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Personatges i espais de ciència: Rafael Vilar Fiol

Personatges i espais de ciència: Rafael Vilar Fiol

Rafael Vilar Fiol

Conviene decirlo de entrada: Rafael Vilar Fiol (1885-1971) es a estas alturas un personaje bastante desconocido, en buena medida como consecuencia del exilio en Francia a raíz de la Guerra Civil. A partir de 1939 su vida transcurrió en París, ciudad donde murió sin haber visto el final de la dictadura del general Franco. Ciertamente, ya octogenario volvió ocasionalmente, pero el destino no fue Valencia, sino Madrid. Los datos que hemos podido reunir reflejan todavía una figura parcial y fragmentaria, ubicada en escenarios inconexos y sucesivos, que incluyen actividades, instituciones y localizaciones muy diversas.


Es, además, un personaje difícil de incluir en una clasificación estándar. De hecho, no es fácil saber qué fue la faceta principal en su dilatada trayectoria científica y profesional. Desde una visión miope, sería tentador –además de empobrecedor– reducir su biografía a alguna de las disciplinas o especialidades que cultivó a lo largo de los años: odontología, otorrinolaringología, estomatología o, ya jubilado, anatomía comparada y filogenética. No obstante, sí podemos afirmar que sus intereses científicos giraron alrededor del aparato bucodental y por extensión de todo el territorio oronasofaringio. Se interesó tanto por las vertientes morfológicas y fisiológicas como por las patológicas, diagnósticas y terapéuticas, incluyendo las quirúrgicas y farmacológicas.


En esta línea, habría que destacar las aportaciones al conocimiento anatómico de los senos nasales y paranasales y, en concreto, a la configuración evolutiva del hueso etmoide y su significación en la verticalización del cráneo en la especie humana. Aun así, no podemos olvidar que, como profesional, Vilar Fiol fue un médico que tenía consulta abierta al público, según consta en los anuarios del Boletín de la Unión Sanitaria Valenciana (1920-1936). Desde el 1922 al 1936 Vilar Fiol ejerció como odontólogo y otorrinolaringólogo sucesivamente en las calles Drets, Pintor Sorolla, Gobernador Vell y Ambaixador Vic, de la ciudad de Valencia. Más adelante, veremos que en París, ejerció como otorrinolaringólogo, primero en el Instituto Prophylactique del Instituto Pasteur (1940-1947) y después en el Dispensario Cervantes de la Cruz Roja Republicana Española (1948-1954).


Nacido en Gilet (el Camp de Morvedre) en 1885, Rafael Vilar Fiol obtuvo en julio del 1906, muy joven por lo tanto, el título de licenciado en Ciencias (sección de Químicas) por la Universitat de València. Tres años más tarde, el diario Las Provincias se congratulaba porque había logrado el grado de doctor. En paralelo, siendo todavía estudiante de ciencias, había iniciado en 1903 la carrera de Medicina, estudios que abandonó temporalmente el 1910 cuando ya tenía aprobados los tres primeros cursos. Entonces, Vilar Fiol decidió trasladarse a Madrid, quizás influido por su padre –Antonio Vilar Ridaura, un acreditado cirujano y dentista de origen alcoyano. En la Escuela de Odontología madrileña aprobó Odontología y Prótesis dentaria, dos asignaturas que, junto con los tres primeros cursos de medicina superados, le permitieron obtener el título de odontólogo el 1911. Con estas credenciales se trasladó a París y a Berlín, donde profundizó en el estudio de las infecciones bucales –especialmente la piorrea alveolar– bajo la dirección de los mejores especialistas de la época. En París se formó con el prestigioso dentista de origen cubano Óscar Amoedo (1863-1945), que era profesor de la École Odontotechnique y experto en odontología legal. 


El año 1924 expuso su casuística, acumulada durante más de diez años de ejercicio profesional, en el Congreso Nacional de Odontología, celebrado en Sevilla. Entonces retomó los estudios de medicina en Valencia y obtuvo el título de licenciado en mayo del 1927. Por julio del año siguiente logró el grado de doctor en Medicina en Madrid con una tesis sobre las infecciones bucales, que recogía su experiencia como odontólogo. En aquella época asistía a los congresos internacionales, tanto a los de odontología y estomatología como a los de otorrinolaringología, preferiblemente del área francófona. De hecho, el francés era la lengua vehicular de sus trabajos científicos, a pesar de que también publicaba en castellano y, en algún caso, en alemán. 


