Cuando Francisco Máñez Sánchez murió, en 1969, el boletín de la Federación Española de Esperanto le dedicó buena parte de un número. Entre la necrológica y las despedidas publicó un relato titulado «Kiel tuta vilaĝo esperantiĝis» —«cómo todo un pueblo se hizo esperantista»—, escrito como se cuentan las cosas que ya son leyenda en el sitio donde pasaron.

El camino de vuelta

«El atardecer de septiembre calentaba todavía cuando Francisco, montado en su obediente burro, volvía por el sendero hacia la carretera de Cheste. Le obsesionaba la noticia de un idioma nuevo, ideado por un doctor polaco, que pretendía resolver la incomprensión internacional.

Apenas respondió, con un gesto de la mano, a los saludos de sus convecinos, que cabalgando en bestias parecidas se apresuraban a engullir la merecida cena — a lo que ayudaba la prisa de los solípedos, atraídos por el olor dulce de las apetitosas algarrobas.»

Al llegar a casa se lavó con un cubo lleno de agua junto al pozo y corrió a preguntarle al maestro, que no supo responderle, pero le aconsejó dirigirse a otro. Así que fue al médico del pueblo.

La broma

«El doctor del pueblo lo pensó unos segundos y respondió: “Sí, Paco, leí hace poco sobre eso, y en Valencia encontrarás seguro un método para aprenderlo”. Y, en broma, añadió: “Cuando lo aprendas, hazte mi maestro, y esperantizarás el pueblo entero, y de todos los países vendrán personas a hablar contigo y con todos nosotros, ¡y Cheste se convertirá en ciudad internacional!

Y dicho esto le dio una palmada amistosa en el hombro, y se rió a carcajadas de aquella realización imposible.»

Al día siguiente

«Al día siguiente Francisco, en vez de cuidar su viña, tomó el tren y se dirigió a la librería que le había aconsejado el médico. Volvió enseguida, en el tren de vuelta, y ya en él se refugió en un rincón escondido para que nadie lo molestara y empezó a leer el libro. ¡Qué maravilla! Era un simple campesino, sin instrucción especial, pero su avidez le facilitó el aprendizaje.

Un año después, la broma del médico se había hecho verdad. Francisco enseñó al médico, al maestro, al cura, al ciego Gregorio —para eso aprendió el método Braille, a propósito— y a casi todo el pueblo.

Diversas sociedades agruparon a mozos, mozas y vecinos de todas las clases, y todos rivalizaban por alcanzar el nivel más alto en la lengua.»

Qué hay de cierto

El relato está escrito para emocionar, y conviene leerlo como lo que es. Pero sus elementos están documentados por separado en otras fuentes: que Máñez era labrador y autodidacta, que aprendió braille sin ser ciego para enseñar a Gregorio y a Gratiniana, que el grupo se organizó en sociedades, y que a partir de ahí el pueblo entero se convirtió en una rareza nacional.

Un compañero que lo conoció de niño lo resumió en el mismo número, en esperanto:

«Hay personas para quienes el esperantismo de Cheste parece poco menos que un mito. ¡No! El esperantismo de Cheste fue y es una realidad.»

Fuentes

  • «Kiel tuta vilaĝo esperantiĝis», Boletín de la Federación Española de Esperanto, 2ª época, año VII, nº 39 (175), septiembre-octubre de 1969 — ejemplar en Gazetoteko, texto extraído por OCR propio.