasta el nivel minorista (excluyéndolo) se conoce como pérdida de alimentos. La parte que se desperdicia en el nivel minorista o del consumidor se denomina desperdicio de alimentos. Esta distinción permite abordar las causas profundas del problema, en cuya solución pueden contribuir actores de todo tipo, desde agricultores y productores hasta clientes y propietarios de tiendas.

Un reto global urgente

Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es esencial en un mundo donde millones de personas pasan hambre cada día.

Os animamos a ser #FoodHeroUV

Depende de nosotros cambiar nuestros hábitos para que no desperdiciar alimentos se convierta en una forma de vivir.

En la Universitat de València estamos comprometidos con una alimentación saludable y sostenible y con la reducción de los residuos y del desperdicio alimentario. Hemos incorporado cláusulas en las licitaciones de las cafeterías apostando por productos frescos y de proximidad, más productos ecológicos, más fruta y verdura, menos carne, la eliminación de las botellas de plástico, la reducción y separación de residuos, y hemos introducido el café y otros productos de comercio justo. También queremos que la comunidad universitaria reflexione sobre el desperdicio y los residuos que genera. Hay acciones sencillas como no coger el pan si no nos lo vamos a comer, ajustar la guarnición, adaptar la ración a lo que realmente comemos y fijarnos en los residuos que generaremos si dudamos entre un plato u otro. También en los residuos que generamos si comemos en la cafetería o con comida envasada del supermercado.

 

También hemos publicado el libro Residuos: ¿Un planeta de usar y tirar? | Publicacions de la Universitat de València

En breve se publicará un trabajo de medición del desperdicio alimentario en las cafeterías de la Universitat de València, realizado por Tatiana Pina y María Calero, e impulsado por el Vicerrectorado de Sostenibilidad, Cooperación y Vida Saludable.

En cuanto al ámbito doméstico, aquí sugerimos algunas medidas sencillas de la FAO que pueden adoptarse para restablecer la conexión con los alimentos y con lo que representan:

 

 

1.     Adopte una dieta más saludable y sostenible

La vida se mueve deprisa, y preparar comidas nutritivas puede ser complicado, pero las comidas saludables no tienen por qué ser elaboradas. En Internet abundan recetas saludables y rápidas que puede compartir con sus familiares y amigos.

2.     Compre solo lo que necesita

Planifique sus comidas. Prepare una lista de la compra y aténgase a ella evitando las compras impulsivas. No solo desperdiciará menos alimentos ... también ahorrará dinero.

3.     Elija frutas y hortalizas feas

No juzgue los alimentos por su apariencia. A menudo se tiran a la basura frutas y hortalizas magulladas o con formas extrañas porque incumplen unas normas cosméticas arbitrarias. No se preocupe ... el sabor es el mismo. Utilice la fruta madura para preparar batidos, zumos y postres.

4.     Almacene los alimentos con sensatez

Pase los productos más antiguos a la parte delantera del armario o el frigorífico y coloque los nuevos en la parte trasera. Utilice contenedores herméticos para mantener frescos en el frigorífico los alimentos abiertos y asegúrese de cerrar los paquetes para que no entren insectos.

5.     Comprenda el etiquetado de los alimentos

Hay mucha diferencia entre las fechas de “consum

8.     Haga uso de los alimentos desperdiciados

En lugar de tirar a la basura desechos de comida, haga compost con ellos. De esta forma devolverá nutrientes al suelo y reducirá su propia huella de carbono.

9.     Respete los alimentos

Los alimentos nos ponen en conexión a todos. Restablezca la conexión con los alimentos sabiendo del proceso de producción que comportan. Infórmese leyendo de la producción de alimentos y conozca a agricultores cercanos.

10.     Apoye a los productores de alimentos locales

Comprando productos locales, presta apoyo a agricultores familiares y pequeñas empresas de su comunidad. También contribuye a la lucha contra la contaminación reduciendo las distancias que recorren los camiones y otros vehículos en el reparto.

11.     Mantenga a flote las poblaciones de peces

Consuma especies de peces que abunden más, como la caballa o el arenque, antes que otras que corren peligro de sobreexplotación, como el bacalao o el atún. Compre pescado que se ha capturado o criado de forma sostenible, como pescado provisto de etiqueta o certificado ecológico.

12.     Use menos agua

No podemos producir alimentos sin agua. Aunque es importante que los agricultores utilicen menos agua para cultivar alimentos, la reducción del desperdicio de alimentos también ahorra todos los recursos hídricos empleados en su producción. Reduzca de otros modos el consumo de agua: arregle las goteras o cierre el grifo mientras se cepilla los dientes.

13.     Mantenga limpios los suelos y el agua

Algunos desperdicios domésticos son, en potencia, peligrosos y nunca deben echarse a un cubo de basura general. Artículos como pilas, pintura, teléfonos móviles, medicamentos, productos químicos, fertilizantes, neumáticos o cartuchos de tinta pueden filtrarse en nuestros suelos y nuestro suministro de agua perjudicando a los recursos naturales con los que se producen nuestros alimentos.

14.     Coma más legumbres y verdura

Trate de consumir una vez por semana una comida a base de legumbres o cereales “antiguos” como la quinua.

15.     Compartir es cuidar

Done los alimentos que de otro modo se desperdiciarían. Por ejemplo, mediante aplicaciones los vecinos pueden conectarse entre sí y con empresas locales para que los excedentes de alimentos puedan compartirse y no tirarse a la basura.