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Entre 1907 y 1939 tuvo lugar en España la génesis de una comunidad científica impulsada por sectores progresistas y liberales, a través de políticas públicas, que crearon instituciones estatales como el Instituto Nacional de Ciencias, el Museo Nacional de Ciencias Naturales, la Misión Biológica de Galicia, pequeños laboratorios e institutos de investigación en la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y la Residencia de Estudiantes o sociedades y laboratorios en el Institut d’Estudis Catalans.

El espíritu de la Institución Libre de Enseñanza impulsó la ciencia como factor de progreso y modernidad, antagónico de la España conservadora, católica y castiza. La Renaixença catalana aportó iniciativas en la misma dirección. También se inició una reforma sanitaria acorde con el modelo europeo basada en institutos municipales y provinciales de higiene, un Instituto Nacional y una Escuela de Sanidad, y un Hospital de Enfermedades Infecciosas. La implicación del estado liberal en políticas públicas de promoción de la ciencia y la sanidad contó con apoyo político y social que aumentó en la Segunda República, pero siempre tuvo la oposición de la Iglesia católica y los sectores conservadores de la sociedad española.

A pesar de ello, el resultado fue la génesis de una comunidad científica joven, dinámica, bien articulada, activa en el contexto internacional, gracias a una política de pensiones para jóvenes investigadores, que, en apenas dos décadas, envió a casi medio millar de médicos, biólogos, farmacéuticos, ingenieros, químicos y matemáticos a los mejores laboratorios, universidades y centros de investigación de Europa y Estados Unidos. Un colectivo de científicos españoles que entró a formar parte de las redes y programas de investigación internacionales.

Ése fue el ambiente en el que se formaron Gregorio Marañón, Juan Negrín, Pío del Río-Hortega, Severo Ochoa, Francisco Jiménez Díaz, F. Grande Covián, R. Méndez, Blas Cabrera, Enrique Moles, Miguel Catalán, A. Pi Sunyer, Esteve Terradas, Juan Peset, José Puche, Teófilo Hernando, y tantos otros. Un colectivo que tenía al frente a Ramón y Cajal y que trajo a España a Marie Curie, Albert Einstein o John. M. Keynes.

Pero ese colectivo sufrió una profunda crisis entre 1936 y 1939, como consecuencia del golpe militar, la guerra civil y la represión franquista. Según datos de Santos Juliá, al acabar la guerra había unos 700.000 presos en cárceles franquistas; dos años después quedaban 280.000 republicanos encarcelados por motivos políticos. Además, unos 500.000 republicanos pasaron por campos de concentración. Francisco Guerra ha aportado un inventario de víctimas de la sublevación franquista, que incluye nombres de más de sesenta médicos asesinados en Andalucía, cuarenta en Aragón, una treintena en Galicia y otros tantos en Castilla, más de una veintena en León, cifra semejante a la de Navarra, cinco en Extremadura y otros casos en Asturias y el País Vasco. El golpe militar alteró el funcionamiento de laboratorios, aulas y hospitales, y fue un duro revés para los valores de libertad de la comunidad científica. El exilio, la cárcel y la inhabilitación de médicos y científicos significó una tremenda sangría para la sociedad española y una pérdida irreparable de poder intelectual.

Fecha de inicio: enero / 2010.

Fecha de fin: diciembre / 2011.

Investigadores principales: Barona Vilar, Josep Lluís.

Entidades financiadoras: Ministerio de Ciencia e Innovación.

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