El título del primer episodio tiene doble sentido y se divide en dos partes. En la primera hay una presentación, en la segunda se explora de dónde surge el concepto «público cautivo» y qué relación tiene con la experiencia universitaria y la educación en general. Natalia y Valentina comparten anécdotas de haber sido público cautivo en distintos niveles educativos y divagan entre referencias como Stanley Kubrick, Lars von Trier, Antoni Muntadas y Dora García.
¿Cuántas veces la asistencia a una actividad académica es el resultado de una decisión individual? En la mayoría de las ocasiones, ¿acudimos movidos por nuestras propias inquietudes o para cumplir con el guion que se espera de nosotros? Si nadie nos obliga explícitamente, ¿de dónde nace ese sentimiento de culpa por ausentarse de algún acto?
Cuando se aborda de la experiencia universitaria, la distancia que media entre el interés personal y la repetición automática de unos hábitos rutinarios suele estrecharse a medida que avanza el tiempo. Impulsado por la inercia institucional, el estudiante completa el aforo de las aulas obedeciendo a horarios, plazos, y evaluaciones previamente definidas, en un entorno en el que la presencia continua se convierte en una expectativa incuestionable. De esta forma, participa como miembro de un grupo cuya disponibilidad viene garantizada por el propio diseño de la vida académica, un «público cautivo» con limitada capacidad de evasión que comienza a ocupar la silla como si estuviera en una sala de espera. En este sentido, trasladada al contexto escolar, cobra especial relevancia la tesis de Claire Marin en Los comienzos. Una filosofía de las primeras veces (2026), y es que el alumno interioriza un ritmo de aprendizaje al que se adapta como si de algo inevitable se tratara. Por ende, existe el riesgo de que comience a recibir la información sin reparar en asimilarla críticamente.
Frente a esta situación, ¿cabe la posibilidad de recuperar el control? Tal vez la clave no resida tanto en resignarse ante estas sesiones de carácter obligatorio, sino en irrumpir en sus dinámicas haciendo visible el papel que representamos, aprovechando las herramientas expresivas que ofrecen los lenguajes creativos –como la cultura visual o la literatura– para cuestionar los roles mecánicos que la disciplina tiende a imponer.
Alicia Bellido Álvarez









