Tras la Guerra Civil, los sublevados habían cerrado por la fuerza los círculos esperantistas y el movimiento quedó años en silencio. El 22 de enero de 1950, Cheste protagonizó uno de sus primeros reencuentros públicos.

Numerosos esperantistas valencianos se desplazaron al pueblo, donde fueron recibidos por Francisco Máñez. Celebraron un mitin en el teatro, con la presencia del alcalde Aurelio Cortés Tarín, en el que se reivindicó «el renacimiento de la lengua internacional» y la colaboración de Cheste en el esfuerzo esperantista de toda España.

El acto mostró que, pese a la represión de la posguerra, el esperanto chestano seguía vivo — una continuidad que enlazaría, nueve años después, con el homenaje a Zamenhof y la placa de mármol de 1959.

«Kiel vi fartas?»: la crónica de un testigo

El boletín de febrero de 1950 publicó la crónica de uno de los que fueron, el doctor Federico Poveda, de Valencia. Se titulaba «Ya vuelven a sonar los claros clarines…» y es, con diferencia, el mejor relato de primera mano que tenemos de cómo se vivía el esperanto en Cheste. Vale la pena leerlo casi entero.

«La Federación Esperantista Española airea su propaganda, sale a tierras de Cheste, prepara sus huestes, y el domingo 22 de enero, un día frío, desapacible, infrecuente en estas latitudes, irrumpe en dicha población.

Expresión gozosa a nuestra llegada en los semblantes de los que nos esperan, saludos, abrazos, caras conocidas y, primera sorpresa, una nutrida representación de la juventud de Cheste, con preponderancia femenina, avanza hacia nosotros, y nuestro gozo sale de punto al observar que unos pequeñuelos pugnan por abrirse paso entre los mayores para saludarnos en Esperanto.

Kiel vi fartas?, me dice un avispado niño de unos cinco a siete años, cual veterano conocedor de nuestros medios; se sitúa a nuestro lado y, con el inquieto proceder infantil, nos hace multitud de preguntas. Otro menos audaz se acerca y, abriendo desmesuradamente los ojos con admiración, su mirada salta de unos a otros, avizorando la palabra ajustada a sus conocimientos.

Y así, tras la inusitada sorpresa por el cálido recibimiento, nos tomamos un pequeño descanso, haciendo a continuación unas visitas a los lugares notables; y por doquier, gente que con sencillez campesina nos saluda en Esperanto

A mediodía, el teatro:

«Ya estamos en el teatro, un espacioso y hermoso local, como corresponde a un pueblo culto. […] El acto comenzó a teatro lleno, dando la sensación de estar viviendo un día de gran gala. Nuestra salida a escena representó la fervorosa y espontánea puesta en pie de todo el público.

Presidió el culto y distinguido alcalde de la localidad, don Aurelio Cortés. Habló en primer término el esforzado paladín del movimiento esperantista en dicha villa, Francisco Máñez, quien con palabras enfervorizadas señaló el renacer del Cheste esperantista; luego tomó la palabra el prestigioso médico valenciano y gran esperantista doctor Herrero. Después, el antiguo y distinguido Ricardo Quiles leyó unas cuartillas en nuestro querido lenguaje, y en último término el poeta de la palabra Luis Hernández elogió a Cheste y sus bellas mujeres.»

Y el final, que es lo que hace memorable la crónica:

«Finalmente se cantó el himno esperantista, honda emoción recorría el ambiente; desde mi posición del escenario observaba cómo varias mujeres, con el pelo blanco y el porte campesino, hieráticas, con la llama fanática en sus ojos de amor a nuestra verdad, cantaban y daban tales modulaciones emotivas a su voz como quien conoce de sobra el significado espiritual de nuestro himno.

Con vítores y aplausos se cerró el acto. Más tarde, un banquete presidido por la primera autoridad edilicia, discursos y alegría. Ya anochecido, de vuelta a nuestros lares, dejamos atrás el elevado campanario de Cheste, vigía de toda la comarca, que con señorial y majestática altivez parecía dar fe, con su presencia, de la firmeza de nuestro ideal.»

Once años después del final de la guerra, con los círculos aún bajo sospecha, aquellas mujeres de pelo blanco que se sabían de memoria La Espero venían de la Cheste de los años veinte. No era una reconstrucción: era lo que había quedado.

El alcalde figura con sus dos apellidos en el Boletín Oficial de la Provincia de Valencia del 27 de septiembre de 1949, donde firma dos edictos como «Don Aurelio Cortés Tarín, Alcalde Presidente del Ayuntamiento nacional de Cheste».

Lo que vino después

Los boletines de los años siguientes dejan ver que aquella visita no fue un fuego de artificio. En 1950 o 1951, la Federación cuenta que en Cheste «funcionan tres cursos a la vez, y no hay más alumnos porque falta sitio para acogerlos», con Máñez —«insuperable guía»— y la ayuda de los señores Martínez y Ruiz y una decena más de monitores capaces, enseñando «curso tras curso».

En 1952 llegó el reconocimiento material:

«CHESTE. — Los numerosos esperantistas de esta famosa villa se alegran ahora de que, por gentil decisión del alcalde, don Aurelio Cortés, ya disponen de una hermosa aula, en local oficial, para cuanto necesiten: cursos, fiestas o exposiciones, que sin duda brillarán allí para justificar la merecida fama que Cheste posee.» — Boletín de la Federación Española de Esperanto, 1952

El mismo alcalde que había presidido el mitin de 1950 les daba, dos años después, un sitio fijo donde reunirse.

Fuentes