En Valencia, Rafael Vilar Fiol mantuvo una estrecha relación con la Instituto Médico Valenciano (IMV), la decana de las asociaciones médicas de la ciudad. Así, en febrero de 1927 –antes, por lo tanto, de concluir los estudios de medicina– impartió una conferencia sobre el cáncer de boca. La prensa de la época se refería a él como «el eminente y doctor odontólogo Rafael Vilar Fiol», a pesar de no haber acabado la carrera. Y tenía razón la prensa, porque era doctor en Ciencias. 


El año siguiente, 1928, fue premiado por el IMV con el título de socio honorario por su trabajo «Seno maxilar en relación al sigmoides y al seno frontal», un trabajo que sería traducido al francés enseguida. Vilar Fiol describía por primera vez un conducto que comunica el seno maxilar con los senos etmoidal y frontal. Este conducto se conoce internacionalmente desde entonces como fosseta de Vilar Fiol, uno de los pocos epónimos anatómicos españoles del siglo XX. El 1929 volvió a colaborar con el IMV, pero esta vez compartiendo estrado con Fernando Rodríguez Fornos (1883-1951), catedrático de Patología médica de la Universitat de València. La coautoría de la conferencia no fue en balde, dado que el tema giró alrededor de la relación entre las infecciones bucales y la medicina interna. En esta ocasión, Vilar Fiol presentó la nueva técnica para el tratamiento de las infecciones bucales que preconizaba su colega y amigo Alexandre Besredka (1870-1940), reconocido inmunólogo del Instituto Pasteur de París. Hay que destacar que Alexander Fleming (1881-1955) estaba fuertemente interesado por los estudios bacteriológicos de Besredka relativos a los entonces denominados “antivirus”, esto es, cultivos de bacterias capaces de producir una inmunidad local.


El 1927 Vilar Fiol empezó su carrera académica como profesor ayudante de la asignatura «Técnica anatómica» en la Facultad de Medicina de Valencia. La promulgación de la Ley Callejo, que permitía la dotación de nuevas cátedras médicas, le brindó la oportunidad de ocupar una plaza de profesor de Odontología y de plantear la posibilidad de fundar, en Valencia, una escuela de odontología en el seno de la Facultad de Medicina.


Con el advenimiento de la República en abril de 1931, Vilar Fiol encabezó el proyecto de fundar una escuela de odontología en Valencia, iniciativa que partía en realidad del alumnado de la Facultad de Medicina organizado alrededor de la Asociación Profesional de Estudiantes de Odontología de Valencia. Esta asociación estaba integrada en la Federación Universitaria Escolar y estaba presidida por el alumno Cayo de Basterra.


Entonces el único centro competente en todo el Estado para conceder el título de odontólogo era la Escuela de Odontología de Madrid, cosa que obligaba a un gran número de estudiantes valencianos a desplazarse. Esta idea tenía el apoyo decidido de la Universitat, la Diputación y el Ayuntamiento de Valencia, que aportaban recursos de todo tipo, humanos y materiales. Incluso, la prensa conservadora de Valencia aplaudió la iniciativa de Vilar Fiol. Por último, en abril de 1932, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes dictó una resolución contraria a la propuesta, y el proyecto fue desterrado de manera irrevocable. En la resolución ministerial pesó la presión de la escuela madrileña, que no tenía ningún interés en perder alumnos, pero también la de los colegios de odontólogos, tanto el de Madrid como el de Valencia, que temían un incremento desmesurado del número de profesionales. Si se hubiera aprobado, la escuela valenciana habría dispuesto de unos locales, anexos al Hospital Provincial y a la Facultad de Medicina, con entrada propia por la calle de Quevedo, en las inmediaciones de la calle de Guillem de Castro.


Abandonado definitivamente el proyecto de escuela de odontología, Vilar Fiol apostó por otras vías de actuación en la esfera pública. Por un lado, entró en política, una actividad que, para él, estuvo siempre ligada al ámbito de la sanidad; y, por otra, optó por opositar y conseguir un puesto de trabajo oficial. En efecto, en marzo de 1933 ganaba la plaza de otorrinolaringólogo en el Sanatorio de Fontilles (la Marina Alta), un centro especializado en la lucha contra la lepra. Y, al estallar la guerra, adquirió un papel importante en la gestión de la sanidad valenciana; en concreto, ocupó el cargo de secretario general del revolucionario Comité Sanitario Popular, lo cual no le impidió que, en octubre de 1936, fuera nombrado director del mencionado sanatorio. 


