
En un verano marcado por las olas de calor, con temperaturas que a menudo superan los 40 grados, el Jardín Botánico de la Universitat de València se sitúa como un espacio que destaca por su confort térmico. Así lo indica una investigación reciente del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM). El director del enclave, Jaume Güemes, resalta que reúne las condiciones necesarias para mitigar la sensación de calor extremo de forma sostenible.
El confort térmico ayuda a proteger la salud y se ha convertido en un factor clave para mejorar la habitabilidad de las ciudades. Elementos como la humedad o la cantidad de vegetación se unen a la temperatura del aire y la radiación solar y determinan la sensación de bienestar.
El Botánico de València, con 459 años de historia y más de dos siglos situado en la localización actual, “ofrece una cubierta verde protectora para crear un ambiente mucho más fresco que el del resto de la ciudad”, destaca Jaume Güemes. Alberga más de 4.000 especies de plantas de los cinco continentes. Cuenta con “grandes árboles, una elevada densidad de vegetación y una tapia perimetral que lo aísla del ruido de la calle. También hacemos una gestión del riego que favorece el frescor, los cuadros de plantación presentan una cobertura vegetal muy abundante y la evaporación del agua es pausada, esto fomenta un ambiente agradable para las personas visitantes” añade.
Los árboles son un aliado eficaz para atenuar la sensación de calor en las ciudades. Gracias a la sombra que proyectan y a la transpiración del suelo que favorecen, ayudan a reducir la temperatura del aire y de las superficies circundantes. En este sentido, los espacios más frescos del Jardín se encuentran en los pasillos de la Escuela Botánica. “Ocupa la mitad sur y es el lugar donde se sitúan los árboles más longevos, algunos tienen cerca de 200 años. Los robles, los fresnos, los olmos y las carrascas filtran la luz y generan una sombra muy fresca”, subraya Jaume Güemes.
“Otro lugar muy agradable es el Umbráculo”, recalca Güemes. Se trata de una estructura de 1900 creada en medio del espacio verde que mantiene las plantas sombreadas en verano. “Incluye vegetación con grandes hojas ―como las monsteras, los filodendros o las alpínias― que aportan una frescura intensa. La obra sirve para dar sombra a las plantas, pero también baja la temperatura ambiental, y a este hecho se suma una gran evaporación de agua que pasa al aire a través de las plantas. Todo ello contribuye también a enfriar”, concluye.








