
Aguas de la Albufera con color verdoso. Autores del artículo.
Juan Víctor Molner Polit, Universitat de València; Juan Miguel Soria Garcia, Universitat de València; Manuel Eduardo Muñoz Colmenares, Universitat de València; Noelia Campillo Tamarit, Universitat de València, y Viola Pagliani, Stockholm University
A simple vista, las lagunas costeras del Mediterráneo parecen postales inmutables. Sin embargo, bajo su superficie se esconde una realidad mucho más dinámica, frágil y preocupante.
¿Cómo vigilar ecosistemas tan complejos sin alterarlos? La respuesta llega desde el espacio. Gracias a la tecnología satelital Sentinel-2, nuestro equipo ha monitorizado de forma ininterrumpida durante la última década (2015-2025) la clorofila y la transparencia del agua de la Albufera de Valencia. Estas variables nos informan de su estado ecológico.
Los datos de estos “centinelas espaciales” rompen cualquier optimismo: lejos de estabilizarse tras el saneamiento de los años noventa, la laguna muestra una clara tendencia al empeoramiento, con mayor biomasa de fitoplancton y menor transparencia. Los satélites no solo detectan el verde crónico de la eutrofización y determinan sus valores, sino que también captan fenómenos visuales extremos que actúan como señales de alarma del cambio climático y de la presión humana.

Tendencias de aumento de clorofila y disminución de la transparencia durante los últimos 10 años en la Albufera.
Del rojo de la sequía a las “aguas negras”
El año pasado, la Albufera fue noticia porque sus aguas se tiñeron de un alarmante color rojo-marrón. Este fenómeno no fue ningún vertido tóxico, sino una respuesta biológica de autodefensa. La sequía prolongada y las altas temperaturas hicieron que el fitoplancton cambiara a especies productoras de carotenoides, pigmentos que actúan como “protector solar” frente al estrés lumínico y térmico. Este fenómeno está protagonizado por los cianobacterias, favorecidos por el estrés y la eutrofización. Estos organismos del fitoplancton son el grupo dominante de la laguna e impiden el retorno de los macrófitos sumergidos, propios de aguas claras.

Izquierda: Fotografía del 9 de junio de 2023 con la típica coloración verde de la Albufera. Derecha: 25 de octubre de 2023 con las algas productoras de carotenoides.
Por otro lado, las lluvias no siempre traen buenas noticias. Hace unos meses, la Albufera sufrió un episodio de “aguas negras” procedentes de los arrozales.
Este color oscuro y el mal olor nacen de la descomposición de la paja del arroz inundada, que consume rápidamente el oxígeno y genera condiciones de hipoxia, favorables para la producción de amonio y poniendo en riesgo a la fauna. Además, con la posterior apertura de las golas para secar los campos, la entrada brusca de esta agua desencadenó un pico de nitratos, que muestran una tendencia claramente ascendente en los últimos años.
Estos cambios drásticos nos advierten de que la gestión hídrica y agrícola debe adaptarse pronto a los nuevos patrones meteorológicos.

Evolución de las concentraciones de nitrato en la estación de medida del embarcadero de la Gola del Pujol desde el 1 de marzo de 2022 hasta el 24 de febrero de 2026.
El ecosistema tiene memoria