En cuanto a su actividad política y sindical, el 1932 Vilar Fiol fue elegido vocal de la Federación Valenciana Socialista. También durante los años de la República fundó e impulsó el Sindicato Médico de la UGT en Valencia y provincia, en que ocupó diferentes cargos: secretario y presidente provincial y delegado en el Comité Nacional. Hay que recordar que el Sindicato Médico de la UGT había sido fundado por el salubrista Marcelino Pascua (1897-1977), figura de reconocido prestigio internacional y primer director general de Sanidad de la República. Durante esta etapa Vilar Fiol participó activamente en el debate alrededor del seguro social de enfermedad y maternidad, actuando como intermediario entre el Sindicato Médico y los responsables sanitarios del Gobierno. No obstante, sus inquietudes políticas lo llevaron a participar, a veces, en debates de cariz divulgativo, y así encontramos su nombre entre los conferenciantes de las jornadas organizadas el 1932 por el Ateneo de Burjassot con el título Ciencia y política. Todo ello explica que, al final de la guerra, Vilar Fiol se viera obligado a exiliarse, y que, en aquellas circunstancias, Francia fuera el destino preferente.


No hemos encontrado ningún indicio sobre el camino que siguió Vilar Fiol para pasar en Francia a raíz de la derrota republicana de 1939. Quizás, como tantos valencianos, se fue primero a Argel y desde allí llegó a la Francia metropolitana; o quizás conoció la amarga experiencia de los campos de concentración. Sabemos, pero, que en septiembre de aquel mismo año –el año de las catástrofes, como se lo ha denominado muy acertadamente– trabajaba ya en el sanatorio antituberculoso de Dreux, localidad próxima en París situada entre Normandía y la Isla de Francia, y que poco después se incorporó al equipo facultativo del Instituto Prophylactique del Instituto Pasteur, situado en el número 36 de la rue de Assas, donde trabajaría como otorrinolaringólogo hasta 1947. Los informes de los espías franquistas dicen que lo consiguió gracias a sus vinculaciones con la masonería, a pesar de que apuntan a que él no era masón. No mencionan, aun así, que como científico había mantenido unas relaciones estrechadas con sus colegas franceses, entre ellos Alexandre Besredka, jefe de servicio del Instituto Prophylactique, quien desde 1933 se había distinguido por acoger numerosos científicos alemanes de origen judío que huían de las leyes antisemitas implantadas por Hitler y sus partidarios a los países centroeuropeos.


En París, Vilar Fiol publicó un libro, titulado L’homme et le milieu social (Alcan, 1940), la redacción del cual había empezado en Valencia. Lo acabó justo unas semanas antes del estallido de la II Guerra Mundial, una guerra –según él– entre la civilización y la barbarie. Prohibido durante la ocupación nazi, el libro fue severamente criticado al poco de la liberación de Francia en La Pensée, la prestigiosa revista francesa afín al “racionalismo moderno”. Desde posiciones marxistas, Jean Kanapa (1921-1976) lo atacó de manera implacable porque lo consideraba, además de pretencioso, una aproximación falta de “método sociológico” y sobrada de afán moralizador.


El 1947, al constituirse la Casa Regional Valenciana en París, Vilar Fiol fue nombrado miembro del primer consejo directivo. La Casa era una entidad moderadamente valencianista presidida por Josep Castanyer i Fons (1900-1951), que surgió en el marco del exilio republicano. Fue encomendada en Vilar Fiol la Vocalía de Asistencia Social, probablemente en reconocimiento a su dedicación médica a los refugiados españoles en el Instituto Prophylactique del Instituto Pasteur bajo el amparo de la Cruz Roja. En efecto, Vilar Fiol había sido nombrado “delegado sanitario”, para París, del Comité Central de la Cruz Roja de la República Española, que se había (re)constituido en Toulouse la primavera de 1945 bajo la presidencia de Josep Martí Feced (1890-1963), antiguo dirigente de la Cruz Roja en Cataluña.


Significativamente, al principio la delegación en París de la Cruz Roja tenía la sede en el mencionado Instituto Prophylactique y, en concreto, en los locales del Servicio de Otorrinolaringología donde trabajaba Vilar Fiol. Con el consentimiento del Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC) en la distancia y el amparo directo de la Cruz Roja Francesa, la Cruz Roja de la República Española, como ha estudiado Alicia Alted, creó una red de dispensarios, situados en varias ciudades francesas, para prestar asistencia sanitaria y social a los miles de refugiados españoles. Mientras tanto, el régimen militar de Franco conseguía mantenerse en el poder gracias al apoyo del Reino Unido y de los Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría. En los dispensarios de la Cruz Roja trabajaban médicos, dentistas, enfermeras y practicantes españoles, también exiliados como sus pacientes, con el beneplácito del Gobierno francés. La Ley Billoux, de 1945, permitía a los sanitarios extranjeros asistir a sus compatriotas en centros que proporcionaban ayuda humanitaria, lo cual implicaba, a pesar de los límites marcados, un reconocimiento implícito de sus títulos académicos y profesionales. Así nació también el Hospital Varsovia de Toulouse, un centro asistencial que hoy recibe el nombre de Hôpital Joseph Ducuing. La Cruz Roja Republicana Española arraigó en las poblaciones donde había colonias de refugiados españoles. Muy debilitada después de la muerte de Franco por el regreso de los exiliados y la carencia de recursos, se extinguió definitivamente en 1986 con la entrada de España en la Unión Europea.


