
Falla de Convent Jerusalem 2021, ganadora de la Sección Especial en 2021. Helena GARCIA HUERTAS/Shutterstock
Pau Díaz Solano, Universitat de València i Joaquim Rius-Ulldemolins, Universitat de València
Cada mes de marzo, Valencia inicia un ejercicio fallero que moviliza a más de 350 comisiones y decenas de miles de personas. Las Fallas constituyen una de las principales formas de participación asociativa de la ciudad, pero también funcionan como un espejo de su estructura social y urbana.
En la investigación que hemos desarrollado, analizamos de forma longitudinal la evolución de la Sección Especial entre 1981 y 2019. Examinamos la distribución de premios, la localización territorial de las comisiones y su relación con las dinámicas socioeconómicas de los barrios. Los resultados muestran que la jerarquía fallera y la jerarquía urbana han evolucionado de manera paralela durante las últimas cuatro décadas.
Quién gana los premios
Cuando observamos la categoría con mayor presupuesto —la Sección Especial— emerge una pauta clara de concentración. En casi cuarenta años, el primer premio se ha distribuido únicamente entre un número muy reducido de comisiones: Plaza del Pilar, Na Jordana, Convento Jerusalén y, durante un ciclo específico vinculado al boom inmobiliario de los años 2000, Nou Campanar.
Esta concentración no es circunstancial, sino estructural. El sistema de clasificación se basa fundamentalmente en el volumen de inversión económica en el monumento. De este modo, el capital económico opera como mecanismo de acceso a la élite festiva. Además, la continuidad en el éxito competitivo requiere una base asociativa estable, es decir, capital social acumulado a lo largo del tiempo.
Nuestra cartografía de las fallas de Sección Especial a lo largo del periodo estudiado evidencia una concentración territorial significativa. Ciutat Vella, Russafa, Pla del Remei o Campanar —especialmente durante la etapa expansiva vinculada al desarrollo inmobiliario— concentran reiteradamente la presencia en la categoría superior. Por el contrario, los barrios con rentas medias-bajas o periféricos apenas aparecen en estas posiciones.
Las fallas en los barrios con renta media-baja
Esto no implica que estos barrios no tengan fallas. Las tienen, y muchas. La implantación territorial de las comisiones está prácticamente generalizada en toda la ciudad. Lo que varía no es la participación festiva, sino la posibilidad de acceder y mantenerse en el estrato superior del sistema competitivo.
Participar en la Sección Especial exige inversiones que habitualmente superan los 200 000 euros, así como una red asociativa capaz de sostener este esfuerzo en el tiempo. Sin esta base, el ascenso resulta extraordinariamente difícil.
Los datos muestran, además, que los ciclos económicos condicionan la configuración de la élite festiva: durante los periodos de expansión aumenta el número de comisiones en la Sección Especial, mientras que en contextos de crisis se reduce la participación y se refuerza la concentración.
Se configura así lo que podemos denominar un “techo festivo”: un límite estructural que restringe el acceso de los barrios con menor concentración de recursos, no porque no participen en la fiesta, sino porque el sistema de clasificación y premios amplifica desigualdades previas en términos de renta, capital social y localización urbana.
La evolución de Russafa como ejemplo
Algunos territorios permiten observar con especial claridad esta correspondencia entre transformación urbana y jerarquía festiva. Russafa es paradigmático.
Durante los años noventa y dos mil, el barrio experimentó un proceso sostenido de gentrificación y revalorización inmobiliaria. Es en ese mismo periodo cuando varias comisiones del barrio acceden a la Sección Especial y consolidan su presencia competitiva.
La transformación socioeconómica del territorio y el ascenso en la élite festiva se producen de manera simultánea e interdependiente: la mejora del posicionamiento competitivo refuerza la imagen del barrio, mientras que la nueva estructura social aporta los recursos necesarios para sostener la inversión.
La falla de Nou Campanar
En algunos casos, el proceso puede incluso invertirse. No solo la revalorización del barrio impulsa la falla, sino que la proyección de una falla de gran espectacularidad puede formar parte de una estrategia más amplia de construcción simbólica de un nuevo espacio urbano, como ocurrió en la etapa de expansión de Campanar con Nou Campanar.
Estas conclusiones se basan en el análisis de cuarenta años de datos procedentes de publicaciones especializadas, tanto literatura académica como documental, así como de informes socioeconómicos municipales sobre renta y estructura urbana.
La investigación permite afirmar que la Sección Especial no opera como un espacio autónomo respecto a la estructura social, sino como un ámbito profundamente condicionado por la distribución desigual de recursos en la ciudad. En definitiva, las Fallas no solo ocupan el espacio urbano, sino que desde esta perspectiva también lo clasifican; por tanto, la jerarquía de los monumentos refleja y, al mismo tiempo, contribuye a estabilizar simbólicamente las desigualdades existentes.
Pau Díaz Solano, Investigador postdoctoral en Sociología, Universitat de València i Joaquim Rius-Ulldemolins, Sociología de la cultura, Universitat de València
Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Lea el original.








