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Describen por primera vez los efectos de un incendio agravado por el cambio climático sobre un hayedo en León

  • 4 septiembre de 2026
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Hayedos muertos en junio de 2026, diez meses después del incendio en Barniedo de la Reina./ J. G. Pausas (CSIC).

Describen por primera vez los efectos de un incendio agravado por el cambio climático sobre un hayedo en León  

 

  • Un estudio del CSIC y la Universidad de León analiza los efectos de un gran incendio durante una ola de calor en verano de 2025 sobre este tipo de bosque, hasta ahora considerado resistente al fuego

  • Un tercio del hayedo se redujo drásticamente con mortalidades del 70% y otro tercio se debilitó gravemente. Su escasa renovación hace temer un cambio hacia una vegetación más inflamable

 

Un estudio del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universitat de València (UV) y la Generalitat Valenciana, junto con la Universidad de León (ULE), analiza por primera vez las repercusiones de un incendio de verano en Barniedo de la Reina (León) en 2025, sobre un hayedo, considerado tradicionalmente no inflamables. El análisis concluye que un tercio del hayedo quedó seriamente afectado, con mortalidades superiores al 70%, mientras que otro tercio quedó gravemente debilitado, impulsando así el desarrollo de otra vegetación más inflamable. El estudio advierte de que el cambio climático favorece la aparición de este tipo de incendios en estas zonas, debilitando la capacidad de los hayedos para actuar como barreras naturales.

Los hayedos (Fagus sylvatica) se han considerado tradicionalmente bosques no inflamables. Crecen en ambientes fríos y húmedos, y su densa copa durante el verano frena el desarrollo de vegetación en el sotobosque (plantas y arbustos que crecen bajo los árboles) así como la propagación del fuego. Hasta ahora, cuando ardían lo hacían en incendios pequeños y de escasa intensidad, generalmente en invierno con los árboles sin hojas, de manera que la mayoría de las hayas sobrevivían.

Ahora, este patrón podría haberse alterado, según el estudio liderado por el científico del CSIC en el CIDE Juli G. Pausas junto con los investigadores de la ULE Luz Valbuena y David Beltrán-Marcos, publicado en la revista Global Change Biology. Combinando imágenes del satélite Sentinel-2 y trabajo de campo, han reconstruido el incendio de Barniedo de la Reina (León), iniciado por un rayo el 14 de agosto de 2025, durante una ola de calor excepcional de 15 días que provocó un récord de grandes incendios en España y Portugal. El incendio afectó unas 19.100 hectáreas entre 1.120 y 2.315 metros de altitud, una zona formada por un mosaico de matorrales, bosques de robles y bosques de hayas.


Un mosaico de daños

Según los resultados del estudio, un tercio del hayedo quedó prácticamente indemne (más del 99% de árboles sobrevivieron), mientras que otro tercio ardió con un fuego de sotobosque que, pese a su baja intensidad, resultó letal para la mayoría de los árboles. El tercio restante quedó en una situación intermedia, con copas que no lograron recuperarse por completo.

En las parcelas más afectadas, la mortalidad dependía del tamaño del árbol: el 74% de los árboles con más de 10 centímetros de diámetro murieron, y todos los árboles menores de ese diámetro murieron sin excepción. El 26% restante logró rebrotar desde el tronco (rebrote epicórmico), aunque de forma muy débil: en junio de 2026, la recuperación de la copa de estos árboles seguía por debajo del 15%. Los autores advierten que, dado que en el haya se han descrito episodios de mortalidad retardada tras el fuego, el destino final de estos árboles supervivientes sigue siendo incierto.


Sin relevo generacional a la vista

El estudio también pone el foco en la regeneración, y el diagnóstico aquí es preocupante. Las plántulas de haya eran escasas y muy irregulares: de ocho parcelas muestreadas después del incendio, seis no tenían ninguna plántula, una tenía solo cuatro y otra superaba las 300. En cambio, las plántulas de leguminosas leñosas (especies con semillas que permanecen dormidas en el suelo y germinan tras el fuego) eran cerca de cien veces más abundantes.

“Esta diferencia no es casual: a diferencia de las leguminosas, el haya no dispone de un banco de semillas persistente en el suelo ni de mecanismos de germinación asociados al fuego, y las tendencias climáticas actuales hacen poco probable que pueda recolonizar estas zonas desde los bosques no quemados cercanos”, asegura Juli G. Pausas (CSIC). El resultado más probable, según los autores, es una conversión del hayedo en matorral, un ecosistema mucho más inflamable que, a su vez, podría retroalimentar el riesgo de nuevos incendios en el futuro.


Una barrera que se debilita en toda Europa

El caso de Barniedo no es, para los investigadores, un episodio aislado. “Es un síntoma de un cambio de fondo: el calentamiento global está permitiendo que los grandes incendios asciendan a altitudes y ecosistemas donde, hasta ahora, el fuego de verano era prácticamente desconocido, una tendencia que ya se había descrito en otras montañas del planeta y que ahora llega a los bosques templados europeos”, advierte Luz Valbuena (ULE). Es una señal de alarma para los hayedos europeos (y para otros bosques templados) ante un escenario donde el fuego avanza hacia mayores altitudes y hacia el norte.

Así, los modelos que predicen el futuro de la vegetación ante el cambio climático suelen centrarse en los efectos directos del clima, pero no tienen en cuenta los cambios en los regímenes de incendios. Los resultados de este estudio sugieren que estos cambios, motivados ahora más por el cambio climático que por cambios en el uso del suelo, pueden llegar a tener consecuencias incluso más importantes. “El cambio climático no solo favorece la aparición de incendios, sino que también dificulta la regeneración y expansión posterior de las hayas, amplificando así el impacto del fuego”, resume David Beltrán-Marcos (ULE).

“El calentamiento global está debilitando la capacidad de los hayedos para actuar como barreras naturales frente a los incendios y permite que el fuego se extienda más allá de los ecosistemas tradicionalmente propensos a arder, afectando a especies sensibles al fuego”, finaliza Juli G. Pausas (CSIC). “En plena era del Antropoceno, conceptos como ‘ecosistema no inflamable’ o ‘pirofóbicos’ están perdiendo cada vez más significado”, lamenta.
 

Pausas, J. G., Valbuena, L., & Beltrán-Marcos, D. (2026). Fires Beyond Fire-Prone Ecosystems: The Erosion of Beech Forest. Global Change Biology, 32: e71036. https://doi.org/10.1111/gcb.71036