Desde un punto de vista científico, el capítulo más interesante de la biografía de Vilar Fiol es sin duda el formado por sus estudios sobre la configuración de los senos nasales y paranasales y, más exactamente, el proceso de neumatización creciente que experimentan estas estructuras en el proceso evolutivo de los mamíferos superiores. El descubrimiento del conducto que comunica los senos maxilares con los frontales a través del etmoide se remonta a 1928, como hemos visto más arriba. No se trataba de una simple curiosidad anatómica, puesto que este hallazgo tendría importantes repercusiones para entender la patogenia de las sinusitis y adoptar estrategias terapéuticas más eficaces. Jean Terracol (1883-1972), catedrático de otorrinolaringología de la Universidad de Montpellier, lo advirtió a principios de los años treinta y atribuyó en Vilar Fiol el descubrimiento de la mencionada fosseta nasal. Años después, el 1965, Terracol reconocería la deuda que había contraído con Vilar Fiol y compartió la autoría de la monografía titulada Anatomie des fosses nasales et des cavités annexes, que recibió el año siguiente el Prix Orfila de l’Académie Nationale de Médecine de París. 


En la década de los años cincuenta, poco más o menos coincidiendo con su jubilación, Vilar Fiol se adscribió como investigador voluntario al Muséum National de Histoire Naturelle de París, en concreto al Laboratorio de Anatomía Comparada que dirigía Jean Anthony (1915-2004). Esta vinculación le permitió proseguir a lo largo de casi dos décadas sus estudios sobre los senos nasales y paranasales y estudiar, en especial, la anatomía comparada del hueso etmoide. Le interesaba el papel de la neumatización del cráneo en la verticalización de los mamíferos superiores, uno de los capítulos más apasionantes de la evolución y, en particular, en el proceso de hominización, una línea de investigación que Vilar Fiol había iniciado en Valencia y que ahora, en París, afloraría de nuevo. Contribuía de rebote, seguramente sin pretenderlo, a confirmar la existencia de una tradición valenciana de científicos defensores del pensamiento evolucionista en biología, como por ejemplo el catedrático de Anatomía Pelegrí Casanova Ciurana (1849-1919) y los estudiantes que se agruparon en la Academia Médico-Escolar que organizaron en 1909 el homenaje a Charles Darwin.


En diciembre del año 1969, con más de ochenta años, Vilar Fiol entró en contacto con el Departamento de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, invitado por el director, Bermudo Meléndez (1912-1999). Pocos meses después, el día 9 de abril de 1970, participó en uno de los Coloquios de Paleontología, las actas de los cuales solían publicarse posteriormente en la revista CO-PAL. Su intervención versó sobre la neumatización craneal como clave en el proceso de verticalización en la evolución de los mamíferos. Muy probablemente fue su última aparición pública, porque un año después ya había muerto. 


Como hemos dicho al inicio, Vilar Fiol había nacido el año 1885 en Gilet (el Camp de Morvedre). No obstante, ninguna calle de su pueblo, ni de la ciudad de Valencia, lleva su nombre. No hay ningún rastro, en la memoria colectiva, de un personaje que intentó fundar una escuela de estomatología en Valencia durante la República, que dirigió el Sanatorio de Fontilles durante la Guerra Civil, que trabajó como otorrinolaringólogo en el Instituto Pasteur de París bajo el yugo nazi, que reorganizó la Cruz Roja Republicana después de la Liberación de Francia y que, ya jubilado, colaboró como investigador voluntario con las tareas del Muséum National de Histoire Naturelle de París. Su invisibilidad es tal que, a pesar de la investigación biográfica realizada, tan sólo se ha podido encontrar un retrato suyo con unas condiciones de calidad ínfimas. El 2021 se cumplirán cincuenta años de su muerte. Sería un buen momento para analizar históricamente la poliédrica figura de Vilar Fiol en toda su complejidad, liberándola del olvido y la desmemoria.

 

Àlvar Martínez Vidal (Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero / Universitat de València)

Xavier Garcia Ferrandis (Universidad Católica de Valencia)

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