Imagen satelital de Landsat-8 del 30 de octubre que muestra la cantidad de sedimentos que llegaron a la Albufera como consecuencia de la DANA de 2024.
La devastadora DANA de octubre de 2024 también transformó la laguna de arriba abajo. A pesar de los terribles daños en los municipios de la cuenca, el temporal actuó como un lavado masivo para el ecosistema acuático.
Al abrirse las golas, el agua salió hacia el mar y el lago se limpió, pasando en cuestión de días de unos niveles hipertróficos de 180 mg/m³ de clorofila a tan solo 2 mg/m³. Durante unos días, la Albufera recuperó las condiciones de un lago oligotrófico, como lo era hace sesenta años, aunque los sólidos en suspensión se dispararon.
Este episodio extremo confirma una esperanza que ya habíamos detectado: el sistema tiene memoria. Cuando entra agua limpia y se renueva el lago, la vida autóctona regresa.
Así ocurrió en las primaveras de 2018 y 2022, cuando los satélites detectaron la reaparición efímera de praderas de macrófitos sumergidos (Myriophyllum spicatum y Najas marina), especies desaparecidas hacía medio siglo a causa de la eutrofización. Esto demuestra que, si garantizamos aportes constantes de agua de calidad, las plantas acuáticas del pasado pueden volver a colonizar la laguna.
Najas marina en la parte occidental de la Albufera el 24 de octubre de 2022.
Dónde están los flamencos este año?
El estado del agua también afecta a la rica biodiversidad faunística. Mucha gente se pregunta por qué este año se han visto menos flamencos en la Albufera. La respuesta hay que buscarla más allá de nuestras fronteras. El año pasado llegaron muchos porque otros humedales clave (como Doñana o las lagunas de La Mancha) estaban secos.
Este año, como ha llovido más y estos hábitats se han recuperado, los flamencos los han preferido. Estas aves buscan aguas más salinas y ricas en microcrustáceos, como Artemia salina, muy presentes en esas zonas cuando se inundan.
Flamencos alimentándose en un arrozal de la Albufera. Fotografía de ‘Xuano’, barquero de la Albufera, 11 de febrero de 2022.
Un problema que atraviesa el Mediterráneo
Utilizando la Albufera como hilo conductor, no podemos ignorar que estos fenómenos afectan a otras lagunas hermanas. Nuestros estudios paralelos con satélites en nueve grandes lagunas costeras italianas (como Varano, Cabras o Comacchio) confirman que la degradación es un problema regional en toda la cuenca del Mediterráneo occidental. De hecho, como se puede observar en la imagen, la gran mayoría de las lagunas italianas estudiadas mostraron condiciones mesotróficas, eutróficas e hipertróficas.
Compartimos tendencias similares: la misma crisis de exceso de nutrientes, presión humana y estancamiento del agua. Necesitamos estrategias de mitigación conjuntas.
Localización y mapas de las principales lagunas costeras italianas. En la figura se observa cómo la mayoría se encuentran en estados tróficos que van de regular (amarillo) a muy malo (rojo).
Un patrimonio de todos y todas
Aunque las lagunas costeras son ecosistemas efímeros a escala geológica, en la historia humana constituyen un patrimonio incalculable. Su protección va mucho más allá de la mera gestión ambiental; es un auténtico ejercicio de convivencia.
En la Albufera confluyen multitud de intereses a menudo opuestos: la agricultura, la pesca, la caza y el uso ciudadano. Aprender a cuidar este espacio compartido y lograr que todos los actores implicados actúen de manera responsable nos enseña, en el fondo, a vivir en paz como sociedad.
Superar las fricciones entre sectores o clases sociales para proteger un bien común demuestra que la armonía con nuestro entorno es el reflejo más fiel de nuestra propia armonía social. Es un aprendizaje de respeto mutuo, porque la Albufera es un espacio donde todos nos encontramos y que nos pertenece por igual.
La navegación tradicional al atardecer refleja el incalculable valor escénico de un espacio que las comunidades locales han modelado y compartido durante siglos. Fotografía de ‘Xuano’, barquero de la Albufera, 27 de enero de 2024.
Juan Víctor Molner Polit, Doctorando en Biodiversidad, Universitat de València; Juan Miguel Soria Garcia, Profesor de Ecología, Universitat de València; Manuel Eduardo Muñoz Colmenares, Posdoctoral Researcher, Universitat de València; Noelia Campillo Tamarit, Investigadora No Doctora PIF, Universitat de València, y Viola Pagliani, Estudiante de máster, Stockholm University
Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Lea el original.











