«—Kiel vi fartas, Walter? —Bone, dankon!»
Así arranca el reportaje que Paco Cerdà publicó en Levante-EMV el 9 de julio de 2010: dos hijos del pueblo saludándose en esperanto por la calle. «Al forastero le sorprende», escribe. «Pero es que en Cheste no han cesado las extravagancias de este tipo desde que Francisco Máñez Sánchez quedara fascinado en 1908 al enterarse de que existía una lengua internacional que predicaba la paz y la amistad entre los pueblos».
Paquetes de la URSS para el Ateneo Cultural Esperantista
El reportaje aporta una de las escenas más reveladoras de la posguerra chestana: al alcalde Anselmo Balaguer, «adicto al régimen por los cuatro costados» —la prensa nacional de 1968 lo llama Alfonso Balaguer Yopis—, le llegaban paquetes desde la URSS —con la hoz y el martillo bien visibles— que contenían revistas y libros de esperanto dirigidos al Ateneo Cultural Esperantista de la localidad. También llegaba desde la China maoísta la revista El Popola Ĉinio. Las autoridades locales hacían la vista gorda, y así se consolidó el esperanto como algo habitual en el pueblo «en una época de miseria intelectual generalizada».
Tanto se rutinizó su aprendizaje que José Julio Andrés Tarín —70 años en 2010— recordaba haber aprendido a leer y escribir castellano en la sede del club de esperanto, al tiempo que allí se enseñaba la lengua de Zamenhof. Y el reportaje deja caer un detalle que enlaza con la Cheste de los años treinta: «¡hasta un ciego de Cheste aprendió esperanto en braille!».
«La Meca del esperanto»
La frase que dio título al reportaje de televisión que Cheste vería años después la lanza aquí Augusto Casquero de la Cruz, profesor de esperanto en la Universitat de València, Eslovaquia, Polonia y China: «Cheste es para el esperanto lo que La Meca para los árabes».
En 2010 quedaban, según Rosa Zanón Ferrando, «unos 200 vecinos de Cheste que hablan algo de esperanto», y una veintena asistía a las clases semanales de Lum Radio. El relevo generacional ya preocupaba: «Hay jóvenes que han venido alguna vez, pero como este mundo es tan desconocido, han creído que esto era una secta y lo han abandonado», lamentaba José Julio.
También aparecen María Pilar Blay Lahuerta —de Chiva, que se inició en el esperanto al conocer a su marido chestano— y Miguel Llorens Llorens, que entiende la lengua «como una filosofía de vida que fomenta la hospitalidad entre quienes lo hablan» y que por entonces enseñaba esperanto a cinco alumnos en Chiva. Catorce años después, los dos estarían entre los homenajeados del 82º Congreso Español.
El azulejo de la estrella verde
El reportaje describe además dos huellas materiales del esperanto chestano: las tres calles dedicadas a la lengua y, en la fachada de la casa del sobrino de Máñez, un azulejo con la estrella verde de cinco puntas —por la unión de los cinco continentes— y la frase «Tie ĉi oni parolas esperanton» («Aquí se habla esperanto»). Menciona también que el folleto turístico del pueblo estaba disponible en esperanto y que en 1997 se llegó a celebrar una misa en esperanto en la iglesia.
Al día siguiente, el 10 de julio de 2010, Cheste acogía un congreso autonómico de esperantistas con unos 70 asistentes, con conferencias en esperanto sobre el cáncer y sobre la situación de la lengua en China, y poemas de Miguel Hernández traducidos a la lengua internacional.
Fuentes
- Paco Cerdà, «Cheste: “Tie ci oni parolas esperanton”», Levante-EMV, 9 de julio de 2010.